LXXXVI
—¿Quién es Paul Manafort?
Tomás formuló la pregunta bruscamente, casi como si se le acabara de ocurrir. Fue tan inesperado que desconcertó a Kurt Weilmann.
—¿Manafort?
—Sí, Paul Manafort. ¿Quién es?
El hombre de la DARPA esbozó un gesto de incomprensión.
—¿Por qué demonios quieres saberlo?
—Enseguida lo vas a entender —prometió el historiador—. Por ahora, responde a mis preguntas, por favor. ¿Quién es Paul Manafort?
—Era el jefe de campaña de Donald Trump. ¿Por qué?
—¿Tenía alguna relación con Rusia?
Weilmann estaba estupefacto.
—Pero...
—Responde, por favor. Es importante. ¿Manafort tenía alguna relación con Rusia?
Tomás lo miraba con semblante serio y firme, lo que llevó al estadounidense a cooperar.
—Sí, claro. Primero lo contrató un oligarca ruso y después trabajó durante más de una década con Viktor Yanukóvich, el oligarca ucraniano prorruso que Manafort logró que eligieran para presidente en Ucrania.
La revolución popular contra Yanukóvich desencadenó la guerra de Rusia contra Ucrania.
Como Yanukóvich recibía órdenes del Kremlin y Manafort trabajaba para Yanukóvich y para Konstantin Kilimnik, sospechoso de ser un oficial de los servicios de información rusos, eso significa que Manafort, el hombre que gestionó la primera campaña de Trump, estuvo asociado a personas presuntamente relacionadas con el espionaje ruso y desplegó operaciones de influencia a favor de intereses rusos.
Manafort acabó siendo detenido por el FBI y fue condenado por blanqueo de capitales, fraude fiscal, lobby extranjero ilegal y por mentir sobre contactos con un ruso durante la campaña electoral en Estados Unidos.
Tomás consultó el bloc de notas.
—¿Y quién es George Papadopoulos?
—Fue el asesor de política exterior de Donald Trump.
—¿Alguna relación con Rusia?
Weilmann asintió con la cabeza, atando cabos entre las dos preguntas.
—Casualmente sí. Papadopoulos mantuvo contactos con los rusos, intentó concertar un encuentro entre Donald Trump y Vladímir Putin, fue de los primeros en señalar que Moscú tenía información sobre Hillary Clinton, y...
acabó detenido por el FBI por ocultar hechos en el marco de la investigación sobre la interferencia rusa en la campaña electoral.
Otro vistazo al bloc de notas.
—¿El general Michael Flynn?
—Asesor de Seguridad Nacional de Donald Trump.
Parece que incluso llegó a ser considerado para la vicepresidencia.
Si quieres saber si tenía vínculos con Rusia, te lo adelanto: sí.
El general Flynn mantenía contactos con el embajador ruso en Washington, recibió dinero de una entidad vinculada al Kremlin, el canal de propaganda Russia Today, cenó en Moscú con Vladímir Putin y, cuando era director de la DIA, la agencia estadounidense de inteligencia militar, visitó la sede del GRU en Moscú para dar una conferencia sobre liderazgo y servicios de información.
No sé si lo sabías, pero el GRU, rival del FSB, es la agencia rusa de inteligencia militar.
Por la forma en que el portugués lo miró, era evidente que estaba al tanto.
—¿Es normal que inviten al director de la agencia estadounidense de inteligencia militar a visitar la sede del GRU?
—En absoluto —garantizó Weilmann—. Es más, esa visita levantó muchas sospechas de que los rusos lo utilizaban; nadie se cree que el GRU tenga que aprender con Flynn sobre temas de liderazgo y servicios de información.
Lo más interesante es que Flynn repitió como una cacatúa la propaganda rusa, incluso hizo declaraciones alineadas con las campañas rusas de desinformación, en concreto sobre la OTAN y Ucrania.
El FBI empezó a investigarlo por su relación extraña con Rusia y, en particular, por sus contactos con el embajador ruso en Washington.
Flynn discutió con el embajador el tema de las sanciones y después intentó ocultarlo.
Donald Trump quiso frenar las investigaciones, pero el FBI se negó y el presidente despidió al director del FBI.
—¿Es normal que el presidente de Estados Unidos despida al director del FBI por culpa de una investigación relacionada con actividades sospechosas por parte de Rusia?
—Muy raro. Es más, puede interpretarse como un caso de obstrucción a la justicia. Nadie entiende por qué razón Trump defendió tanto al general Flynn, hasta el punto de llegar a protegerlo despidiendo al director del FBI.
Tomás volvió a echar un vistazo a su bloc de notas.
