CAPÍTULO 47 #2
—La primera. La cuestión pequeña que no te hice al invernadero del lado oeste del lunes ocho a las diez y cincuenta y dos minutos, del miércoles diez al cabo con Cora al cuarto pequeño del lado este de Ashvere de las ocho y catorce, no se la hago hoy a la administradora doméstica de la planta noble.
Tampoco mañana. Tampoco el lunes próximo.
La cuestión pequeña, del miércoles diez, la había pasado a las cuatro semanas del cierre del cuarto de las cuatro semanas de la duquesa de Wyndham en Cumberland.
—Pero la carta del alguacil Hadley, Bryn, ha cambiado el cálculo del miércoles diez.
La cuestión pequeña, esta mañana del viernes doce al primer café al cuarto pequeño del valle de Wastwater, no se la hago a la administradora doméstica de la planta noble por la cinta del verde claro al puño derecho de la manga por la cara externa de la muñeca.
No te la hago, Bryn, hasta que el lado sur del valle de Furness, al cabo de las cenizas enteras del cottage del baronet difunto, te haya pasado al cabo.
Y, hasta el cuarto en que tú, Bryn, le digas al señor de la casa vecina del lado norte una cosa pequeña que la administradora doméstica de la planta noble, sin permitírtelo del todo, va a decidir si le dices o no.
—La cuestión pequeña, Bryn, es asunto del cierre del cottage del baronet de Furness del cuarto del valle. No del coche pequeño de Cumberland al cuarto del segundo café.
Bajo la cabeza.
—Comprendido, Cael.
Cael asiente medio grado.
—La segunda cosa pequeña, Bryn, y la cierro al cuarto del primer café de Wastwater.
La cinta del verde claro al puño derecho de la manga, esta mañana al primer escalón del coche pequeño, en mi cálculo del primer cuarto al cierre del jueves once de la noche anterior al cabo del cierre del segundo café del despacho del primer piso de Ashvere con la libreta personal del balance abierta sobre el secante y la hoja en blanco sin firma, no la espera al patio principal de Ashvere a las cinco menos cuarto del viernes doce el señor de la casa.
—Pero, Bryn. Está al puño derecho. En la cara externa de la muñeca. Hacia el patio del condado vecino del lado norte. Sin obligación del señor. Por decisión, según veo, de la administradora doméstica al cuarto sorbo de la madrugada del viernes doce. Sin pedirle permiso a la cabeza.
—Bryn. Bryn, decidió por su cuenta sacar la cinta del verde claro del cajón del doble fondo del primer piso de Ravenfell House al cabo del cuarto del cabo del jueves once a la madrugada del viernes doce.
Bajo la cabeza un grado.
—Sí, Cael. La administradora doméstica de la planta noble, decidió por su cuenta.
—La cinta del verde claro, lord Ashvere, esta mañana, no es del cottage del baronet de Furness.
—Eso ya lo guardo, Bryn. Cora me lo trasladó, pequeño del lado este de Ashvere de anoche al primer café de las ocho y catorce minutos. La cinta del verde claro es de Bryn Rowan del valle del este de Yorkshire de mil ochocientos doce, antes del baronet, antes del cottage, antes del fuego.
Asiento.
—Comprendido, Cael.
Cael baja la cabeza un grado entero.
Cobham, al cabo del cuarto del primer café del cuarto pequeño del lado oeste de la posada del valle de Wastwater, llama dos golpes pequeños a la puerta del lado este — el primer aviso de que los caballos del segundo cuarto del lado del segundo trimestre del viaje al lado sur del valle de Furness están listos.
Subimos al coche al cabo del primer café.
Bajamos al lado sur del valle de Furness al paso firme del segundo cuarto del segundo trimestre.
Llegamos al sendero del lado sur del valle al cabo del segundo café del mediodía.
Las doce y catorce minutos del viernes doce de junio de mil ochocientos dieciocho.
Cobham frena el coche pequeño al cuarto del lado del sendero del lado este del cottage del baronet difunto.
No al patio principal — el patio principal ya no está.
El cottage tampoco.
La cabeza, durante los segundos siguientes, no me pide permiso para sostener nada.
Lo único que la cabeza me deja hacer es bajar del coche pequeño al primer escalón.
Cael me ofrece la mano izquierda del descenso.
La cojo. La suelto al primer escalón del lado del sendero.
La caballeriza del lado del este, del paso del cochero, sigue donde estaba al invierno de mil ochocientos quince.
La caballeriza, sin permitirse el detalle, no se quemó.
La estructura entera, las dos plantas, el establo pequeño del lado oeste, el granero menor del lado norte, pasaron al cierre.
Las dos plantas no están.
El cuarto del semisótano donde el fuego empezó, tampoco.
El cuarto del primer piso del lado oeste donde la tía Hester me sostuvo durante el invierno de mil ochocientos quince, tampoco.
El cuarto del semisótano del veintidós de noviembre de mil ochocientos catorce, tampoco.
Cenizas.
Vigas caídas al lado del cierre del cuarto del primer piso.
Piedras del cimiento del lado del oeste partidas por el cuarto del calor del cierre del segundo cuarto.
