XLIX
La canción que más se escuchó ese día en el edificio alquilado por el FSB, entonada a coro y a pleno pulmón, fue el himno de una de las bandas más famosas de todos los tiempos:
We are the champions, my friends
and we’ll keep on fighting till the end.
We are the champions.
We are...
Sí, eran los campeones. Así se sentían los oficiales del FSB y los trolls rusos mientras entonaban la canción en inglés.
El ambiente era festivo y se abrazaban, eufóricos.
No era para menos. Llevaban meses encerrados en ese edificio.
Su única arma habían sido las redes sociales occidentales y los modelos computacionales de Cambridge Analytica.
Y con eso habían logrado lo imposible: que los británicos votaran a favor del Brexit y los estadounidenses a favor de Donald Trump.
Ambos habían votado en contra de los de su propio país.
Todos lo habían hecho para la gloria de Rusia.
... the champions.
No time for losers
’cause we are the champions
of the World.
Sentados uno junto a otro, con copas de champán en la mano y ya sin Alastair Hayes —que estaba de camino a su país tras finalizar el contrato con el FSB—, el coronel Mijaíl Arseniev y el capitán Dimitri Chernishev cantaban con los trolls .
Los campeones de la canción eran los rusos, y la frase «no time for losers » aludía a los británicos, los estadounidenses, y a Occidente en general.
¿No era evidente? El Plan Dugin estaba en marcha, y ya habían ganado dos grandes batallas sin que los occidentales se dieran cuenta de que estaban siendo atacados.
—¡Washington será nuestra! —gritó alguien, lo que desató una ovación.
—¡Nuestra!
¿Cómo no iban a celebrarlo?
—¿Y ahora qué, mi coronel? —preguntó Dimitri—. ¿Qué hacemos a continuación?
—Cuando las cosas se calmen en Estados Unidos, habrá una reacción, no lo dude —anticipó el jefe de la operación—.
Pero da igual. Seguiremos trabajando sobre la sociedad y la política estadounidenses, ahora para proteger al presidente y darle fuerza.
Nuestra prioridad inmediata es operar para que se levanten las sanciones contra Rusia.
Paralelamente, continuaremos confundiendo y dividiendo a la sociedad, para que, más adelante, el sistema político se cierre sobre sí mismo y deje de lado a los europeos.
Eso implicará, en la práctica —aunque no se jure —, el fin de la OTAN.
El subordinado asintió, atento a la prioridad estratégica del Plan Dugin y de la Doctrina Gerasimov.
—Pero, mi coronel, la neutralización de Estados Unidos era solo un paso intermedio. El verdadero objetivo, creo, es asumir el control de Europa y transformarla en nuestra zona de influencia.
El coronel Arseniev señaló a su interlocutor.
—Usted ahora se concentrará en la operación estadounidense. Yo me encargaré de la operación europea —indicó—. Lo que hemos hecho en el Reino Unido y en Estados Unidos tiene que replicarse en todo el continente europeo. El siguiente es Francia. Cuando Francia caiga, la Unión Europea se desmoronará.
—¿Y si no cae?
Su superior jerárquico se encogió de hombros.
—Si el Reino Unido ha caído, si Estados Unidos ha caído, ¿por qué no iba a caer Francia? —preguntó—. Acuérdese de algo: We are the champions, my friend...
Se rieron.
—And we’ll keep on fighting till the end.
Levantaron las copas de champán, como si celebraran el triunfo ruso en los versos de Queen.
—Gracias a nuestro dominio de las redes sociales, los candidatos y las políticas antidemócratas que apoyamos en todo Occidente vencerán las elecciones y los referéndums en sus países —afirmó el coronel Arseniev—.
Las elecciones en Francia y en Alemania, el separatismo catalán y vasco en España, el separatismo escocés y la cuestión irlandesa en el Reino Unido, los movimientos nacionalistas en Alemania, Países Bajos, Italia, Austria...
Donde haya tensiones étnicas en Europa, seguiremos estando ahí, provocándolas y explotándolas para ahondar en las divisiones.
