XXVIII #3
—Lo que cuenta son los votos en las urnas, no los sondeos —recordó—.
Aun así, la neutralización del Reino Unido es solo un paso en el camino de nuestra victoria en Europa.
Quién sabe si, animados por su salida, Francia no decide también dejar la Unión Europea.
Chicos, estamos trabajando en ello. Si logramos el Frexit, la Unión Europea se desintegrará.
—Se sopló la palma de la mano como si tuviera polvo—.
¡Puf! —Miró a la clase—. Pero antes, tenemos que eliminar a los Estados ficticios, como Ucrania y los Bálticos.
—¿Se refiere a Crimea y al Donbás?
—Me refiero a toda Ucrania. Llegará su momento, creedme.
Y después serán los Bálticos. Finalmente, actuaremos en todos los países de la orla de Rusia, desde Polonia hasta Bulgaria, pasando por Rumanía, Hungría, Chequia y Eslovaquia.
Todo será reconfigurado a nuestra manera.
Los vasallos regresarán a los dominios de su señor para besarle los pies.
—Pero, profesor, aunque la Unión Europea se desintegre, conviene recordar que todos esos países pertenecen a la OTAN...
El instructor se rio.
—¿A la OTAN? —dijo con tono irónico—. ¿Qué OTAN?
Si separamos a Estados Unidos de Europa, si retiramos al Reino Unido y provocamos el colapso del organismo, la OTAN no será sino una entidad de papel.
También acabaremos con ella. —Se inclinó hacia delante como si fuera a hacer una confidencia—.
Chicos, escuchad: los europeos solo son unos maricones aburguesados y decadentes.
—Todos se rieron—. No se dan cuenta de lo que está pasando.
A estos señores bien instalados en sus vidas solo les preocupan sus vacaciones, el sueldo mínimo, las pensiones de jubilación, los restaurantes, los gais, lo políticamente correcto, las minorías, los derechos de los musulmanes, la seguridad social, esas mierdas burguesas que los debilitan.
Se pasan el día pidiendo paz, pero se oponen a gastar un céntimo en armamento.
¡Incluso han reducido sus ejércitos a un puñado de hombres mal armados!
Son unos flojos y unos ingenuos. ¡Pobrecillos!
Sin Estados Unidos no serán nada, ¿me oís?
Nada. Si dejan de protegerlosy, creedme, nos estamos encargando de ello, los europeos maricas huirán a toda pastilla cuando nos vean llegar con nuestros valientes soldados, avanzar con nuestros poderosos tanques, nuestros aviones sofisticados y nuestros misiles hipersónicos.
Chicos, os aseguro algo: si somos capaces de dividir a la OTAN y sacar a los estadounidenses de la ecuación, los europeos caerán como fruta madura. ¡El pueblo conquistará la ciudad!
Se hizo silencio en la sala. Los alumnos reflexionaban sobre el escenario descrito.
Dimitri se imaginaba a los soldados del ejército ruso saqueando las tiendas de la Unter den Linden y tocando el trasero a las francesas en los Campos Elíseos.
¿Qué otras cosas harían en De Brouckere, en Váci Utca, en la Gran Vía, en Vitosha, en la Via del Corso o en la Avenida da Liberdade? ¿Sería posible una conquista así?
—Pero ¿cómo vamos a hacerlo? —preguntó Dimitri, intrigado—. ¿Vamos a anexionarnos a todos esos países? Porque lo cierto es que nunca han pertenecido a Rusia...
—Rusia es quien nosotros queramos, chicos.
Nuestras fronteras se han movido a lo largo del tiempo y nada impide que vuelvan a hacerlo.
Que yo sepa, la historia no ha terminado ni lo hará tan pronto.
El plan consiste en sustituir el actual orden occidental por uno multipolar, dividiendo el mundo en tres grandes zonas de influencia.
Estados Unidos y el mundo anglosajón serán para los estadounidenses; Europa y nuestra parte asiática, para nosotros; y el resto será de los chinos.
—¿Europa será nuestra? ¿Cómo? —insistió Dimitri—. ¿Integrada en nuestras fronteras?
El instructor se volvió hacia el mapa que tenía detrás, abriendo los brazos para abarcarlo todo. Señaló la ciudad en el extremo oriental de Rusia y después la del extremo occidental de Europa, uniéndolas con un gesto.
—Dugin lo llamó Imperio euroasiático —insistió—. En realidad, será el Imperio ruso. De Vladivostok a Lisboa. Aunque no los integremos formalmente en nuestro país porque eso suscitaría resistencias no deseadas, todos los pueblos serán nuestros vasallos.
La sala en la que se desarrollaba la formación del FSB entró casi en erupción.
¡Caramba, una Rusia de Vladivostok a Lisboa!
¡El sueño imperialista por antonomasia! Si lograban algo así, serían el mayor imperio de la historia.
Mayor que el romano, mayor que el de Gengis Kan, mayor que el británico.
¿Quién iba a quedarse impasible ante un proyecto tan grandioso?
El instructor se volvió hacia la mesa en la que había dejado sus apuntes y los recogió, dando por finalizada la sesión de pensamiento ideológico.
Los alumnos se levantaron. Charlaban animadamente sobre el gran proyecto que Rusia tenía entre manos.
Antes de abandonar la sala, el instructor volvió a dirigirse a ellos.
—Mañana avanzaremos. Conquistaremos o moriremos —declaró el hombrecillo calvo de barba blanca que los había guiado durante la última hora. Levantó el puño, como si se dirigiera a una multitud—. No hay tercera opción.
La guerra estaba en curso y todos eran combatientes.