Capítulo 53
C allum me conduce por una angosta escalera hasta los matacanes del castillo.
Se acerca al borde y apoya los antebrazos en la parte superior del muro de piedra.
Yo me detengo a su lado. El calor de su cuerpo me protege del frío de la mañana.
La niebla reviste el lago más allá y unas espesas nubes envuelven las cumbres de las montañas.
Los pinares que se extienden a nuestra izquierda, cuyas cimas despuntan negras en la penumbra, se mecen al abrazo de la brisa.
Por un momento, nos amparamos en el silencio y en la sensación de paz que trae consigo.
Me pregunto si, como yo, duda de cuánto durará.
—Mi padre nos trajo a James y a mí aquí arriba la primera noche que pasamos en Madadh-allaidh —dice con la voz ronca—. Por allí está el enemigo, nos dijo. —Señala hacia el sur, más allá del bosque—. Y por allí está nuestro hogar —dice, inclinando la cabeza hacia las montañas del norte.
—Highfell.
—Así es. —Esboza una tenue sonrisa—. He pensado un millar de veces en lo que habría pasado si no me hubiera detenido en ese lugar, junto al lago, cuando vinimos aquí.
Si no te hubiera dejado sola esa mañana.
Debería haberte sujetado con fuerza, haber cabalgado contigo hasta que estuvieras a salvo en mi castillo, no haberte dejado marchar jamás.
Es lo más estúpido que he hecho en mi vida, y, sin embargo, esa noche, contigo, en la tienda, cuando dijiste que era apuesto…
—Dije que eras hermoso.
Él sonríe, con los ojos relucientes.
—Fue la mejor noche de mi vida.
Se me pone un nudo en la garganta. Su rostro, tan lleno de emoción…, es como contemplar el sol. Me veo obligada a apartar la mirada.
—También lo fue para mí, Callum. —Sacudo la cabeza—. Hablas del vínculo como si no hubiera elección…, como si yo no tuviera elección. Siempre la hay.
—¿Todavía lo crees?
—¿Tú no?
Él encoge un hombro.
—No puedes elegir si no eres libre. Estás atada a él, te guste o no. El Anam-Cridech es inquebrantable, creado por la mismísima Ghealach. No lo entiendo, pero, por alguna razón, ella ha decidido que tú y Blake seáis…
—Calla —interrumpo—. Te equivocas. Es decisión mía. Voy a romper el vínculo. Si el poder de la luna lo creó, entonces el poder de la luna puede destruirlo.
—Le he rezado cada noche. Le he rezado para que te entregara a mí, pero no ha respondido a mis plegarias.
—Mi corazón, mi cuerpo, mi alma… Yo soy la única que puede decidir a quién dárselos.
Se gira hacia las montañas con la tristeza patente en su rostro. Emite un sonido casual, como si no me creyera.
Exhalo un suspiro.
—Tal vez el Corazón de la Luna pueda romper el vínculo.
—Para eso estaría bien saber dónde está, pero lleva muchos siglos en paradero desconocido, princesa.
—Lochlan cree que mi madre llegó a tenerlo en algún momento.
—Eso dicen. —Se encoge de hombros.
—Tú pensabas que estaba en las Tierras Fronterizas la noche que nos conocimos.
—Correcto. Eso pensaba. Vine aquí arriba la víspera de mi viaje al sur.
Apenas había nubes en el cielo y Ghealach brillaba con fuerza sobre las Tierras Fronterizas.
Creí que era una señal. A lo mejor lo fue.
A lo mejor ella me guio hasta ti. —Se pasa una mano por la boca—. ¿De verdad quieres buscarlo?
—Sí.
Casi espero que cambie de idea, que me diga que no puedo hacerlo.
—Vale.
—¿Dejarás que lo haga?
—Aquí no estás a salvo. Ya no. Alexander quiere echarte el guante y yo todavía no tengo control sobre todos los lobos del reino.
No cometeré el error de confiarme de nuevo.
Los hombres de Alexander se están preparando para marchar sobre Madadh-allaidh y, cuando estalle la lucha, no puedo garantizar que nadie vaya a traicionarme.
—Se pasa los dientes por el labio inferior—.
Pero tampoco puedo dejar que viajes sola. No es seguro.
Un largo suspiro se condensa ante mis ojos.
—Quieres que vaya con Philip, ¿no?
—Ayer tuve una charla con él. Es bastante insoportable, pero no detecté aversión por su parte.
Es tu hermano. Te protegerá cuando yo no pueda hacerlo.
Le diré que vaya a por su reina de las Tierras Nevadas y que la traiga hasta aquí.
—Yo alzo la cabeza de golpe para mirarlo, con los dientes apretados para dominar el dolor que me atraviesa.
