LXXI
Llevaba ya varios días preocupado por su cuñada.
La había llamado tres veces para saber cómo estaba y qué había pasado con la conversación con el hombre que encontraron en la manifestación de madres en Baton Rouge, pero Clarence no había devuelto las llamadas.
Por eso aquel día decidió pasarse por su casa.
Llamó a la puerta. Instantes después oyó pasos.
—Ah, Leroy, eres tú —dijo al abrir, haciéndose a un lado para dejarle pasar—. Entra, entra. Estoy haciendo la comida.
Su cuñado entró; la casa olía a fritura.
—Te he llamado varias veces y no me has contestado.
—Tengo el móvil estropeado —respondió Clarence, conduciéndolo a la cocina—. Desde que la compañía de teléfonos contrató a un grupo de canos , mi smartphone da problemas. Probablemente voy a tener que cambiar de compañía.
Los canos eran los mexicanos.
—Estaba preocupado —dijo Leroy—. ¿Qué pasó con el tipo de la manifestación con el que hablaste? ¿Todo bien?
—No, no está todo bien —contestó ella, dándole la vuelta a las hamburguesas en la freidora—. Pero lo estará.
—¿Lo estará?
—No puedo hablar del tema, lo siento.
Miró las patatas que se estaban friendo al lado.
—¿Quieres comer?
—No, gracias. Tengo cosas que hacer. Solo he venido a ver si estabas bien. Me preocupó que no cogieras el teléfono...
Ella sacó las patatas de la freidora eléctrica y escurrió el aceite en el fregadero.
—¿Vas a ir a D. C.?
—¿A qué?
—A ayudar al presidente. ¿No has visto el tuit que nos acaba de mandar?
—Eh..., no. ¿Qué dice?
—Léelo.
Leroy cogió el smartphone y entró en su cuenta de Twitter, que no había consultado en media hora porque había ido a casa de su cuñada y evitaba mirar las redes sociales mientras conducía. Efectivamente, había un tuit del presidente.
Hizo clic y leyó el mensaje:
Es estadísticamente imposible que hayamos perdido las elecciones. Gran protesta en D. C. el 6 de enero. ¡Id allí, será salvaje!
—¡Caramba! —exclamó Leroy—. ¡Tenemos que ir! ¿Tú vas?
—No puedo, estoy ocupada con lo de Tim. Tengo que salvar a mi hijo. Pero irá mucha gente. ¿Has visto ya el mensaje de los Three Percenters?
—No.
Los Three Percenters, una organización paramilitar pro-Trump vinculada a la congresista pro-QAnon Marjorie Taylor Greene, afirmaban que solo el tres por ciento de los estadounidenses había luchado contra la colonización británica y que ese porcentaje estaba dispuesto a morir por la patria.
—Entra en Facebook y mira.
Leroy obedeció y abrió su página en Facebook. Había un comunicado del Consejo Nacional de la milicia Three Percenters.
Hizo clic en el enlace.
Estamos preparados para responder al llamamiento de nuestro presidente en caso de que Nosotros, el Pueblo, seamos necesarios para salvar a nuestro país del Mal puro que conspira para robarle nuestra nación al pueblo.
Estamos listos para entrar en la batalla.
No actuaremos sin que nos den órdenes. Actuaremos como un cuerpo unido de patriotas.
Si la ley marcial y los tribunales militares fallan, tendremos que decretar la secesión de la Unión para formar una Unión más perfecta.
Leroy alzó la vista del móvil y miró a su cuñada.
—¡Joder! —exclamó—. ¿Hasta hablan de secesión? Esto va en serio, ¿eh?
—¿Viste el anuncio que los de la Convención We the People pusieron en The Washington Post ?
—Lo vi en Facebook.
Se instaba al presidente a proclamar la ley marcial y a poner a los militares al frente de nuevas elecciones en los Estados donde Trump había perdido por un margen estrecho.
—¿Y Wood? ¿Leíste lo que escribió en las redes sociales?
Lin Wood era un abogado que a veces trabajaba con los juristas de Trump; denunciaba que había habido fraude en las elecciones y que estaba implicado en varios procesos legales.
Según él, el presidente había ganado la votación con una ventaja del setenta por ciento y le estaban robando esa victoria rotunda.
—No. ¿Qué ha dicho?
—Que el país camina hacia la guerra civil y que el presidente tiene que seguir el precedente establecido por Abraham Lincoln y decretar la ley marcial —respondió Clarence—. Flynn también ha propuesto la suspensión de la Constitución y la proclamación de la ley marcial.
Michael Flynn era el antiguo asesor de Seguridad Nacional de Donald Trump.
— Fuck! Esto se calienta...
—Los Proud Boys, los Oath Keepers y los Three Percenters se preparan para responder al llamamiento del presidente y dirigirse a Washington —le contó—. Hay grupos que ya están haciendo simulacros de guerra.
Los acontecimientos parecían precipitarse.
—¿De verdad crees que van a provocar una guerra civil?
—El Estado Profundo nos ha robado estas elecciones, Leroy —respondió su cuñada—.
El pueblo no va a quedarse de brazos cruzados.
Nadie acepta el regreso a la impunidad de las redes pederastas de Hillary, Biden y las élites satánicas.
Es impensable. Tenemos que plantar cara al Estado Profundo.
Incluso esta mañana estaba viendo en la...
Con un movimiento repentino, Leroy se dirigió a la puerta con pasos rápidos y decididos.
—Adiós.
—¿A dónde vas?
Abrió la puerta, pero antes de cruzarla se volvió hacia ella como si le diera una última oportunidad.
—Voy a buscar las armas y a luchar por la libertad, por nuestro país y por nuestros hijos —declaró—. ¿Seguro que no vienes? El presidente ha dicho que va a ser salvaje...
—Tengo que resolver lo de Tim, ya te lo he dicho —respondió Clarence—. No puedo permitir que Bob lo venda a los pederastas. Ahora mismo es mi prioridad.
Su postura era comprensible y Leroy no insistió.
Sin pronunciar palabra, cruzó la puerta y salió a la calle con la mirada determinada de quien se dispone a entrar en el campo de batalla.
Era un soldado de la luz e iba a combatir las tinieblas.
Confiaba en Trump, en Q y en el Plan. Él era la Tempestad.