El protocolo del caos LIII
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LIII

Estaba atónito ante todo lo que las élites estaban haciendo contra el pueblo.

Hussein, ese gusano insidioso que se presentaba en público con el nombre de Barack Obama, no era sino un musulmán nacido en Kenia que se había infiltrado en Estados Unidos para acabar con el cristianismo y transformar el país en una república islámica en la que se impondría la sharía.

¡Ah, ese cabrón de Hussein a él no lo engañaba!

Aunque sí había embaucado a muchos tontos.

Es más, había indicios —como se decía en los grupos de Facebook que frecuentaba— de que su mujer, Michelle Obama, en realidad era un travesti.

¡Cómo era posible que esa gente fuera tan falsa!

Por su parte, Hillary Clinton, esa zorra sanguinaria, participaba en ceremonias satánicas que culminaban con la extracción de la sangre de niños que ella misma asesinaba para obtener una droga superpoderosa llamada «adrenocromo».

Se trataba de un compuesto químico resultante de la oxidación de la adrenalina, valioso por conferir vida eterna a quien lo consumiera.

Se decía que era más eficaz cuando se extraía de niños sacrificados en estado de puro terror.

Entre los anons también circulaba el rumor de que Hillary había asesinado a una niña delante de las cámaras y le había arrancado la cara para usarla como mascarilla.

Al parecer, los agentes de la NYPD tras ver el vídeo quedaron tan traumatizados que se suicidaron de inmediato.

¡Qué tragedia no haber podido salvar a esos pobres inocentes de las garras de las élites cuando viajó a Washington a rescatarlos! Todavía se culpaba de su fracaso.

Otra información que circulaba en las redes aseguraba que el Estado Profundo vertía químicos en los depósitos de agua para transformar a los estadounidenses en homosexuales.

Eso era terrorífico. Es más, el propio Robert F.

Kennedy Jr., un extremista, había metido la pata al declarar en público que los contaminantes químicos estaban afeminando a los chicos y masculinizando a las chicas, convirtiendo a todos en homosexuales.

¡Si hasta lo había dicho un progresista!

Y no fue en las redes sociales, sino en los medios de comunicación tradicionales.

¿Qué más pruebas hacían falta? Nada más enterarse, Leroy abrió un pozo en el patio de su casa y obligaba a sus hijos a beber agua de allí.

Pero... ¿qué iba a pasar con los que vivían en las ciudades y tenían que consumir el agua de la red? ¿Qué harían ellos?

¡América corría un gran peligro! ¿Y quién financiaba esa perversión digna de Sodoma y Gomorra?

George Soros, esa sanguijuela judía que, como los que entregaron a Jesús a los romanos, o como los conspiradores del cementerio de Praga con su protocolo diabólico para fomentar la globalización y controlar el mundo, se había aliado con los Rothschild, otros multimillonarios judíos, para someter a Estados Unidos y sustituir a sus ciudadanos por inmigrantes, sodomitas y feminazis.

Aquella enorme conspiración se estaba cargando el país.

Gracias a Dios existía internet. Alabado sea el Señor por las redes sociales.

Sí, gracias a Dios existían 4chan, 8chan, Reddit, YouTube, Facebook y Twitter.

Sin las redes, nada de esto se sabría. Los medios tradicionales se encargarían de silenciarlo.

La verdad quedaría oculta y el bien no podría movilizarse contra el mal.

Pero, por suerte, Dios lo había previsto todo y por gracia divina habían surgido las redes sociales para revelar la verdad, sin filtros ni censuras.

Los estadounidenses dejarían de ser corderos controlados por las fuerzas del mal; no serían sacrificados en el altar de lo políticamente correcto que lo silenciaba todo.

El despertar de Estados Unidos estaba en marcha.

Los hijos de la luz triunfarían.

Pulsó un botón del teclado y en la pantalla del ordenador apareció el mensaje de Q que llevaba días atormentándolo:

Van a detener a Hillary Clinton entre las 07:45 y las 08:30 horas Este, el lunes — la mañana del 30 de octubre.

El problema era que el 30 de octubre no había sucedido nada.

¿Y si eso significaba que, al final, los drops eran falsos?

