El protocolo del caos XXVIII #2
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XXVIII #2

—El patriotismo es un paso necesario, pero en realidad es solo el primero —coincidió el instructor—.

El siguiente paso, indispensable para erigir este nuevo imperio, es instituir un modelo multipolar que sustituya al actual orden unipolar de los atlantistas.

Tenemos que destruir Cartago, y solo Roma puede hacerlo.

Las palabras resonaron en la sala con tal intensidad que los alumnos del FSB casi contuvieron la respiración.

—Perdone, profesor, ¿está insinuando que... que Rusia tiene que destruir a Occidente?

—Chicos, ¿todavía no lo habéis entendido?

—preguntó el instructor, casi escandalizado—.

¿Cuál es el mensaje del cuento de Surkov?

¡El pueblo tiene que atacar a la ciudad!

¿Qué dijo Dugin? El nuevo orden tiene que deshacer el viejo, la tierra tiene que imponerse al mar, ¡Roma tiene que arrasar Cartago!

—Pero... pero eso es una misión imposible, profesor. Occidente es inmensamente poderoso. Tiene una economía fortísima y unas fuerzas armadas con tecnología sofisticada. ¿Cómo se destruye a Occidente?

—La doctrina militar rusa, inspirada en el Plan Dugin e instituida por nuestro jefe, el presidente Vladímir Putin, establece a Occidente como glavny protivnik , el enemigo número uno de Rusia.

¿Quién manda allí? Estados Unidos. Es ahí donde se asienta el poder de Occidente.

Si Estados Unidos cae, el resto caerá como un castillo de naipes.

Eso implica que tenemos que sabotear de forma sistemática e inapelable el poder estadounidense, hasta la destrucción total de su estructura geopolítica.

A la par, hay que trabajar el sentimiento patriótico de los rusos como etnia y desencadenar la expansión del nuevo imperio, del poder imperial ruso, para recuperar todos los territorios que nos pertenecieron.

Estableceremos nuevas fronteras y reformularemos las áreas inmediatamente adyacentes a Rusia.

Tenemos que asumir el control total de toda la costa que va desde los territorios de Ucrania hasta Abjasia. Lo que fue nuestro, a nosotros volverá.

—Perdone, profesor, ¿eso quiere decir que vamos a reconstituir la Unión Soviética?

—La Unión Soviética... sin los soviets, claro —aclaró el instructor—.

Fíjense, el Plan Dugin empezó a ponerse en práctica cuando entramos en Georgia en 2008.

Después, con la liberación de Crimea y el Donbás, en Ucrania, dimos otro paso, usando siempre las tácticas híbridas desarrolladas por el general Valery Guerásimov.

La Doctrina Guerásimov, establecida inmediatamente antes de la liberación de Crimea y el Donbás, parte del principio de que la naturaleza de la guerra ha cambiado, dado el enorme poderío económico de Occidente en general y el músculo militar de Estados Unidos en particular.

Por eso, hay que usar medios no militares, o militares enmascarados, para alcanzar objetivos políticos y estratégicos.

Debemos recurrir a medios asimétricos para reducir la capacidad de combate del enemigo.

—¿Cómo, profesor?

El instructor sonrió.

—Destruir a Occidente con un ataque directo es impensable —afirmó—.

Sería una catástrofe. Estados Unidos tiene un ejército inmenso y gasta en armas diez veces más que nosotros.

Además, está el tema de las armas nucleares.

—Movió la cabeza—. No, no podemos ir por ahí.

La sutileza es un arte y vosotros, si queréis trabajar en el FSB, tenéis que aprender a dominarla.

En vez de ataques de fuerza, tenemos que usar las tácticas híbridas y asimétricas propuestas por el general Guerásimov.

Para derrotar al enemigo, hay que minarlo por dentro.

Eso se hace con aktivnyye meropriyatiya , medidas activas.

