Capítulo 40
P hilip, el príncipe de las Tierras del Sur y heredero al trono, es un lobo.
Callum se acerca más a mí, como si, por primera vez, percibiera que mi hermano es una amenaza. El aroma a montaña que desprende me envuelve como una capa protectora mientras tensa los músculos.
Soy idiota por sorprenderme, pero, con todo lo que está pasando, no he dedicado mucho tiempo a pensar en mi hermano.
Si nuestra madre era una loba, era de esperar que mi hermano también fuera medio lobo, como yo.
Aunque ha cambiado sus ojos a voluntad. Sus fosas nasales aumentaron de tamaño al hablarle a Isla de su olor, y ha dado a entender que oye los latidos de su corazón. Le he dicho que no había cambiado nada.
«Te sorprendería» ha sido su respuesta.
Ha transitado el cambio. Lo mordieron y fue lo suficientemente fuerte como para sobrevivir. Es más lobo que yo. Qué típico de él triunfar allí donde yo he fracasado.
El pánico me arrolla. Los ojos de Philip confirman que soy una loba.
«¿Por qué no me transformé?».
Isla retrocede. Por cómo se ha ruborizado, comprendo que esto la ha pillado desprevenida. Resopla.
—Es irrelevante que tengas algo de lobo en la sangre. Nunca serás uno de nosotros, principito. —Cabecea para señalar la pequeña daga de Blake—. Además, yo no juego con juguetes rotos. —Se pasa el pelo por detrás del hombro, me lanza una mirada desagradable y sale de la habitación.
Philip suspira con dramatismo.
—Creo que me he enamorado.
—Acabarás muerto antes de lo que crees como no controles tus modales —indica Callum mientras se cruje los nudillos con solo apretar el puño—. ¿Sabías que era un lobo?
Abro la boca para responder. Es a Blake a quien mira.
—Era cuestión de lógica, teniendo en cuenta la condición de tu mascota —replica Blake—. Además, sé qué lobo lo mordió.
Se me hielan las entrañas.
—¿Qué? ¿Estabas al tanto de esto y no dijiste nada?
Blake pone los ojos en blanco.
—No lo he sabido todo el tiempo. Di por hecho que el curandero de palacio impidió que el veneno del lobo lo matara.
Cuando vi que lo mandaban a la guerra, me pregunté si el veneno lo habría matado y tu padre lo habría ocultado.
No fue hasta que te conocí a ti, pequeña liebre, que empecé a sospechar otra cosa.
Hace no mucho que envíe a Jack para que intentara dar con él.
Los rumores aseguraban que, nada más llegar a territorio extranjero, Philip abandonó el campamento y se perdió en algún lugar más frío, sin que volviera a saberse nada de él.
Dime, Philip, ¿qué tal tu visita a las Tierras Nevadas?
Me giro hacia mi hermano y, por primera vez, la curiosidad se impone a mi aversión.
—¿Fuiste a las Tierras Nevadas?
—Sí —contesta él—. Y en cuanto a qué tal por allí… —Menea su dedo sin punta—. Estaba bastante frío. Se me gangrenó la carne en cuestión de días.
—Eh…, ¿qué…? ¿Por qué? —farfullo.
Philip pone los ojos en blanco.
—¿Por qué crees, hermanita? —«Para averiguar más cosas sobre nuestra madre»—. Quizá deberíamos dejar la charla familiar para más tarde. —Señala las ataduras de sus muñecas y tobillos con la cabeza—. Después de esta tortura tan innecesaria.
—Dinos lo que estás haciendo aquí y no te haremos daño —dice Callum.
—Soltadme y lo vemos —replica Philip.
Callum y Blake cruzan una mirada.
—Sabemos por qué está aquí —digo yo—. Ha venido para llevarme con mi padre.
—No todo gira en torno a ti, querida hermana. No he venido a por ti. Hace solo unos días que me enteré de que estabas aquí.
—Entonces ¿ por qué estás aquí? —inquiero.
Él asiente hacia Callum.
—He venido por él .
Callum ríe. Con los brazos cruzados, mira a Philip de arriba abajo.
—¿Has venido a por mí?
—No para matarte. ¡Diosa de mi vida! ¿Aquí todo es cuestión de violencia o qué?
Me envía Ingrid Erickson, alfa de la tribu de los Vástagos del Hielo.
Cree que un servidor de Noche pretende liberar al dios oscuro de su prisión.
Hará falta un ejército para repelerlos a él y a sus seguidores.
Tiene un mensaje para el rey de los lobos.
Callum frunce el ceño.
—¿Qué mensaje?
—Quiere formar una alianza que una los dos reinos de los lobos —explica Philip—. Desea tu mano en matrimonio.