El príncipe de la noche (El rey de los lobos 2) Capítulo 48
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Capítulo 48

T odo está tranquilo. Silencioso.

Es la calma tras la tormenta, una calma en la que se espera que todo vuelva a la normalidad a pesar de que el mundo se ha puesto patas arriba.

Estoy de pie junto a la chimenea de los aposentos de Blake.

Si no fuera por lo desordenado de las sábanas, por los rastros de barro que hay en el suelo entarimado como prueba de la llegada de los hombres de Lochlan, y por lo desbocado que me late el corazón, podría llegar a creer que no ha pasado nada fuera de lo común.

Callum ha movido ficha contra Blake por fin.

Ha decidido encerrarlo a pesar de que sabe que nuestras vidas están vinculadas.

Antes no lo consideraba una opción. Lo discutimos en una ocasión, en Lowfell, y llegó a la conclusión de que Blake se mataría de hambre o se haría daño a sí mismo para que me afectara a mí.

Pero Blake ni siquiera se ha resistido.

Callum no sabe qué hacer. Blake trama algo.

«Anam-Cridech». La palabra que designa el vínculo resuena en mi mente.

Qué cerca he estado de dar con una respuesta. Y, sin embargo, una parte de mí siente alivio por que se hayan llevado a Blake antes de que dijera nada. Sus palabras han calado en mí, y las temo.

«Una parte de ti lo sabe. Una parte de ti siempre lo ha sabido. Del mismo modo en que, en el fondo, Callum también lo sabe. Igual que siempre lo he sabido yo».

Me acerco a su escritorio y abro el segundo cajón. El secreto del alfa descansa en una esquina, envuelto entre los mapas. Lo cojo. Elsie me dio dos libros de estos. Dijo que eran muy esclarecedores. Blake me quitó los dos. En el momento no pensé nada al respecto; no obstante…

El suelo cruje a mis espaldas.

Me meto el pequeño y endeble tomo en el bolsillo antes de darme la vuelta. Callum está en el umbral de la puerta.

Sus ojos pasan de las sábanas desordenadas al lugar en el que estaba Blake hace escasos segundos. Sus fosas nasales aumentan de tamaño y a mí se me acelera el pulso.

¿Creerá que ha pasado algo inapropiado entre nosotros?

¿ Ha pasado algo inapropiado entre nosotros?

Me he obsesionado tanto con conseguir el pergamino que he dejado que el instinto tomara las riendas.

No he reflexionado demasiado acerca de dónde me encontraba o a quién estaba provocando.

He tocado una fibra peligrosa. Aunque me arden las mejillas, un extraño frío se extiende bajo mi piel.

Desde luego, no es adecuado que una dama visite la alcoba de otro hombre, pero estaba enfadada. Estaba peleándome con él. Pretendía obtener alguna respuesta para Callum, así como para mí. Aun así, me embarga la vergüenza.

Me da la impresión de que él se está enfrentando a su lobo. Respira con fuerza y tiene los puños apretados. Su expresión bien podría haber sido tallada en piedra. Soy consciente de que él solo oculta sus emociones cuando se siente amenazado.

—Callum. —Camino hacia él.

Él retrocede como si lo hubiera empujado. El pánico se adueña de sus facciones. Da media vuelta y sale de los aposentos de Blake.

—Callum —llamo, apresurándome tras sus pasos.

Él no baja el ritmo, por lo que no consigo alcanzarlo.

—¡Callum!

Frena delante de la puerta de su habitación, aferra la parte superior del marco y se inclina hacia delante. La amplitud de sus hombros lleva al límite su camisa. Apoya la frente contra la puerta.

—Su olor está por todo tu cuerpo.

—No es lo que piensas.

Suelta una carcajada amarga, carente de su calidez habitual.

—Te ha tocado.

—Intentaba conseguir respuestas…

Se da la vuelta. El lobo asoma a sus ojos.

—¿Has estado en su cama?

