El protocolo del caos XXXI #3
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XXXI #3

—Trabajamos con quien haga falta —respondió Arseniev con calma—.

Y hay algo que debe grabarse a fuego: el elemento central de toda nuestra estrategia es el nacionalismo.

Apelar a él funciona especialmente bien en las clases bajas.

Si tocamos esa tecla las veces suficientes, inevitablemente obtenemos resultados.

—¿Las clases bajas son nacionalistas? No sé yo, mi coronel. Siempre pensé que los pobres solían ser socialistas...

—Una cosa no excluye la otra...

—Pero, mi coronel, nacionalismo y socialismo son ideologías antagónicas. Los nacionalistas son antisocialistas; los socialistas, antinacionalistas.

El coronel soltó una carcajada.

—¿Quién le ha dicho eso?

El nuevo recluta del FSB estaba desconcertado.

—Bueno..., todo el mundo lo sabe. El socialismo es internacionalista. Lea a Marx, a Engels...

—Marx y Engels eran socialistas nacionalistas, capitán.

Marx se consideraba un gran patriota alemán y pedía una Alemania «única e indivisible».

Defendía la Gran Alemania, que incluía Prusia Oriental, Silesia, Bohemia, Moravia, Austria...

Exactamente los territorios que Hitler se anexionó décadas después.

Y, como Hitler, Marx no dudaba en estigmatizar a otros pueblos: llamó «degenerados» a los españoles, dijo que los chinos sufrían de «estupidez hereditaria».

Engels nos describió a los eslavos como «pueblos basura» y llamó «mestizos» y «miserables impotentes, casi naciones» a belgas, suizos, holandeses y daneses.

¿Le parece un discurso internacionalista?

Dimitri parpadeó, desconcertado.

—Bueno..., eh...

El coronel bajó la voz, más serio.

—La Unión Soviética era profundamente nacionalista.

El internacionalismo era propaganda para atraer a minorías e intelectuales extranjeros.

Cuando la cosa se ponía fea, lo que galvanizaba al pueblo no era el socialismo, era la patria.

Por eso nuestros soldados gritaban «¡Por la patria!

» en la Segunda Guerra Mundial, no «¡Por el materialismo histórico!

». Aún hoy la llamamos Gran Guerra Patriótica, no la Gran Guerra Socialista o la Gran Guerra Proletaria.

El propio NKVD enviaba gente a la Lubianka o a los campos de concentración en Siberia por haber estado en el extranjero o tener contactos foráneos, o por pertenecer a minorías étnicas.

¿Cree que eso es internacionalismo real?

Dimitri asintió despacio.

—Sí... Mis padres me lo contaron. Un tío abuelo mío fue prisionero de los nazis y, cuando lo liberaron, pobre, lo mandaron directo a Kolimá. A él y a todos sus camaradas. Murió allí.

Kolimá, el Auschwitz del comunismo. Cualquier ruso mínimamente informado lo sabía.

—El internacionalismo, capitán, es una idea burguesa.

Los burgueses viajan, hablan idiomas, son ciudadanos del mundo.

El dinero no entiende de fronteras. El dólar vale lo mismo en Estados Unidos, Rusia o Argentina.

Los banqueros y los empresarios se entienden, independientemente de las nacionalidades.

El pueblo no. El pueblo ni viaja ni habla idiomas.

Cuando un ruso de clase baja se va a vivir al extranjero, ¿qué hace?

Busca a otros rusos porque echa de menos su tierra, su gente, sus tradiciones.

Echa de menos su vodka, la sopa broscht , los blinis , la Kalinka , nuestra música... Todo lo nuestro.

—Correcto, mi coronel.

—Y lo mismo pasa en todas partes, capitán.

¿Dónde cree que Marine Le Pen buscó votos?

En el Partido Comunista francés. ¿Cuáles son los países más nacionalistas de Europa?

Precisamente los que fueron socialistas: Polonia y Hungría.

¿Dónde nació PEGIDA, el movimiento alemán contra los musulmanes?

En Dresde, en la Alemania comunista. ¿Quién defiende las llamadas «políticas patrióticas» en Europa?

Los comunistas. ¿Qué ideología impulsa al independentismo vasco?

El socialismo. ¿Cuáles son los movimientos más activos de liberación en África y Asia?

Movimientos nacionalistas disfrazados de socialistas.

¿Y qué son China y Corea del Norte? Países gobernados por partidos comunistas profundamente nacionalistas.

Los socialistas de Corea del Norte incluso llegan a acusar a Corea del Sur de permitir la mezcla entre etnias diferentes, de contaminar la pureza de la raza coreana, ¡fíjese bien!

—Ya, vale, pero tiene que reconocer que esta migración del socialismo al nacionalismo es una tendencia reciente...

—De ninguna manera, capitán —negó el jefe de la operación del FSB—.

Basta mirar al pasado. ¿A dónde fue Mussolini a buscar a la mayoría de sus seguidores?

¡Al Partido Comunista italiano! ¿Y cómo llamaba Ceausescu a su régimen socialista en Rumanía?

¡Nacional-comunismo! ¿No invitaron a la Unión Soviética, en 1940, a integrarse en el pacto panfascista del Eje, con Alemania, Italia y Japón... y aceptó?

—¡¿Aceptamos adherirnos al Eje?!

Tal fue la sorpresa que Dimitri subió la voz y el coronel Arseniev le hizo un gesto para que se tranquilizara.

—No debemos hablar de esto en público, es un poco embarazoso, pero...

sí, así fue. Además, los chequistas estuvimos involucrados en ese proceso e incluso llegamos a tener reuniones con la Gestapo.

Solo no nos integramos formalmente en el Eje porque nuestra condición era controlar Rumanía, algo que Hitler no aceptó porque necesitaba el petróleo rumano.

Aun así, seguimos dando apoyo logístico a los nazis en sus invasiones y llegamos incluso a felicitarnos por la derrota de Francia, diciendo que el triunfo nazi representaba la victoria del socialismo sobre el capitalismo.

No olvide que, un año antes, habíamos firmado el pacto nazicomunista con Hitler.

Es más, no es casualidad que todos los ideólogos que fundaron el fascismo en Italia fueran socialistas y que el proyecto fascista consistiera precisamente en desarrollar un socialismo nacionalista.

Recuerde que los bolcheviques firmaron tratados comerciales y militares con los fascistas.

Socialistas y nacionalistas, capitán, se disputan el mismo electorado: las clases bajas.

Los burgueses tienen el mundo entero ante sus ojos, pero el pueblo solo ve su tierra.

Por eso los burgueses suelen ser progresistas internacionalistas y el pueblo tiende a ser socialista nacionalista.

El FSB, que durante la Segunda Guerra Mundial se llamaba NKVD, estaba al tanto de todo eso. Pero Dimitri no conocía muchos de esos hechos históricos porque habían quedado archivados en la estantería de los acontecimientos embarazosos, escondida en algún sótano perdido de la Biblioteca del Olvido.

—Perdone, mi coronel, no tenía ni idea —admitió—. Pensaba lo contrario, que el socialismo era un feroz adversario del fascismo...