Por ejemplo, atacarlo en el espacio de la información y obtener datos que nos permitan actuar en la propaganda para controlar a su población y hacer que tomen decisiones contrarias a sus propios intereses.

La idea se quedó flotando en el aire durante unos instantes mientras los presentes reflexionaban sobre ella.

—Profesor, ¿está diciendo que hay que meter caballos de Troya en las filas enemigas?

El rostro del instructor se iluminó.

—Veo que lo habéis entendido —dijo—. Con la Doctrina Guerásimov, daremos el paso más importante del Plan Dugin: neutralizar a Estados Unidos.

Además, tanto el Plan Dugin como la Doctrina Guerásimov se inspiraron en las propuestas de un excamarada de la KGB, Ígor Panarin, quien en 1998 propuso manipular los problemas internos de Estados Unidos, en particular el miedo a la inmigración masiva, para dividir a los estadounidenses y fragmentar el país.

Y si es posible, fomentaremos una guerra civil que fracture a toda la nación.

Esta es la pieza clave que permitirá la destrucción de Cartago y llevará a la caída de Occidente.

—¿Con tácticas híbridas y asimétricas?

—Siempre —confirmó—. El Plan Dugin prevé provocar un caos geopolítico en el seno de la vida doméstica estadounidense, fomentando el separatismo, los conflictos étnicos, sociales y raciales ya existentes en el país.

Tenemos que apoyar a todos los movimientos disidentes y a los grupos extremistas, racistas y sectarios que sirvan para desestabilizar los procesos políticos internos.

Para lograrlo, debemos respaldar las tendencias aislacionistas en la política estadounidense y las tesis de esos círculos, en concreto, los republicanos conservadores que creen que el país debería dedicarse en exclusiva a los problemas domésticos.

El objetivo es siempre el mismo: debilitar, desmoralizar, engañar y, finalmente, derrotar al enemigo.

Los alumnos del FSB comprendían que el Plan Dugin era audaz. Mucho. Pero no imposible de ejecutar. Dimitri, que hasta ese momento había permanecido en silencio, levantó la mano.

—Supongamos que logramos neutralizar a Estados Unidos y cortar sus lazos con Europa, dividiendo de esa forma a Occidente —dijo—. ¿Qué hacemos después?

—La pieza clave del plan es neutralizar a Estados Unidos —repitió el instructor—.

Lo demás será relativamente fácil. Como acabo de decir, si Estados Unidos cae, Occidente se desmoronará como un castillo de naipes.

Cartago está en manos de los anglosajones, por lo que, si alejamos a los estadounidenses, también tendremos que hacerlo con los británicos.

Eso se consigue convenciéndolos para que abandonen la Unión Europea.

Dimitri lo entendió al instante, así como todos los que se encontraban en la sala. En una semana estaba prevista la celebración de un referéndum sobre la permanencia o salida del Reino Unido de la Unión Europea.

—¿Insinúa que vamos a interferir en el referéndum británico?

El instructor lo miró, pero optó por no responder directamente a la pregunta.

—Lo que puedo decir es que la salida del Reino Unido sería muy beneficiosa para nuestra política —señaló—.

No solo debilitaría a Europa y a Occidente, sino también al propio Reino Unido.

¿Os dais cuenta del caos que se va a instalar en el país?

Perderán fuerza, y la guinda del pastel será tener que enfrentarse a los problemas que surgirán en Escocia e Irlanda del Norte, dos regiones que quieren seguir en Europa.

Quién sabe si no declararán la independencia, fragmentando al Reino Unido.

Un murmullo de excitación recorrió la sala. Una victoria del Brexit en el referéndum británico sería un verdadero golpe a favor de Rusia.

—¿Eso es posible, profesor? —preguntó Dimitri—. Los sondeos dan la victoria a los defensores de la permanencia del Reino Unido en la Unión Europea...

El instructor del FSB parecía muy seguro de sí mismo.