Él me dedica una sonrisa apática—. No para casarme con ella, sino para pedirle que se una a nuestra lucha.
No sé qué creer respecto al Dios de la Noche.
Creo que no tardaremos en necesitar un ejército más grande.
Dijiste que te gustaría ir a Glas-Cladach; su puerto es el más cercano a las Tierras Nevadas.
Puede acompañarte hasta allí, y te recomendaría que fueras con él hasta tu tierra de origen.
—Vale.
Él alza las cejas, como si no esperara que estuviera de acuerdo.
—Pensaba que iba a tener que pelearlo.
— Estoy peleando, aunque tú no lo hagas.
—Siempre supe que tenías fuego en el alma.
—Creí que te equivocabas al decir eso de mí, pero quizá… quizá sea cierto. —Lo miro a la cara—. ¿Qué vas a hacer con Blake?
Los enormes hombros de Callum relajan su postura.
—Acabaré por dejarlo marchar. No supone una amenaza para mí mientras estés fuera y no puedo arriesgarme a que le hagan daño mientras vuestras vidas estén ligadas.
Sabe Ghealach que aquí tiene tantos enemigos como yo.
Solo quiero asegurarme de que tú estés lejos del reino antes de que esté libre.
—Se estruja las manos en un gesto que le pone blancos los nudillos—. Irá a por ti, lo sabes, ¿no?
—Sí —musito—. Lo sé.
—Tal vez no sería tan malo que te encontrase.
Sus palabras me duelen.
—¿Por qué dices eso?
Se encoge de hombros.
—No te hará daño. Eso lo tengo claro. Debe de haber un motivo para todo eso.
Al principio pensé que Ghealach creó el vínculo porque deseaba que él fuera rey y así ambos podríais unir los dos reinos, pero no termino de encajar la idea de que mi diosa quiera a alguien del sur en nuestro trono.
Debe de haber otra razón. —Sacude la cabeza—.
Lo odio a muerte, pero creo que, en el fondo, hay bondad en él.
Yo también lo creí en su momento. Ahora, a veces, veo resquicios de ello; pero en una ocasión le dije a Callum que Blake podría no ser tan malo como pensábamos y él me dijo que me equivocaba.
—¿Qué te ha hecho cambiar de idea?
—El mozuelo de Lowfell. Alfie. He caído en la cuenta de por qué lo reconocí.
—Reparo en que nunca llegué a contarle que Alfie es hijo de Magnus—.
Así es como supe que James te había secuestrado —prosigue Callum—.
Blake envió un mensaje a Madadh-allaidh y Magnus contestó.
Estoy seguro de que Blake querría hacernos creer que retenía al chiquillo y a su madre como rehenes para tener ventaja sobre Magnus, pero el chaval era un torbellino: correteaba a sus anchas por el castillo, feliz, sano, sin ninguna disciplina.
—Sacude la cabeza—. No. Creo que les ofreció refugio en su castillo porque sabe que Magnus es un puto maltratador.
Creo que, al igual que yo, Blake sabe que no todos los hombres son aptos para ser padres.
—Eso no lo convierte en un buen hombre.
—No. Pero aviva mi esperanza de que pueda serlo en las circunstancias adecuadas.
Suspira. Su aliento se condensa frente a su rostro. La niebla se está disipando sobre el lago, lo que deja a la vista sus aguas plateadas. Cojo una piedra suelta del muro mientras sacudo la cabeza.
—Las cosas no tienen por qué cambiar.
—Las cosas ya han cambiado, queramos o no. —Su tono es duro. Quedo. Me arden las cuencas de los ojos, porque sé que tiene razón—. Nunca olvidaré la primera vez que puse los ojos en ti, en la pelea de perros. Ni cómo me sostuviste la mirada. Obstinada. Ardiente. Bella.
Alzo la vista al cielo
—Volveré contigo, Callum. Esto no es un adiós.
—Y yo te esperaré. Siempre —dice con una voz constreñida.
Se endereza y retrocede, con lo que sé que todo está a punto de acabar. No estoy lista. ¿Cómo iba a estarlo?
—¿Me abrazas? —pregunto con un hilo de voz. Dubitativa.
Él inspira profundamente. Un abismo se abre entre nosotros, lo que me hace pensar que se va a ir. Al moverse tras de mí, me llega su calor. Me rodea con los brazos para atraer mi espalda a su pecho y apoyar la barbilla en mi cabeza.
—Claro.
Yo me abandono a la solidez de su cuerpo, a su consuelo. Trato de contenerla, pero al final una lágrima caliente me surca la mejilla. Él sorbe por la nariz. Noto el latir de su corazón en mi espalda.
Juntos, envueltos en los brazos del otro, contemplamos el cielo sobre las montañas.