¿Hay grandes comunidades musulmanas en Europa?
También fomentaremos conflictos entre ellas y las poblaciones anfitrionas.
—No se olvide del resto del mundo, mi coronel. También hay ahí mucho terreno para trabajar.
—Sin duda. Oriente Medio, por ejemplo: ¿por qué no nos coordinamos con Irán para desestabilizar Occidente?
Que no se le olvide que a los tipos de Hamas los entrenó la KGB y siguen manteniendo relación con nosotros.
Hay que usarlos contra Israel para desencadenar una guerra que lleve a los israelíes a actuar con mano dura, y eso dividirá a Occidente.
Y, de paso, ¿por qué no nos coordinarnos con China, convencemos a Pekín de desestabilizar el Extremo Oriente, por ejemplo, con la amenaza a Taiwán?
¿Por qué no incentivamos a los norcoreanos a amenazar a sus vecinos democráticos, como Japón y Corea del Sur?
Conflictos en todas partes presionarán fuertemente a Occidente... hasta que se parta.
—Coronel, ¡cree que provocar conflictos étnicos en Europa llevará a guerras civiles dentro de los países de la Unión Europea y que China tomará Taiwán?
El coronel Arseniev se encogió de hombros con indiferencia.
—Quizás sí, quizás no —respondió—. En realidad, no es relevante si China ocupa o no Taiwán, ni que España se desintegre, o que Alemania y Francia entren en guerras civiles entre las poblaciones anfitrionas y las comunidades musulmanas...
, aunque todo eso sería maravilloso, claro.
Lo que de verdad nos interesa es la desestabilización que esos conflictos van a provocar en Occidente.
Tenemos que ser realistas y admitir que no todo saldrá según lo planeado y habrá reveses.
No importa. Al final, lo que realmente nos interesa es el caos que se va a desencadenar.
Recuerde, capitán, ¿qué representa Occidente en el cuento «Sin cielo», de Vladislav Surkov?
—Es la ciudad.
—Tenemos que destruir la ciudad. Aunque nuestros aliados y protegidos de Occidente no ganen las elecciones y referéndums que se celebrarán, e incluso aunque no se desencadenen guerras civiles en esos países, los Trumps que estamos esparciendo a diestro y siniestro inevitablemente conquistarán partes importantes de sus respectivos electorados, tanto en Estados Unidos como en Europa.
Como consecuencia, la ciudad se dividirá y se fracturará en constantes disputas intestinas.
Serán minorías contra mayorías, racistas paternalistas contra racistas hostiles, grupos étnicos contra grupos étnicos, progresistas contra antiprogresistas, nacionalistas y socialistas.
Los occidentales no aguantarán algo así.
Solo son unos burgueses mimados con la barriga llena, que quieren vivir bien y perderán por completo las ganas de luchar para proteger esa democracia de la que tanto presumen.
Hablan, hablan..., pero ¿sacrificios? Cero patatero.
Están cómodos en sus vidas. El orden progresista ha entrado en decadencia y va camino del colapso.
Tarde o temprano, las divisiones y los conflictos que estamos instigando llevarán a la desintegración del orden progresista sobre el que se asientan sus democracias. Cuando eso pase...
Dejó la frase en el aire, como una amenaza cargada de promesas, e instintivamente ambos desviaron la mirada hacia los ordenadores.
En aquel edificio de San Petersburgo, la tarea diaria de los trolls rusos era llenar las redes occidentales de verdades, medias verdades y mentiras fabricadas por el FSB con el apoyo de grupos antiprogresistas occidentales y agencias de psyops como Cambridge Analytica.
Ese era el verdadero campo de batalla de una guerra no declarada: la aldea contra la ciudad, Rusia contra Occidente, las dictaduras contra las democracias.
El final lógico de todo aquello que Dimitri acababa de ver y oír era evidente, sobre todo, después de lo que acababa de suceder en Estados Unidos. Paso a paso, Rusia caminaba hacia la victoria.
La aldea doblegaría a la ciudad.