La cocina del lado norte, dos pulgadas del muro de piedra del lado del este queda.
El armario menor del lado del corredor del primer piso, una mancha negra del lado del sur sobre la piedra del cimiento.
Y, al lado del patio del lado del este del lado del huerto del cuarto del rezo, una sola cosa de pie.
Un fresno pequeño.
El que el baronet plantó al patio del cottage al cabo del primer cuarto del verano de mil ochocientos catorce del primer aniversario de su madre al cuarto del rezo del lado del valle del oeste.
El fresno pequeño no se quemó.
No quiero reconstruir.
Y, al comprenderlo, algo dentro de mí termina de cerrarse.
La cabeza, durante unos instantes, no me pide permiso para sostener nada.
Cruzo al lado del fresno pequeño del patio del lado del este del lado del huerto.
Cael, cruza al lado del coche pequeño con Cobham. Sin acompañarme al lado del huerto. Sin permitirse el detalle del cuarto del lado del este. Lord Ashvere, al cabo del paso del cochero, sostiene al cochero del cuarto sin la propietaria por viudez al lado.
Yo me quedo al lado del fresno pequeño.
La cabeza, durante los cuatro minutos siguientes, no me pide permiso para sostener nada.
Apoyo la palma izquierda contra el tronco del fresno pequeño.
El tronco del fresno, del cierre del fuego del lunes ocho a la noche, sigue tibio. La piel del lado del oeste todavía tiene el calor. La piel del lado del este, no. El fresno pequeño ha pasado al cierre del fuego del lado del oeste sin permitirme el cierre del lado del este.
La cabeza me deja sostenerlo seis segundos.
Después la cabeza no me deja sostenerlo más.
Suelto el tronco.
Cruzo al lado del cierre del cuarto del semisótano.
La piedra del cimiento del lado del oeste, partida.
El cuarto donde el fuego empezó al cabo del segundo cuarto del lunes ocho a la noche.
El cuarto donde, al cabo del primer cuarto del primer invierno del veintidós de noviembre de mil ochocientos catorce del cuarto del rezo, el baronet de Furness, sin pedirme permiso a la cabeza, me hizo perder al bebé pequeño de cuatro meses al cabo del cierre del cuarto sorbo.
Las cenizas del cuarto del semisótano, esta mañana del viernes doce a las doce y dieciocho minutos del mediodía, no me piden permiso para sostener nada.
La cabeza no me deja sostener la palma sobre las cenizas.
Las cenizas no se tocan.
Cruzo al lado del cierre del cuarto del primer piso del lado oeste. La piedra del cimiento, ennegrecida. El cuarto donde la tía Hester me sostuvo durante el cierre del trimestre del invierno de mil ochocientos quince al cabo del cuarto del rezo del entierro del baronet, ya no está.
La tía Hester se fue al cierre del primer cuarto del trimestre de mil ochocientos diecisiete por la pulmonía pequeña del lado del valle del este.
Su cottage del lado del valle de Yorkshire, del trimestre de mil ochocientos diecisiete, pasó a la hermana pequeña.
Y el cottage del baronet de Furness, esta mañana del viernes doce, ha pasado a las cenizas enteras.
Lo cual significa, del lado del huerto del lado del este al cabo del segundo café del mediodía, una cosa pequeña.
La cosa es: ya no queda nada a lo que regresar.
La cabeza, durante el momento siguiente, me deja sostenerlo entero.
Apoyo la palma izquierda contra el tronco del fresno pequeño al cabo del cierre del cuarto.
Sostengo la palma durante los segundos siguientes.
Después la suelto.
Cruzo al lado del coche pequeño del lado del sendero del lado este.
Cobham, al pescante, ha decidido por su cuenta al cabo del cierre del mediodía cruzar al lado del cuarto del semisótano del lado del coche con el segundo caballo. Sin la propietaria por viudez al lado. Sin lord Ashvere al lado.
Lord Ashvere queda solo al lado del coche pequeño.
Sin sombrero. Sin sobretodo puesto. Con el sobretodo del condado al brazo izquierdo.
La cara, esta mañana del viernes doce a las doce y veintidós minutos del mediodía al lado del coche pequeño del condado vecino del lado norte al sendero del lado este del cottage del baronet difunto del lado sur del valle de Furness, sostiene una franqueza pequeña que no le había visto en dieciocho meses.
Cruzo hacia él.
Cael no se mueve del lado del coche.
La cabeza, durante unos instantes del cuarto del cruce al lado del coche, no me pide permiso.
Llego al lado del coche pequeño.
Me detengo a un paso de Cael.
La cinta del verde claro al puño derecho de la manga, esta mañana al cabo del mediodía al lado del coche pequeño del condado vecino al sendero del cottage del baronet de Furness, queda en la cara externa de la muñeca.
Levanto la vista a la cara de Cael.
Cael me sostiene la mirada.
La cabeza, en el segundo siguiente, no me pide permiso para sostener nada.
Lo único que la cabeza me deja hacer es lo siguiente.
Subo la mano izquierda al lado del cuello del sobretodo del condado de Cael.
La sostengo durante el primer segundo.