XXXII
Después de que Leroy Roderich leyera una noticia relativamente inocua en News Feed sobre el papa y su relación con su antecesor, que había abdicado, Facebook le sugirió otra sobre el jefe de la Iglesia católica.
Todo lo que tenía que ver con el cristianismo y el catolicismo le interesaba a su espíritu místico.
Solía ir todos los domingos a misa con Betty y desde su fallecimiento buscaba consuelo en Jesucristo.
Leroy pinchó en la noticia y se encontró una sorprendente revelación: «el papa anterior no había abdicado».
Intrigante. ¿El papa anterior no había abdicado?
Qué raro... y curioso. Empezó a leer el artículo y descubrió que, en realidad, el papa actual era un «antipapa» que estaba ilegítimamente al frente de la Iglesia católica, gracias a una conspiración para inocular el virus de las ideas progresistas en la mente de los católicos.
Leroy se quedó boquiabierto.
—¿Cómo?
Jamás había oído nada parecido. Pero estaba entre las noticias recomendadas y Facebook era una fuente fidedigna para él.
Cómo iban a divulgar noticias falsas. Seguía intrigado; buscó y encontró otras publicaciones que revelaban detalles perturbadores que hasta entonces desconocía.
En concreto, que la cruz que el papa llevaba colgada al pecho no era de Jesús crucificado, sino un símbolo satánico.
Estaba estupefacto. ¡¿El papa usa un símbolo de Satanás? !
Según las noticias del News Feed, en el Vaticano se celebraban rituales satánicos como parte de una vasta conspiración para subvertir los valores de los cristianos en general y de los católicos en particular.
Las declaraciones del papa a favor de los homosexuales eran —según esos artículos— una prueba inequívoca de satanismo, ya que fomentaban prácticas explícitamente condenadas por Dios cuando destruyó Sodoma y Gomorra.
¿Cómo era posible que Dios castigara la sodomía, considerándola un acto del diablo, y el papa no viera ningún mal en esa práctica?
—No me lo puedo creer.
—A Leroy le preocupaba lo que acababa de descubrir.
Aunque era cajún y sus orígenes eran católicos, él no lo era.
Pero seguía siendo cristiano, iba todos los domingos a la iglesia, con más fervor desde la muerte de su mujer.
No reconocía al papa como su líder, pero era perfectamente consciente de la importancia que el sumo pontífice tenía para millones de cristianos; no podía quedarse indiferente ante noticias tan desconcertantes.
Al principio le costaba creérselo. ¿Cómo iba a ser verdad?
Además, si lo fuera, otros medios de comunicación se habrían hecho eco.
Sin embargo, todas las recomendaciones de Facebook lo conducían a más y más noticias sobre las conspiraciones que involucraban al papa.
Eran muchas y todas decían lo mismo. ¿Cómo iba a haber tantas falsas?
¿Y Facebook las recomendaría si no fueran verdaderas?
Decidió descubrir la verdad. Cerró Facebook y abrió YouTube.
El primer vídeo mostraba imágenes en directo del Vaticano.
A continuación, en la lista de sugerencias, aparecía otro: «¿Por qué el anterior papa abandonó el Vaticano?
»; y otro: «Diez secretos que el Vaticano nos oculta».
Había tantos vídeos contando cosas alarmantes de la Santa Sede que Leroy ya no sabía qué pensar.
—Son muchos, no pueden estar todos equivocados...
Volvió News Feed y encontró más noticias inquietantes, esta vez sobre pederastia en la Iglesia.
Ya había leído sobre este tema en periódicos tradicionales y lo había visto en televisión, lo que corroboraba que la información de Facebook y YouTube era fiable.
Si esas noticias eran ciertas, entonces las otras también debían serlo.
Es decir, si había pederastia en el seno de la Iglesia, también podían existir rituales satánicos promovidos por el mismísimo papa.
—¡Dios mío!
Todo aquello era muy grave. Leroy siguió leyendo y encontró otra noticia sorprendente: la pederastia no solo sucedía en la Iglesia, también estaba instalada en el poder político de Estados Unidos.
Una sucesión de artículos aseguraba que la NYPD, la policía de Nueva York, había encontrado pruebas de una red de tráfico humano en masa de niños violados por las élites políticas en Washington D.
C. La fuente era, presuntamente, un agente del FBI sin identificar, dada la extrema sensibilidad del caso.
Cada vez más preocupado, siguió buscando y comprobó que el tema estaba en muchos otros servicios de noticias digitales, como Infowars.
Una de sus publicaciones revelaba que en el centro de esa red de tráfico humano estaba nada menos que una figura clave de la política estadounidense: Hillary Rodham Clinton.
—¡No me jodas!
Era absolutamente increíble. Hillary Clinton, esposa del expresidente Bill Clinton, secretaria de Estado del presidente Barack Obama, candidata presidencial demócrata y gran favorita para ganar las elecciones...
¿dirigiendo una red de tráfico humano y pederastia?
¡Era una bomba! ¡Pólvora pura! No le sorprendía que los medios tradicionales guardaran silencio sobre un asunto tan grave.
Todos con el pico cerrado. No había dudas de que se protegían entre ellos.
Las noticias de Facebook incluían enlaces a vídeos de YouTube y todos decían lo mismo, algunos con más detalles.
Varios artículos aseguraban que, según la investigación de la NYPD, Hillary Clinton gestionaba la red junto con el excongresista demócrata Anthony Weiner, a quien habían pillado enviando correos electrónicos a una menor.
También estaba involucrada Huma Abedin, esposa de Weiner y, ¡sorpresa!
, colaboradora de Hillary. Una verdadera pandilla.
Al parecer, algunos de los treinta mil correos electrónicos privados de Clinton podían contener pruebas comprometedoras.