—¿Rex Tillerson?
—Secretario de Estado de Donald Trump. Y sí, también tenía relación con Rusia. Tillerson era amigo de Vladímir Putin, llegó a ser condecorado por el presidente ruso y, fíjate, se opuso a las sanciones.
Otra mirada a los apuntes.
—¿Michael Cohen?
—Abogado personal de Donald Trump. Se sospecha que tenía contactos con funcionarios rusos y recibió dinero de una empresa relacionada con Rusia.
Estuvo involucrado en un plan para levantar las sanciones, lo que llamó la atención del FBI.
Lo detuvieron por presentar declaraciones falsas ante el Congreso.
Tomás volvió a su bloc.
—¿Wilbur Ross?
—Ross fue secretario de Comercio de Donald Trump.
Tenía relaciones con rusos asociados a Vladímir Putin, incluyendo al oligarca Dimitri Rybolóvlev, que adquirió una mansión a Donald Trump a un precio curiosamente elevado.
A pesar de ser secretario de Comercio, tenía intereses en una empresa de navegación del círculo próximo a Putin y en un banco chipriota del que era el mayor accionista, en el que figuraba otro antiguo colega de Putin de la KGB.
Otra consulta.
—¿Carter Page?
—Consejero de política exterior de la campaña de Trump.
Hizo varios viajes a Moscú, tenía una visión prorrusa y era un entusiasta de Putin.
Page creía que Estados Unidos no debía fomentar ciertas democracias y criticó las sanciones contra Rusia.
El FBI escribió que «había colaborado y conspirado con el Gobierno ruso», y concluyó que Page estaba en el radar de los servicios de información rusos y que podría haber sido una fuente de información, voluntaria o involuntaria.
Otro vistazo al bloc de notas.
—¿Jared Kushner?
—El yerno de Donald Trump y marido de Ivanka.
Junto con el general Flynn, mantuvo encuentros con el embajador ruso en Washington; tras la intercepción de las comunicaciones con el embajador, propuso establecer un canal secreto y seguro de comunicación con el Kremlin, un canal al que los servicios de inteligencia estadounidenses no pudieran acceder.
—¿El yerno del presidente no quería que la CIA, el FBI y la NSA escucharan las conversaciones de Trump con Putin, pero aceptaba que el FSB o el GRU las escucharan? Eso es..., ¿cómo decirlo?... ¿Sospechoso?
—A mí me parece muy sospechoso.
Una consulta más a sus notas.
—¿Jeff Sessions?
—Fiscal general nombrado por Trump. Se descubrió que tenía contactos con los rusos, entre ellos el embajador ruso en Washington y...
—Weilmann se detuvo—. Oye, man , ¿vamos a repasar todos los nombres de las personas relacionadas con Trump y con asociaciones extrañas a Rusia? Si es así, no acabamos.
—¿Quieres parar?
—Sí —respondió Weilmann—. Como puedes calcular, no me apetece nada estar aquí citando toda la lista de personas asociadas a Donald Trump.
—No es solo que estén asociadas a él, algo que ya de por sí es interesante —puntualizó Tomás—. Es el hecho de que todos ellos también tienen relaciones extrañas con Rusia y Vladímir Putin. ¿No te parece curioso?
Durante un buen rato, el responsable de la DARPA sostuvo la mirada del historiador, intentando descubrir a dónde quería llegar.
—¿Insinúas que el presidente Trump estaba rodeado de agentes al servicio de Rusia?
Weilmann se recolocó en la silla, incómodo.
—El asesor de Seguridad Nacional, el secretario de Estado, el secretario de Comercio, los consejeros de política exterior, el yerno, el abogado personal, el jefe de campaña, el fiscal general... Son muchas personas, man . ¿Sugieres que todos estaban bajo órdenes de Vladímir Putin?
Tomás aguantó la mirada de su amigo como si fuera un duelo.
—¿Y Trump?
El estadounidense pestañeó; no le había entendido.
—¿Trump qué?
—¿No lo incluyeron en ese lote?
La pregunta remitía a una realidad totalmente inconcebible, por lo que Weilmann tardó unos instantes en procesarla.
— Fuck,man! ¿Qué insinúas?
—No insinúo nada, Kurt. Solo pregunto si no se debería haber incluido a Donald Trump en el lote que acabas de describir.
Cuando el hombre de la DARPA fue consciente de lo que su interlocutor le estaba preguntando, algo que, inicialmente, él no había entendido —o no había querido entender— abrió los ojos como platos, horrorizado.
—El presidente de Estados Unidos..., ¿un agente ruso?
Lo indecible estaba dicho.