XXXI #4
—Si se refiere al socialismo neomarxista, tiene razón —confirmó el coronel Arseniev—.
Es como con las religiones. El cristianismo, por ejemplo: durante mucho tiempo tuvo guerras intestinas entre católicos, protestantes, ortodoxos, cristianos asirios y otras corrientes.
Pero todas eran cristianas, aunque muchas veces no se reconocieran como tales y se acusaran mutuamente de no serlo.
En el islam pasa lo mismo: sunitas contra chiitas, salafistas contra sufíes; todos se acusan entre sí de no ser verdaderos musulmanes.
Y, sin embargo, todos lo son, solo que de corrientes distintas.
En el socialismo sucede igual: anarquistas contra sindicalistas, marxistas contra proudhonianos y lassallianos, fascistas contra neomarxistas.
Sin embargo, todos reivindican el socialismo, todos se proclaman los verdaderos socialistas.
—Creo que lo he entendido..., pero ¿por qué estamos hablando de esto?
—Porque es la cuestión central de nuestro trabajo —respondió el coronel con rapidez—.
Si el típico electorado socialista, es decir, las clases más bajas, es susceptible de abrazar abiertamente el nacionalismo, y si nuestra estrategia consiste en exacerbar su sentimiento patriótico, entonces, inevitablemente, el electorado socialista es el que más nos interesa trabajar para alcanzar nuestros objetivos.
La unión de la idea socialista con la idea nacionalista, consumada en Italia, en Alemania, en la Unión Soviética y, en realidad, en todos los regímenes socialistas que existen o han existido, es realmente explosiva. La historia lo demuestra.
Los ojos de Dimitri se desviaron hacia la sala en la que se encontraban y recorrieron la multitud de hackers involucrados en la operación para controlar el referéndum del Reino Unido.
—Coronel, ¿en Inglaterra también pasa?
—¡Igual! Recuerde que el fundador del Partido Fascista británico, Oswald Mosley, fue un dirigente laborista.
Nuestros estudios muestran que el electorado más susceptible de ser convencido para votar a favor del Brexit es el de clase baja, la gente del pueblo.
El electorado del Partido Laborista británico es el que más fácilmente se deja seducir por el mensaje del Brexit, al igual que muchas de las personas de las provincias que votan al Partido Conservador.
Los burgueses son un caso perdido: quieren seguir en la Unión Europea y nada los convence de lo contrario.
Ni siquiera vale la pena intentar persuadirlos.
Se giró hacia el hacker que seguía a su lado.
—Alexéi, dime, ¿cuál es el público al que estás enviando los mensajes para convencerlos de votar a favor del Brexit?
—Las clases bajas, mi coronel. Son ellos quienes votarán salir de la Unión Europea.
El jefe de la operación dio por terminada la charla y pidió a Alexéi que retomara su trabajo. El chico lo hizo de inmediato. El coronel se giró hacia el recién llegado para mostrarle su sitio.
—No hay tiempo que perder. Tenemos mucho trabajo con el referéndum. Después seguimos hablando.
—Usted manda —respondió Dimitri rápidamente—. Solo tengo una duda, no sé si ahora es oportuno.
—Diga.
—¿Los rusos aquí, en San Petersburgo, somos los únicos haciendo campaña pro-Brexit? ¿Los ingleses no hacen nada en el Reino Unido? Tengo entendido que hay organizaciones inglesas trabajando también a favor...
El coronel sonrió maliciosamente.
—Estamos todos articulados, capitán. Ingleses y rusos. No sé si me entiende.
—¿Articulados con los ingleses?
—Con los nacionalistas ingleses pro-Brexit —especificó el jefe de la operación—.
El UKIP, por ejemplo, partido de Nigel Farage, defiende la independencia del Reino Unido y lanzó la campaña «Leave.UE» a favor del Brexit.
Nuestro embajador en Londres se ha reunido con los principales financiadores del partido y de la campaña «Leave.EU» y les ha ofrecido...
, digamos, buenos negocios en oro y diamantes a cambio de una serie de contrapartidas. Ya sabe: en la vida, nada es gratis.
Dimitri lo entendió al instante.
—Espere..., ¿está insinuando que...?
—Que los nacionalistas ingleses pregonan proteger su patria mientras conspiran en contra de su propio país y trabajan a favor de los intereses extranjeros. Los de Rusia.
El recién llegado se quedó de piedra al ver la magnitud de lo que estaban haciendo. Era descomunal.
—¿Los nacionalistas británicos saben que colaboran con nosotros?
—¡Se reúnen con nuestros diplomáticos, capitán!
Y, por lo visto, eso no les preocupa ni lo más mínimo.
Claman a los cuatro vientos que son grandes patriotas, sus electores creen que están profundamente preocupados por el destino del Reino Unido, pero lo cierto es que trabajan en contra de su propio país y a favor de Rusia.
Dimitri se echó a reír.
—Perdón, coronel, pero es... cómico —dijo, recomponiéndose.
—No son solo ellos. En Francia, Hungría, Italia, Estados Unidos... En todas partes pasa lo mismo. Los nacionalistas están colaborando con nosotros contra sus propios países mientras se proclaman grandes patriotas.
Ambos rieron. Dimitri echó un vistazo a la sala, a los trolls del Shaltai Boltai tecleando sin parar en sus ordenadores.
—Por cierto, en Moscú ni siquiera me dijeron cómo se llama esta operación contra Occidente. Me imagino que tendrá un nombre en clave...
El coronel Arseniev se dirigió hacia su despacho para seguir de cerca todos los detalles de la operación en curso. Sin embargo, desde la puerta se giró, esbozó una sonrisa enigmática y, antes de entrar, respondió con una sola palabra:
—Caos.