XXXI #2
—Como sabe, hoy la gente en Occidente ya no recibe la información solo de los medios tradicionales, como televisión, radio y periódicos, sino a través de internet y, sobre todo, de las redes sociales.
Nuestro trabajo es usar a estos hackers como trolls .
Utilizan bots para inundar las redes, en concreto Facebook, Twitter, YouTube y otras, con miles de mensajes diseñados para convencer a los británicos de que voten a favor del Brexit.
—Pero, coronel, yo no tendría muchas esperanzas. Todos los sondeos dicen que los británicos votarán para quedarse en la Unión Europea.
—Bueno, capitán, yo no estaría tan seguro —replicó Arseniev—.
Los mensajes de última hora son los más importantes porque permanecen frescos en la mente del elector cuando va a meter la papeleta en la urna.
En ese último instante, la gente puede cambiar el voto.
No hace falta persuadir a muchos. Nos basta con convencer a un tres o cuatro por ciento de los vulnerables y...
, bingo, hemos ganado. Precisamente ahora estamos atacando a esos indecisos.
Usamos la verdad, la mentira, lo que haga falta.
Hace meses abrimos miles de cuentas falsas en Twitter, fingiendo ser ciudadanos británicos corrientes o amigos estadounidenses preocupados por el Reino Unido.
Esas cuentas, controladas por bots , están lanzando mensajes constantes para dividir y crispar.
Los británicos reciben un tuit y creen que es de un compatriota en Huddersfield, pero en realidad somos nosotros, manipulándolos desde San Petersburgo.
—¿De qué tipo de mensajes estamos hablando?
El coronel se giró hacia el joven.
—Alexéi, ¿qué estás haciendo ahora?
El operador, un adolescente civil que escribía en una cuenta de Twitter llamada @SouthLoneStar, mostró la pantalla.
En ella había una fotografía de una de las víctimas del atentado en el puente de Westminster: una persona tendida en el suelo, rodeada de gente que intentaba socorrerla, mientras una mujer con hiyab pasaba junto a la escena mirando su móvil.
—Estoy trabajando en la narrativa de esta imagen —explicó—. Se ha vuelto viral gracias al pie de foto que le puse. Miren.
El texto sobre la imagen decía:
Musulmana ignora víctima del atentado terrorista pasando distraídamente junto a un moribundo mientras sigue mirando su móvil. #RezadPorLondres #ProhibirIslam
El coronel Arseniev casi aplaudió.
—¡Guau, brillante!
El chico les enseñó una serie de mensajes programados desde la misma cuenta.
—He enviado cientos de mensajes con el mismo tema. Todos se han vuelto virales. Otros usuarios los reenvían y mis cientos de mensajes ya se han convertido en miles. Miren algunos.
Una sucesión de tuits apareció en la pantalla. Entre ellos, Dimitri leyó dos que lo impresionaron:
Espero que el Reino Unido, tras el #VotaBrexit, empiece a limpiar el país de la invasión musulmana.
El Reino Unido vota para dejar el futuro califato de Europa. #VotaBrexit
El coronel Arseniev se giró hacia el visitante.
—Alexéi está explotando el descontento de los británicos y el resentimiento que sienten hacia el islam, alimentado por los sucesivos atentados yihadistas en Europa en general y en el Reino Unido en particular.
El objetivo es avivar esa sensación entre los indecisos y convencerlos de que, si permanecen en la Unión Europea, las fronteras seguirán abiertas para que entren más musulmanes y se produzcan nuevos atentados.
Dimitri asintió, impresionado.
—Si yo fuera británico y viera esto..., probablemente votaría Brexit.
Todos rieron.
—La buena desinformación siempre tiene una base de verdad —explicó Arseniev—.
Es cierto que hubo atentados, es cierto que esa mujer pasó junto al herido mirando su móvil...
, pero también hay fotos donde se la ve horrorizada.
Esas no las mostramos, obviamente. Usamos la parte de la verdad que nos conviene para canalizar emociones: indignación, rabia, resentimiento.
En este caso, para convencer a las personas que voten a favor del Brexit.
—Por lo tanto, estamos explotando el miedo al islam.
—Más que el miedo, la rabia. Sabemos que las personas con miedo tienden a ser prudentes.
Ahora bien, muchos británicos son plenamente conscientes de que salir de la Unión Europea supone un riesgo económico.
Eso significa que quienes sienten miedo no votarán a favor del Brexit.
Por eso, tenemos que evitar el miedo y encender la indignación, la rabia, el cabreo.
«¡Mirad a esta musulmana ignorando el sufrimiento de la víctima del atentado cometido por sus amiguitos!
». Ese es el mensaje que enciende la rabia, no el miedo.
«¡Esa musulmana hija de puta, que quizá está en connivencia con los que mataron a ese pobre hombre!
». Es la rabia la que lleva a la gente a asumir comportamientos arriesgados.
«Vale, salir de la Unión Europea es un riesgo, lo sé, pero estoy tan indignado que estoy dispuesto a correrlo para librarme de esta gente».
