El príncipe de la noche (El rey de los lobos 2) Capítulo 49
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Capítulo 49

E n algún lugar bajo el castillo se encuentran los calabozos en los que Blake está encerrado.

No sé qué estará haciendo Callum. Supongo que trazando estrategias con los alfas por la amenaza proferida por Alexander.

O tal vez tranquilizándose después de nuestra bronca.

Estoy furiosa con los dos. Blake quemó las páginas y Callum se ha alejado de mí.

Al menos Blake pretendía decirme algo. Tengo claro que ahora no voy a poder llegar hasta él.

Me pesan los ojos, que tengo clavados en el ejemplar que saqué de la habitación de Blake. Tengo que leerlo, pero me da miedo.

Sus ojos me parecieron inusualmente honestos mientras se sentaba cabizbajo en el borde de su cama, con las manos juntas y la luz del fuego danzando sobre los músculos y las cicatrices de su cuerpo.

A lo mejor no quiero saber lo que ha estado a punto de decir.

A lo mejor ha hecho germinar una idea en mi alma: una explicación para el vínculo, para lo que James trató de demostrar y la reacción de Callum ante ello.

Quiero segarla antes de que sus raíces sean más profundas.

En una ocasión, Callum me habló de un fenómeno lobuno.

Cuando acababa de llegar y me pidió que me pusiera su collar.

Sonaba a una especie de vinculación, aunque no lo describió de esa manera.

Contemplo el compacto ejemplar y me pregunto si no habré estado buscando respuestas en el lugar equivocado.

Blake me arrebató dos libros de estos. Este lo tenía escondido en un cajón, como si pretendiera mantenerlo fuera de mi alcance.

Aparto el libro. Me dejo caer en los almohadones y me paso una mano por el pelo.

Tiro de él, lo que me hace sentir un escozor en el cuero cabelludo.

El viento aúlla contra los muros de piedra.

A mí me duele la boca y además tengo la piel tirante.

Me mordisqueo el dedo. Rasgo la piel y me arranco parte del lateral de mi uña.

Me incorporo. Al coger el libro, la sangre se desliza hasta el pergamino.

Lo abro y empiezo a leer las palabras pulcramente escritas. Es la historia de un alfa brutal que vive en un castillo y que secuestra a la hija del alfa de un clan próximo como venganza por un desaire que tuvo con él. Pero, al pasar tiempo juntos, empiezan a enamorarse.

No es sino hasta casi el final cuando me topo con ello. Ambos lobos comparten un vínculo. Se llama «Anam-Cridech».

El corazón me late en los tímpanos. Las palabras de la página se difuminan. Cierro el libro de golpe.

Las sombras se vuelven más oscuras. Yo estoy bajo el agua, desesperada por aire.

Pataleo hacia la superficie, pero hay algo que me agarra y me sumerge aún más.

Es esa idea y sus raíces profundas. La amputo.

Ojalá pudiera hablar con Elsie, pero se encuentra en Lowfell.

Recuerdo una cosa que me comentó: «Los escribía la antigua cocinera que teníamos aquí, en Lowfell».

¿Es posible…? Salgo a toda prisa de la cama, me pongo las zapatillas y cubro mi camisón con una bata antes coger el librito.

Es tarde, pero, con un poco de suerte, las cocinas no estarán desiertas todavía.

Paso de puntillas junto a Fergus, que se ha vuelto a quedar dormido, y bajo las escaleras hasta la planta baja del castillo.

Llego a una de las cocinas, en cuyo hogar arde un fuego.

La mujer a la que busco está de pie, de espaldas a mí, lavando los platos en un cubo rebosante de jabón.

—A estas horas ya deberías estar acostada, muchachita —dice la señora McDonald con una nota de advertencia.

Se gira y se cruza de brazos, de manera que las manos enjabonadas humedecen las mangas de su vestido marrón—.

Y desde luego no deberías ir por ahí así .

