El príncipe de la noche (El rey de los lobos 2) Capítulo 41
66%

Capítulo 41

M atrimonio? —repite Callum con una ceja arqueada.

La conmoción me atraviesa el cuerpo.

Philip ha venido con una propuesta matrimonial para Callum de parte de la reina de las Tierras Nevadas. Entre todas las razones que podría haber conjeturado para explicar su presencia en las Tierras del Norte, nunca habría dado con esta posibilidad. Habría preferido que viniera a por mí.

—Veo que he tocado una fibra sensible, hermanita. Me sabe mal —dice Philip.

—Explícate —exige Callum… cuando lo único que necesito que diga es un simple y llano «no».

—Hace unos treinta años, nuestra madre fue enviada por nuestra abuela a las Tierras del Sur —dice Philip—. Las Tierras Nevadas estaban siendo devastadas por una manada muy devota del Dios de la Noche.

—Los lideraba alguien llamado el lobo Sombrío —digo yo—. Leí sobre ello en uno de los libros de Blake en Lowfell.

—Sí —dice Philip—. No conozco los términos exactos del acuerdo, pero nuestra madre se casó con padre porque accedió a ayudar a los lobos en su lucha contra el lobo Sombrío.

Al final los vencieron, pero últimamente ha habido un renacer en su manada.

Son más fuertes que antes. Sienten más determinación.

Por lo que parece, creen de verdad que esta vez tienen posibilidades de liberar al Dios de la Noche.

Hay rumores que dicen que la llave de su prisión está en las Tierras del Norte y que un lobo al que llaman el príncipe de la noche la está buscando.

No pasará mucho tiempo hasta que tengáis que enfrentaros a la misma amenaza con la que hemos estado lidiando nosotros. Debemos unirnos.

Callum se pasa una mano por la barbilla, lo que hace que me pregunte si estará pensando en todas las cosas extrañas que han sucedido en las Tierras del Norte últimamente: templos de Noche que han vuelto a tener actividad; lo desesperada que estaba Claire por una alianza debido a los insólitos asesinatos que están teniendo lugar en el norte; la declaración de Kai de que se enfrentó a uno de los prisioneros de Noche…

Philip asiente en mi dirección.

—Mi padre nunca accederá a un compromiso entre vosotros dos, por lo que las posibilidades de establecer una alianza con las Tierras del Sur son nulas.

Lo que te estoy proponiendo… es un enlace muy lógico.

No has visto las cosas que he visto yo. —Callum abre la boca, pero Philip alza los dedos para impedirle decir nada—.

No tienes que contestar ahora. Piénsalo. Voy a quedarme un tiempo.

La expresión de Callum es pétrea.

—Cuando contraiga matrimonio será por amor, no por política.

—Si es así, tal vez no estés listo para ser rey —replica Philip.

—Mira quién habla —tercio yo.

Él se encoge de hombros.

—Es diferente. Yo soy heredero al trono. Un día, las Tierras del Sur serán mías, esté listo para reinar o no.

Qué petulante, necio e insoportable eres. Me juego el cuello a que preferiría dejar que nuestro reino se sumiera en la ruina antes que cumplir con las obligaciones que le exigiría el cargo de rey.

—Estaba tomando algo en una taberna no muy lejos de aquí —continúa— y lo que se cuenta es que no todo el mundo apoya tu ascenso al trono.

Creen que simpatizas con los sureños. No creo que falte mucho para que te reten, y entonces ¿qué?

Guerras constantes entre tu gente cuando una guerra aún mayor está a la vuelta de la esquina.

Una alianza con otro reino lobuno sería lo inteligente.

—Se encoge de hombros—. Y una pura cuestión de apariencia.

Podrías seguir adelante con lo que sea que es esto —dice, agitando la mano entre nosotros, sin que su muñeca se haya separado del reposabrazos.

El grave gruñido de Callum reverbera por la enfermería.

—No cuestiones mi honorabilidad. La respuesta es no. Cuando despose a una mujer, me entregaré a ella por completo: en corazón, cuerpo y alma. Y esperaré lo mismo por su parte. No aspiro a menos.

—¿Por qué no te ofreces tú a Ingrid como posible cónyuge? —le pregunta Blake a Philip.

Siento una punzada de curiosidad que no es mía.

—La última vez que mi reino se alió con las Tierras Nevadas no fue muy beneficioso para ellos.

—Una sombra se cierne sobre los ojos de Philip.

Cuando la seriedad se adueña de su tez pecosa y sus labios tensos, adquiere el aspecto del príncipe que debería ser, en vez de ese desperdicio de espacio y aire que sé que es—. Ingrid no se casaría conmigo.

Son varias las preguntas que burbujean en mis adentros. Hay muchas cosas que quiero saber. Me pregunto qué ha averiguado en las Tierras del Norte y si sabe que madre era una loba.

—Hablaremos de esto más tarde, Philip —le digo.

—Siempre fuiste insufriblemente mandona, hermanita.

Entorno los ojos.

—Y tú insufrible a secas.

La puerta de la enfermería se abre de golpe para dar paso a Lochlan y Jack.

Philip enmudece al ver que el segundo se acerca a él.

—¿Es este el heredero al trono de las Tierras del Sur? —Por primera vez, Philip parece incómodo. Jack le toma la mano a la que le falta un dedo y chasquea la lengua—. Cielos, ¿qué ha pasado?

—A mí me interesa más esto. —Lochlan se acerca y coge el cuello alto del abrigo de mi hermano antes de echarlo a un lado.

La tinta repta por su clavícula hasta perderse en el hombro.

Debe de ser un tatuaje nuevo; no lo tenía cuando vivíamos en las Tierras del Sur—.

He oído que los guerreros más letales de las Tierras Nevadas portan esta clase de marcas.

Philip se remueve en la silla para forzar que la tela vuelva a su sitio y mi mofa muere en mi garganta.

Su semblante es severo. Sus ojos resultan glaciales; una mirada que no he visto antes. Su rostro… La manera que tiene de mirar a Lochlan… Por primera vez en su vida, parece peligroso.

Hasta que parpadea y una sonrisa brota entre sus facciones.

—El resultado de una noche desmadrada y demasiado hidromiel en los muelles de Ciudad del Rey.

Callum exhala un suspiro.

—Si Alexander está planeando un ataque, no tengo tiempo de ocuparme de un príncipe mimado. Blake, averigua lo que puedas y deshazte de él. —dice mientras observa cómo Lochlan coloca una silla junto al catre de Kai y se deja caer en ella—. ¿Alguna novedad?

—Ninguna —responde Blake.

Philip se endereza.

—No pienso irme. No hasta que accedas a hablar con Ingrid.

Callum se encoge de hombros.

—Ya tienes tu respuesta. No te obligaré a irte, pero mi gente te hará trizas como te quedes. Y no te protegeré. —Camina hacia la salida de la enfermería—. Princesa, deja que te acompañe hasta tus aposentos.

Las ganas de saber más sobre lo que ha estado haciendo Philip se enfrentan a la necesidad que tengo de mantener una buena conversación con Callum. Mi doliente corazón resulta vencedor de la contienda y lo sigo hasta el pasillo.

Al alejarme, siento en mí el peso tanto de los ojos de Blake como de los de mi hermano.