Chapter 27 #3
—¡Eh, Brian! ¡Tranquilízate! —Intenta sujetarme y sigue mi mirada hasta comprender lo que está ocurriendo, pero ya es demasiado tarde.
Mi paciencia se ha agotado así que me levanto de golpe, dispuesto a partirle la cara. Mark reacciona antes que yo y corre hacia Clark, probablemente porque acaba de darse cuenta de que esto estallará.
—¡Stephen! Ven un momento. He recibido una llamada urgente y te necesito.
Cuando aquel baboso se aleja acompañado por Mark, me acerco a Aylin con la mandíbula tan tensa que me duele.
—¿Qué está haciendo? —pregunto terriblemente furioso.
Ella continúa fumando como si nada.
—¿No lo ve? —responde con desidia.
—¿Desde cuándo fuma?
—Desde hoy.
Su respuesta viene acompañada de una bocanada de humo directamente hacia mi cara. Esta mujer va a volverme completamente loco. Loco de deseo y de rabia, en igual medida.
—¿Estaba ligando con Clark? —La agarro del brazo.
—¿Ligando? —Se ríe mirando mi mano en su codo—. Solo estaba preparando el terreno para el trío que vamos a hacer esta noche.
Me quedo petrificado y, por un instante incluso dejo de respirar.
—¿De qué está hablando?
Rodeo su cintura y la atraigo contra mí, en cólera.
—¿¡Me quiere volver loco!? —bramo junto a su oído.
Ella abre mucho los ojos y adopta una expresión de inocencia que no me creo ni por un segundo. Después sonríe y vuelve a echarme el humo encima. No soporto el maldito humo.
Aprieto aún más la mano sobre su cadera, dispuesto a decir algo, pero ella se adelanta.
—¿No me ha traído a esta reunión para eso?
Sabe, señor Woods, llevo toda la noche preguntándome qué hago aquí porque, sinceramente, no he aportado absolutamente nada.
—Su tono se vuelve cada vez más desafiante—.
¿O es que el señor Clark no le parece adecuado para el trío?
Ah, claro... se me olvidaba. Lo tiene que elegir usted, no yo.
Me quedo mudo y empiezo a preguntarme seriamente si está borracha o si simplemente ha decidido vengarse de mí.
—¿O te convence más el otro? —Mueve la cabeza y señala a Mark, que está de pie hablando con Clark.
—No diga tonterías —balbuceo indignado, temblando—. ¡Nos vamos ya! ¡Coja su bolso! —ordeno.
Mierda. Tengo que sacarla de aquí cuanto antes.
—¡No me toques! —contesta mientras se aparta.
Maldigo para mis adentros mientras observo cómo se aleja entre las mesas del local. Mi mirada se desliza inevitablemente por el balanceo de sus caderas y por la manera en que aquel vestido se ajusta a su cuerpo mientras avanza hacia los baños.
Permanezco inmóvil unos segundos, siguiendo con la vista su silueta hasta que desaparece. Maldita sea, sé que cuando regrese, me la llevaré al hotel.
—¡Woods!
La voz de Clark me devuelve de golpe a la realidad.
El muy imbécil sigue mirando en la dirección por la que ha desaparecido Aylin y ni siquiera intenta disimularlo.
Se frota las manos con descaro, como si estuviera valorando una mercancía, y aprovecha que Mark se haya apartado un poco para atender una llamada.
—Vaya... —Sonríe—. No imaginaba que las putas de Boston fueran tan guapas.
Todo oscurece. No escucho nada más, ni la música, ni las conversaciones, ni siquiera el rumor del mar. El eco de esa palabra retumba en mis oídos.
Puta.
Ha llamado puta a Aylin.
Aprieto tanto el puño que noto mis propias uñas clavándose en la carne.
Y cuanto más procesan mis oídos la palabra que acaba de pronunciar, más noto cómo la rabia empieza a crecer dentro de mí.
Es una mezcla de furia y repulsión tan intensa que me deja sin aire durante un segundo.
Porque no solo ha estado observándola toda la puta noche.
No solo le ha recorrido el cuerpo con la mirada cada vez que ha tenido oportunidad.
No solo ha intentado tocarla con sus asquerosas manos.
Ahora se atreve a hablar de ella de esa manera.
De… ella.
«Respira, Brian. Piensa. No hagas ninguna estupidez».
Todo pasa por mi cabeza en apenas un segundo. Todo. No. Aprieto los dientes cuando Clark vuelve a sonreír. Error. Un único paso, eso es todo lo que doy. Cuando quiero darme cuenta, mi puño ya ha impactado contra su mandíbula.
—¡Maldito cabrón!
El golpe resuena por todo el local, algunas conversaciones se interrumpen y varias personas se vuelven hacia nosotros.
Clark cae hacia atrás de forma aparatosa, derribando incluso una de las sillas de la barra. Me mira completamente aturdido, mientras se lleva una mano al rostro. Cuando aparta los dedos, veo cómo la sangre empieza a brotarle del labio superior y le cae por la barbilla.
—¿Qué cojones te pasa, Brian?
Lo miro desde arriba porque su pregunta resulta hasta insultante.
—Te juro que te mataré.
Me observa sin dar crédito. Escupe sangre sobre el suelo y se limpia la boca con el dorso de la mano mientras intenta ponerse de pie.
—Estás loco, tío.
Me inclino sobre él vibrando de pura rabia, sé que le destrozaré esa maldita cara de cerdo. La sangre gotea de mis nudillos, pero cuando estoy a punto de darle otro puñetazo, alzo la cabeza. Entonces la veo. Aylin está a solo unos metros, mirándome horrorizada.