Chapter 28 #3
—Bueno… no sabría decir ahora mismo. Pero averigüémoslo —murmuro en su oído.
Su voz es tierna y el beso que deposita en la punta de mi nariz lo es más todavía.
—He soñado con esto día y noche.
Su confesión toca mi alma. Sonrío sintiendo el roce lento de su invasión, pero esa lentitud cobra cada vez más intensidad y unas fuertes punzadas me atraviesan el vientre.
De repente, me expande con un duro golpe de cadera, enterrándose completamente en mi interior.
—Mierda… —musito con un apretón de labios, mirando al techo.
—¿Bien?
—Sí —me río, crispada—. Y bueno… —me intento distraer, jadeante—. ¿Entonces qué nota tengo?
Separa su cabeza de la mía unos centímetros y me mira con rostro encendido. Acto seguido, coloca mis piernas en su cintura, obligándome a rodearle.
—¿Nota? —Se muerde el labio—. Esto acaba de empezar.
Sin verlo venir, estampa sus caderas con pasión y suelta un intenso gemido, provocándome un fuerte temblor en los muslos. No, Dios, no solo en los muslos. Me tiembla todo.
Álex acelera el ritmo hasta el punto de arrancarme un leve escozor que, poco a poco, se transforma en otra cosa.
Mi cuerpo termina adaptándose al suyo. La sensación de tenerlo dentro de mí es tan intensa como contradictoria: placentera y, en cierto modo, dolorosa.
Cada movimiento firme hace que un calor abrasador se extienda por mis venas.
—Uhmmm... —ronronea junto a mi oído—. Dime que quieres más, nena.
—Quiero más.
Aprieto las sábanas con fuerza cuando vuelve a intensificar el ritmo.
Casi sin darme cuenta, empiezo a acompasarme a él, atrayéndolo cada vez más hacia mí.
Mis piernas se cierran alrededor de su cintura mientras su forma hábil de moverse despierta una tensión deliciosa que se expande por todo mi cuerpo.
—¡Oh, joder!
Estoy peligrosamente cerca de perder el control, y él lo sabe.
—Mírame...
Me levanta más las rodillas y me acerca todavía más a él. Las embestidas implacables y el constante roce de nuestros cuerpos hacen que una sensación sublime se extienda por cada rincón de mi anatomía.
Sus labios encuentran los míos con una urgencia que contrasta con la serenidad de su voz apenas un instante antes.
—Y ahora agárrate fuerte, Aylin.
—¿Qué...?
Se incorpora sin apartar la vista de mí, con algo salvaje en su mirada. Me sujeta por la nuca y me atrae con firmeza hacia él. Golpea sus caderas contra mí con un ritmo feroz e implacable. Un escalofrío me recorre la espalda, incapaz de hacer frente a sus duras penetraciones.
Siento que la cabeza me da vueltas y las convulsiones no tardan en llegar.
Su sonoro gruñido de fondo y la fuerza indómita de los últimos golpes de cadera contra mí me nubla por completo.
El placer estalla con tanta intensidad que durante unos segundos soy incapaz de distinguir una respiración de la siguiente.
Todo mi cuerpo tiembla a base de latigazos en el vientre.
—Dios... mío...
Él se empuja más contra mí y me mira atentamente cuando me aferro a él, completamente vencida. Aprieto más los muslos en torno a su cintura y quedamos anclados de una manera íntima y emocionante. Sin dejar de mirarnos y sin ser capaces de controlar nuestras respiraciones.
—No metas a Dios en esto.
Lo miro fascinada mientras aprieto su nuca, buscando sus labios. Él me devuelve el beso con la misma pasión y entrega.
Me encanta besarlo. Sentirlo. Tocarlo…
—¿Sabes una cosa? —murmura, con la voz tomada.
Sus dedos ascienden despacio hasta la línea donde mis senos se juntan.
—Desde que te vi supe que acabarías siendo mía.
Niego con la cabeza, todavía inmersa en el torbellino de emociones.
—No puedo ser tuya, Álex. Estás casado.
Él levanta la mano, contempla un instante la alianza y esboza una sonrisa carente de humor.
—Eso no significa absolutamente nada.
Se retira lentamente y se apoya en un codo. Respira con dificultad.
—Pero...
Me interrumpe. Vuelve a atraerme hacia él y su mano rodea mi cintura con firmeza.
—Shhh... —susurra fascinado—. Eres mía, Aylin.
Lo dice con tanta calma que resulta imposible discutirle una sola palabra.
—Y nadie va a convencerme de lo contrario. Ni siquiera tú.
Sus palabras me dejan sin respuesta.
Durante unos instantes ninguno de los dos dice nada.
Permanecemos inmóviles, respirando el mismo aire, tan cerca que nuestras frentes terminan apoyándose la una contra la otra.
Su respiración sigue acelerada, al igual que la mía.
Nuestros pechos suben y bajan con el mismo ritmo, como si nuestros cuerpos intentaran acompasarse después de una tormenta.
Me acaricia la mejilla con el dorso de los dedos antes de depositar un beso lento sobre mi frente.
Me mira con las mejillas encendidas y extiende la mano para coger unas servilletas que hay en la mesita.
Se incorpora un poco y, con el mismo cuidado con el que me ha quitado la virginidad esta noche, me limpia.
Después me besa el hombro mientras vuelvo a incorporarme sobre los codos.
—¿Y mi nota?
—Tienes un notable —dice con picardía, dejándose caer sobre la cama a mi lado tras quitarse el preservativo.
—¿Y por qué no sobresaliente? —pregunto con un hilo de voz mientras me vuelvo hacia él.
Tengo unas ganas terribles de abrazarlo. De quedarme así. De memorizar este instante.
—Porque necesitas más práctica —contesta, haciendo que vuelva aquella seriedad que tanto le caracteriza.
Por supuesto. Él y su carácter exigente.
—No me quejo. —Sonrío—. Pero no olvides: el aprendiz superará al maestro.
Sin embargo, él no me sigue la corriente. Simplemente me abraza y acomoda mi cabeza sobre su hombro.
—Ya veremos. —Me rodea con uno de sus fuertes brazos y me besa la coronilla—. ¿Eres ya consciente de lo que te estabas perdiendo?
No le contesto, solamente alzo la mirada y acerco mi rostro al suyo. Nuestros labios se funden en un beso apoteósico mientras permanecemos abrazados, completamente inmersos en nuestro pequeño universo.
Estoy feliz, a pesar de todo.
De alguna manera, he terminado rindiéndome ante él.
Ante Brian Alexander Woods.
Ante mi profesor de Finanzas.
Y también ante mi… amante.
Para vivir este capítulo con mayor intensidad, te recomiendo escuchar
Middle of the night , de Elley Duhé.