—Chasquea la lengua al apreciar cómo la bata, atada a la cintura, se adhiere a mis curvas.

Alzo el libro.

—¿Usted escribió esto?

Lo mira con los ojos entrecerrados. Vuelve a girarse.

—Así es, lo escribí yo. Hace ya mucho. Ahora ya no tengo tiempo para eso. ¿Por qué?

Las preguntas que amenazan con desbordarse por entre mis labios no impiden que curve las comisuras hacia arriba.

—Quién iba a imaginar que está hecha una romántica, señora McDonald.

—Ajá.

Me acerco a ella y me detengo junto a la encimera, al otro lado del cubo donde lava los platos.

La ventana da al jardín donde se cultivan las distintas hierbas.

Más allá, el viento agita el romero y los arbustos de tomillo.

No me atrevo a hacerle la pregunta cuya respuesta ardo en deseos de conocer.

—Escribiste sobre el Anam-Cridech en este libro —señalo.

—Sí. Es un fenómeno insólito, en realidad, pero siempre lo incluyo en mis novelas.

—El Anam-Cridech…, si dos lobos lo compartieran, ¿serían capaces de sentir las emociones del otro?

—A mí me gusta escribirlo de ese modo, pero lo cierto es que nadie lo sabe. Es raro que exista un vínculo así, y más raro aún que sea aceptado.

—¿Tiene que ser aceptado?

—Ah, sí, por supuesto. ¿Por qué lo preguntas?

—¿Y de qué manera se acepta?

Se encoge de hombros.

—Ni idea. El único lobo que yo conozco que haya experimentado el Anam-Cridech es James, pero no era muy dado a entrar en detalles.

Alzo las cejas.

— ¿James?

—Sí. Con esa muchacha a la que solía cortejar. Claire. O eso dicen los rumores, al menos. Se cuenta que ella lo rechazó, por lo que el vínculo nunca llegó a ser sólido.

Tengo el pulso disparado.

—¿Cómo puede romperse?

Ella ríe.

—¿Romperse? Una vez aceptado es irrompible. Tan solo la Diosa de la Luna tiene ese poder. —Retoma su labor—. No. El Anam-Cridech es eterno. Se dice que es un vínculo que sobrevive incluso a la muerte. ¿Por qué quieres saber…?

Yo ya me he dado la vuelta para salir de las cocinas con las piernas temblorosas. Me parece que le doy las gracias con un murmullo. Tengo la sensación de que tanto mi mente como mi cuerpo se encuentran en otra parte. Los pasillos se desvanecen a mi alrededor. Llego hasta las escaleras.

Un vínculo eterno, compartido por dos lobos, creado por la Diosa de la Luna, documentado en novelas de amor… Sería muy molesto para Callum. Me aferro a la barandilla y cojo aire.

«Ya lo sabes».

Me asaltan las náuseas. Recuerdo lo que Callum me dijo cuando llegué a Madadh-allaidh:

«Cosas de lobos. Extraordinario pero poderoso. Es más fuerte incluso que el amor. Dos almas elegidas por la Diosa de la Luna…».

Sé lo que es el vínculo.

Si sigo cierta dirección, me enfrentaría al alfa que me mintió y me engañó en los calabozos.

Si sigo la otra, acabaría frente al alfa que me ha ocultado una verdad que debe de llevar semanas sospechando.

Esa idea tan terrible y peligrosa ha echado unas raíces gruesas y tan profundas que apenas puedo respirar. Me enfrento a ello con todo lo que tengo. Lo reprimo, porque no puedo, y no quiero, que salga a la superficie.

No soy una liebre. No soy una presa. No soy un problema que se solucione metiéndolo en lo alto de una torre. No soy una princesa desvalida que necesite que la protejan de la verdad.

Alguien ha de pagar por esto.

Alguien pagará por esto.

Con el cuerpo tembloroso y el corazón retumbando en mi inquieto pecho, tomo una dirección.