Había barajado esa posibilidad algunas veces, pero después otros anons le habían mostrado imágenes en las que, efectivamente, parecía que Hillary estaba esposada.

Por lo tanto, habían detenido a la bruja pederasta.

Pero, entonces, ¿por qué no se había hecho ninguna alusión a su detención?

Otro anon le había dado la respuesta lógica: porque formaba parte del Plan.

¡Ah, el Plan!

En sus drops , Q mencionaba el Plan numerosas veces.

Se trataba de una operación secreta organizada por el presidente Trump —que Dios lo proteja— para desmantelar el Estado Profundo, limpiar el pantano corrupto de Washington, detener a los criminales, ejecutar a los traidores y salvar a Estados Unidos de las élites progresistas y sus protegidos: hordas de inmigrantes violadores, maricones y feminazis.

Los drops estaban llenos de crumbs , «migas», la palabra que Q usaba para señalar las pistas que iba dejando y que los anons tenían que descifrar si realmente querían saber lo que sucedía en secreto entre bastidores.

Cada crumb por separado valía poco, como un puzle que solo revela lo que se oculta cuando se juntan todas las piezas.

Todos juntos conducían a la verdad y los mensajes de Q formaban parte del Plan.

Muchas cosas pasaban en la sombra. Unas, en silencio, lejos de las miradas del público; otras eran pistas falsas, concebidas y difundidas en las redes sociales para engañar al Estado Profundo.

Era importante recordar que, en el drop número ciento veintiocho, Q había advertido de que «la desinformación era necesaria».

Es decir, no todos los crumbs eran ciertos, pero la desinformación formaba parte del Plan, cuyo objetivo final era la limpieza del pantano, el desmantelamiento del Estado Profundo y el triunfo de la luz sobre las tinieblas.

Todo era confidencial. En el drop número sesenta, Q informaba de que «la imagen global» de las operaciones en curso o de los eventos que estaban sucediendo solo estaba disponible para «menos de diez personas, de las cuales solo tres no son militares».

Muy importante: esas personas trabajaban directamente con el presidente Trump.

Todo estaba previsto. Todo estaba dentro del Plan.

Muchos drops dejaban claro que el Plan era infalible y que la operación de Donald Trump contra el Estado Profundo y las élites pederastas y satánicas era inminente. La frase de Q sobre ese asunto lo dejaba claro: «Nada puede detener lo que viene. Nada».

El drop número ciento cincuenta y cinco dio instrucciones militares de naturaleza operativa:

Conf_D-TT_^_v891_0600_sí_verde1_0600 Bunker Manzana Cielo Amarillo (...+1) Sí Que Dios os acompañe. Q

Q informaba de que el presidente estaba en esos momentos reunido secretamente con los generales y fiscales del Ministerio Público en una sala sin móviles de última generación.

El Plan estaba por fin en marcha. Las diversas fuerzas del orden estaban listas e incluso los portaaviones se habían posicionado para impedir que otros países se aprovecharan de la gran convulsión que se avecinaba.

De momento, todo parecía tranquilo. Pero la tranquilidad era aparente.

En realidad, se vivía el CBTS: Calm before the storm —la calma antes de la tempestad— porque NCSWIC: Nothing can stop what is coming —nada puede detener lo que viene—.

Cuando el presidente pronunciase la frase «la tempestad somos nosotros», se desencadenaría el ataque contra el Estado Profundo, empezarían las detenciones en masa e inmediatamente después sería decretada la ley marcial en el país. La Tempestad.

El gran despertar era inminente. Los verdaderos estadounidenses rescatarían a Estados Unidos y su presidente emergería para liderar un mundo diferente, mejor y más puro. El Plan se cumplía y el cerco se cerraba. Q lo sabía todo.

Trump era un genio.

Y Leroy no conseguía pegar ojo, atormentado con los importantísimos acontecimientos que se avecinaban, y consciente de que, cuando llegara el momento, tendría que asumir sus responsabilidades como patriota y soldado digital al servicio de la libertad y de Estados Unidos.

Sí, porque él era un guerrero al servicio de la luz.

Se vivían los momentos de calma antes de la tempestad. Pero nada detendría lo que iba a suceder. Donde va uno, vamos todos. Trump para todos, todos para Trump.