—Sí, pero no es…

Emite un sonido grave, cierra los ojos y se muerde los nudillos. Un hilo de sangre le recorre el puño antes de caer contra las baldosas. A juzgar por lo entrecortado de su respiración, no parece proporcionarle ningún consuelo.

—Callum, por favor, tranquilízate. —Intento agarrarlo de la muñeca para que deje de hacerse daño.

Él se aparta de mí y se da en la espalda con la pared. Deja caer el brazo a un lado. La sangre sigue salpicando el suelo. Cuando abre los ojos, yo casi me echo atrás, intimidada por la ferocidad de sus ojos.

— No —masculla.

—Lo siento. Solo…

—¿Lo deseas?

—¡No!

—¡Soy un lobo, princesa! —Se golpea el pecho con la mano en un gesto que hace que me estremezca. Parpadea para diluir la pátina húmeda que hay en sus ojos y sacude la cabeza—. Te vi bailar con él, ¿sabes? En el festín de Lowfell.

El recuerdo de Blake haciéndome dar vueltas en la pista de baile relampaguea en mi memoria. Niego con la cabeza. No puede hablar en serio.

—No es algo que te ocultara. Intentaba sonsacarle información —digo, con un timbre de súplica, ruego y desespero que no puedo sino odiar.

Un músculo se contrae en la mandíbula de Callum.

—¿Es eso lo que estabas haciendo ahora en su cama?

— Sí.

Vuelve a emitir ese quejido grave. Mi respiración suena entrecortada. He tenido que tragarme una tormenta y necesito de toda mi fuerza de voluntad para mantenerla bajo control.

—Si te tranquilizas, te explico lo que ha pasado. Vayamos dentro y hablemos como seres humanos racionales.

—Yo no soy humano, princesa. —Cada una de sus deliberadas palabras, pronunciadas mientras se acerca a mí, resulta áspera. El calor que destila su cólera me quema la piel—. Soy un lobo.

—Ahora mismo te pareces más a un bruto —replico con frialdad, aunque una parte de mí agradece su ira, como si la hubiera estado esperando.

Destrocémonos mutuamente, gritemos y chillemos para liberar lo que llevamos dentro. Que, por una vez, me someta a su furia sin que le dé miedo que no pueda soportarlo.

Un quejido frustrado reverbera en mi pecho. Él sacude la cabeza y dirige su atención a una de las antorchas titilantes del pasillo.

—No puedo hablar contigo mientras huelas así.

Pasa por mi lado y recorre el pasillo en dirección a la escalera.

—¡No me dejes aquí plantada, Callum!

—Date un baño —masculla—. Y ya lidiaré contigo después.

La indignación me incendia las venas.

—¿Lidiar conmigo?

—¡Sí, lidiar contigo!

—¿Qué es el «Anam-Cridech»? —pregunto.

Él frena en seco. Los músculos de su espalda se estremecen. Contrae la mano a un lado. Se me retuerce el estómago ante su reacción. Blake tenía razón. Callum sabe lo que es.

—¿Dónde has oído esa palabra? —pregunta.

La frialdad se adueña de mis huesos.

—¿Qué es, Callum?

Él se yergue. No se gira.

—Date un baño. Hablaremos más tarde.

—No, vamos a hablar ahora…

— No me sigas.

Sus palabras son como una orden que mi cuerpo no sabe ignorar, tan vehementes que casi me tiran de espaldas al suelo. Lo siento en mis entrañas: el sabor de la brisa de montaña en el paladar. Su exigencia somete el arrebato de rebeldía que late en mi pecho.

Ha utilizado su voz de alfa, su voz de rey, con la intención de doblegarme, como cuando Blake usó el Àithne. No tengo claro que sepa que lo está haciendo.

Cojo ese poder y me lo quito de encima con la misma facilidad con la que lo hice en el caso de Blake. Lo veo alejarse. Sin aliento. Alterada.

Pero no lo sigo.