Una noticia mencionaba incluso una extraña declaración de Donald Trump dirigida a Rusia.
Leroy buscó el vídeo y lo encontró en YouTube.
Pinchó en el enlace. «Rusia, si me estás oyendo, espero que encuentres los treinta mil correos electrónicos que andan desaparecidos —decía Trump—.
Creo que, con total probabilidad, nuestra prensa os premiará».
Leroy recordaba haber visto ese llamamiento de Trump tanto en Fox News como en los periódicos, lo que probaba que todas las noticias de Facebook y YouTube, por más increíbles que parecieran, eran ciertas. Los terribles secretos de Hillary Clinton podían estar en esos correos desaparecidos.
—¡Guau! ¡Menudo lío!
Había más sorpresas y lo peor estaba por llegar.
Por lo visto, tras la declaración de Trump, los rusos habían entrado en el sistema del Partido Demócrata y habían accedido a los correos ocultos.
WikiLeaks los había publicado. Era una fuente completamente segura, avalada por uno de los grandes defensores de la libertad, el célebre Julian Assange.
Estaban analizando miles de correos; su contenido era una auténtica bomba.
La clave que desvelaba el terrible secreto de Hillary Clinton estaba en los mensajes de su jefe de campaña, John Podesta.
Según las noticias y vídeos, en esos correos Podesta revelaba que una pizzería de Washington D.
C., Comet Ping Pong, era la base de operaciones donde las élites —incluida Clinton— practicaban tráfico humano y pederastia.
Peor aún: también se decía que allí se realizaban rituales canibalísticos con los niños.
Es decir, los miembros de la red liderada por Clinton ¡se los comían!
Leroy se llevó las manos a la cabeza, horrorizado.
—¡Dios mío, Dios mío! ¿En qué mundo vivimos, Dios mío? ¿Cómo es posible que suceda algo así?
Sintió palpitaciones y ansiedad. Las noticias y vídeos le recordaban coincidencias escalofriantes.
¿No era Bill Clinton un mujeriego compulsivo?
Las historias de Monica Lewinsky, Juanita Broaddrick, Paula Jones, Kathleen Willey y tantas otras mujeres que lo habían acusado de acoso sexual eran prueba de ello.
¡Ese hombre era un depravado sexual! Y su mujer, la bruja Hillary, ¡era todavía peor!
Quizá Bill también estaba metido en esas prácticas satánicas.
¡Seguro! No había dudas: los Clinton y las élites progresistas eran el diablo encarnado.
¡Y Washington, la nueva Sodoma y Gomorra!
No podía parar de ver más cosas sobre el escándalo que en las redes sociales llamaban «Pizzagate».
Según las publicaciones de Facebook y los vídeos de YouTube, Podesta camuflaba la información con un lenguaje codificado que la policía había logrado descifrar.
En los correos usaban palabras relacionadas con comida para referirse a los niños y los actos sexuales.
Por ejemplo: cheese pizza , « pizza de queso», cuyas iniciales en inglés son «cp», era código para child pornography , «pornografía infantil».
¿Coincidencia? Imposible. En los correos de Podesta todo estaba calculado: pizza , queso, pasta, helado y nueces eran códigos para chicas, chicos y prostitutos.
Leroy estaba al borde de una apoplejía. Por suerte, vivía en Luisiana y no en Washington D.
C., ese antro de depravación moral que avergonzaba, traicionaba y oprimía a la nación.
Si su familia viviera allí, ni quería imaginar lo que podría pasarle a Sally, su adorada hija, a la que tanto quería.
Seguro que acabaría cayendo en esa red satánica, sometida a horrores inimaginables en la trastienda de Comet Ping Pong.
Ni Charlie estaría a salvo. Pero si Sally y Charlie estaban protegidos en Luisiana, ¿quién protegía a los hijos de todas las personas inocentes de Washington D. C.?
Donald Trump, que Dios lo ayudara, parecía ser el único candidato preocupado por estos crímenes satánicos.
¿No había sido él quien pidió a Rusia que encontrara los correos de Clinton?
¡Benditos rusos! Gracias a ellos habían descubierto los mensajes codificados de Podesta y la red de pederastia.
¡Gracias a Dios por Trump! ¿Quién iba a pensar que el payaso de un reality show se convertiría en un gran hombre? Y Putin, ese campeón de la libert...
El móvil sonó. En la pantalla apareció un nombre: Sally. Miró el reloj, eran las cinco de la tarde.
—Fuck!
Contestó.
—Perdona, perdona, perdona —dijo antes de que ella hablara—. Estaba con unas cosas y... he perdido la noción del tiempo. Perdona.
—Papá, es la tercera vez esta semana que se te olvida venir a buscarme al colegio. No me digas que has vuelto a pasar todo este tiempo en las redes sociales...
Se sintió avergonzado.
—Eh... Estaba con unos asuntos y..., bueno, me distraje y se me fue el santo al cielo. Pero ya voy, tranquila. En un minuto estoy ahí.
Colgó y salió corriendo. Había entrado en Facebook y YouTube a las diez de la mañana y no había parado: siete horas seguidas leyendo noticias, viendo vídeos y enlaces. Estaba tan absorto que hasta se le olvidó comer.
De camino al colegio de su hija, tras salir del estado hipnótico en el que lo dejaba Internet, le entró un hambre atroz.
Se desvió ligeramente para parar en el Burger King más cercano.
Compró una hamburguesa con patatas y una Coca-Cola.
De regreso al coche, se fijó en un comercio al lado del restaurante: Sullivan’s Gun Outlet.
Una armería. El mundo estaba cada vez más loco, las élites daban rienda suelta a pederastas e inmigrantes. Había que reforzar la defensa.
¿No sería mejor entrar a comprarse una escopeta?