Así es como conseguimos que apoyen el Brexit, ¿lo entiende?
—¿Y envían estos mensajes a todo el mundo?
—No —aclaró el coronel—. En el caso de la fotografía del atentado en el puente de Westminster, el mensaje se envió únicamente a los electores británicos indecisos que tienen en común la rabia hacia el islam, por ser la religión de los terroristas islámicos.
Tocamos esa tecla para reavivar esa rabia y lograr que cada elector la tenga muy presente en el momento de depositar su voto en la urna.
Aquellos a quienes el mensaje no les afecta no lo reciben.
Reciben otros adaptados a su perfil específico.
—¿Cómo por ejemplo?
—El coronel hizo una señal a Alexéi, que abrió otra cuenta falsa desde la que se habían enviado mensajes a miles de electores británicos con un perfil radicalmente diferente del anterior.
—Para este mensaje, usé una cuenta en la que finjo ser un paquistaní que vive en Birmingham —explicó el chico—. Miren.
¡El voto proinmigración es solo para traer más europeos blancos! ¡A nosotros nos revisan todo, pero ellos entran como quieren! No permitáis que los musulmanes seamos inmigrantes de segunda. ¡Defended el islam! #DefensaIslam #VotadBrexit
Dimitri se llevó las manos a la cabeza, sorprendido.
—¡Esto contradice el otro mensaje!
—Porque se dirige a otro público —explicó el coronel Arseniev—.
Los otros mensajes fueron programados por nuestros trolls para encender la rabia de los británicos blancos que temen al islam.
Este, en cambio, pretende avivar el resentimiento de los musulmanes paquistaníes hacia los blancos y los infieles en general.
Como le he explicado, aquí no nos inventamos los problemas: lo que hacemos es explotar los que ya existen y sazonarlos con nuestros mensajes y algunas mentirijillas.
En este caso, ¿en qué herida metemos el dedo?
Cualquier inmigrante que venga de Pakistán tiene que pasar por rigurosos exámenes antes de que le permitan entrar en el país.
Pero si un francés o un belga se presenta en la misma frontera, entran sin dificultad debido a las reglas de libre circulación.
¿Cree que los paquistaníes no lo saben? Claro que lo saben.
¿Están resentidos? Mucho. Lo que hacemos es aprovechar ese resentimiento, ¿entiende?
Cuando un paquistaní escucha a los defensores de la Unión Europea pidiéndoles que voten por la permanencia del Reino Unido porque las reglas europeas son proinmigración, lo que piensa es que se trata de inmigración problanca.
Por tanto, si manipulamos bien esos resentimientos con mensajes como este, conseguimos que los paquistaníes voten a favor del Brexit.
—No solo los paquistaníes —se apresuró a matizar Alexéi—.
También enviamos mensajes como este a electores de origen jamaicano, indio, nigeriano...
A todos los no europeos. Cada grupo tiene sus propios problemas y lo que hacemos es explotarlos, adaptando nuestros mensajes a cada público y manipulando siempre su rabia y su resentimiento.
La idea es que todos esos inmigrantes de piel oscura voten en contra de la Unión Europea bajo el argumento de que es blanca y solo protege la inmigración de blancos al Reino Unido.
Así conseguimos que muchos de ellos terminen convencidos de votar a favor del Brexit...
incluso en contra de sus propios intereses.
Dimitri soltó una carcajada incrédula.
—¡Bingo! Los blancos votan Brexit por miedo a las minorías y las minorías votan Brexit por miedo a los blancos. ¡Es sofisticadísimo!
Sus interlocutores se miraron como si les hiciera gracia el comentario.
—No sabe ni la mitad. Pero, atención: detrás de toda esta sofisticación hay una técnica muy simple.
Estudiamos a la gente para entender qué la irrita.
Si a los paquistaníes los molesta la inmigración blanca, decimos que la culpa es de Europa.
Si a los ingleses los irritan los paquistaníes, decimos que la culpa es de Europa.
Si alguien está cabreado porque lo despidieron...
—La culpa es de Europa, ya lo he entendido.
—Exacto. Si hay un problema, cualquier problema, la culpa es de Europa.
Identificamos resentimientos y miedos y los transformamos en rabia.
Luego dirigimos esa rabia hacia Bruselas.
Defensores de animales reciben mensajes contra leyes europeas que perjudican a los animales, amantes de la caza reciben mensajes sobre leyes que protegen a los animales de los cazadores.
Cada uno hierve de furia por razones opuestas, pero todos contra Europa.
La solución que les ofrecemos es siempre la misma: votar Brexit.
—¿Y funciona?
—Lo veremos mañana cuando salgan los resultados, pero estamos convencidos de que sí. Al menos, es lo que nos dice nuestro inglés.
—¿Qué inglés?
—El que trabaja aquí con nosotros.
Dimitri abrió mucho los ojos.
—¡¿Estamos trabajando con un inglés?!