El príncipe de la noche (El rey de los lobos 2) Capítulo 35
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Capítulo 35

U n denso silencio invade la enfermería.

—Que esta conversación no salga de aquí, Blake —dice Callum.

Aquel asiente. Lochlan abre mucho los ojos y empieza a ponerse de pie con la mano en la empuñadura de su acero.

Callum le envuelve el cuello con el brazo y lo obliga a agacharse de nuevo.

Yo ahogo una exclamación al ver cómo Blake coge algo del banco de trabajo y se lo suministra a Kai en el cuello.

Lochlan, con la cara roja, ruge y se revuelve contra Callum.

—Tranquilo —dice Blake. Kai cierra los ojos y su cuerpo se relaja. Él saca la aguja—. Es un sedante. Tendré que interrogarlo más tarde.

Callum suelta a Lochlan antes de caminar junto a Fiona y junto a mí, como si no fuera consciente del lobo que asoma a los ojos de Lochlan.

—¿Podemos hablar, por favor, princesa?

Yo intercambio una sonrisa preocupada con Fiona y voy tras él con el corazón desbocado.

Callum avanza deprisa por el castillo. Yo casi tengo que correr para seguirle el ritmo.

Pasamos junto a los soldados armados y apostados que lucen los colores de Lochlan.

Unas voces ruidosas me llegan desde el Gran Salón. La tensión crepita entre nosotros.

Imagino que Callum pretende conducirme hasta nuestros viejos aposentos para conversar en privado, pero entonces toma la dirección opuesta. Camino a su lado por un pasillo de ventanas estrechas que dan paso a la luz de la mañana. Abre una puerta que hay al final y entramos en una habitación inmensa.

Lo que más llama la atención es una cama con un dosel de columnas historiadas, cortinas de terciopelo rojo y un montón de pieles.

También hay pinturas y armas decorando las paredes, y sobre la cama cuelga el tartán rojo de Highfell.

Hace frío porque no hay ninguna chimenea encendida.

El aire desprende un aroma a helecho y a hierro.

—Los aposentos de James —murmuro.

Callum traga saliva.

—Sí.

Observa la habitación antes de dirigirse al escritorio que hay junto a una de las tres estrechas ventanas y limpia algo de la superficie. Los músculos de su espalda se tensan bajo la tela de su camisa. Exhala un suspiro.

—No es el Corazón de la Luna. —Se gira. Sostiene una gema redonda y blanca en la mano: la gema que Sebastian le dio a James a cambio de que me entregara—. Estaba seguro de que no lo sería… De lo contrario, la habría usado contra mí. Sin embargo, tenía una brizna de esperanza.

—¿Estás seguro?

—El Corazón de la Luna es una antigua reliquia arrancada del pecho de nuestra diosa sagrada. Sentiría algo si me topara con ella, si la tocara. Despertaría a mi lobo. Sentiría su presión contra mi piel. —La tira en la cama—. Esto no me transmite nada.

Yo le regalo una sonrisa apenada.

—Ya te dije que no iba a cambiarla por mí.

—Sí, lo dijiste. Qué estúpido.

El silencio se propaga entre nosotros. Que esté al otro lado de la habitación no me impide percibir su olor: la sangre y el sudor se mezclan con su fragancia montañesa. Se endereza y tensa la mandíbula. A mí se me seca la boca. La manera en la que me mira…

Casi se me había olvidado lo intimidante que puede llegar a ser este alfa…

No. Este rey . Incluso mi padre se acobardaría ante él.

Salta a la vista que está enfadado, disgustado por lo sucedido con Blake, aunque él permitió que ocurriera.

También yo estoy enfadada. Aun así, anhelo su consuelo y también consolarlo.

Acaba de matar a su hermano, al que hasta hace no mucho servía como segundo al mando. Debe de albergar sentimientos muy complejos al respecto.

Doy un dubitativo paso al frente.

—Callum.

No estoy segura de si se trata de la incertidumbre de mi voz o de la vulnerabilidad, pero hace que su oscuridad se disipe.

Ahoga el espacio que nos separa y cae de rodillas a mis pies con un golpe seco.

Me envuelve la cintura con los brazos y presiona la frente contra mi estómago.

Me invade el alivio. Sigue siendo mi Callum.

Me sujeta casi con demasiada fuerza, pero quiero que apriete más.

Yo coloco las manos en la parte trasera de su cabeza mientras él murmura algo en mi vestido en una lengua que me es desconocida.

—Ghealach, princesa. —Hay una pátina acuosa en su mirada. La sangre que mana de su nariz se añade a la de Blake en mi vestido—. Lo siento mucho. Lo siento mucho, joder. Debería haber estado ahí. Debería haber llegado antes.

«Haz lo que te pide».

Parpadeo.

—Creí que estabas enfadado conmigo.

Él se roza el hinchado labio inferior con los dientes.

—Estoy enfadado. Y furioso. Y celoso. Quiero sacarle las entrañas de cuajo a Blake, y, si no estuvieras…

conectada a él, como es el caso, ya lo habría hecho.

Y estoy aliviado. Tanto que siento que podría salir volando de mi cuerpo.

Me alegro mucho de verte, joder, de tocarte, de saber que estás bien.

Algo se endurece en mi interior y me obligo a pasar por alto lo injustificado de la ira que siente. Él tiembla en cuanto le acaricio la nuca con las yemas de los dedos.

—¿Cómo llevas lo de James? —le pregunto. Pienso en mi propio hermano, al que desprecio, pero soy incapaz de imaginar cómo sería acabar con su vida—. Sé que teníais una relación complicada, pero tienes derecho a llorar por…

—No está muerto.

Me quedo quieta.

—¿Cómo? ¿No has vencido en el desafío?

Sus hombros se vuelven de piedra, como si acabara de tocar un tema delicado.

—Perdió. Lo dejé fuera de juego y me ocupé de la lucha contra los sureños. Pretendía lidiar con él más tarde. Debió de recobrar la consciencia y escapar.

Se me enfría la sangre en las venas. El recuerdo de los dientes de James cuando los hundió en mi carne relampaguea en mis párpados. El rugido que emitió cuando le pasé los dedos bañados en acónito por las mejillas resuena en mis oídos.

—Volverá para retarte, Callum.

Él me aprieta la cadera y después se pone de pie.

—Y volveré a vencerlo. He mandado a Ryan tras él.

—¿A Ryan? —pregunto con incredulidad.

Un músculo se tensa en su sien.

—Sí, a Ryan. Es como un hermano pequeño para James. No creo que vaya a hacerle daño. Cuando sepa dónde está, pondré fin a este asunto de una vez. —Sacude la cabeza—. Pero ahora parece que tenemos problemas más gordos.

—Alexander.

—Sí.

Un nuevo y pesado silencio cae sobre nosotros.

Es extraño. Incómodo. Normalmente, sus emociones son fáciles de leer, pero ahora tiene una expresión impasible.

Aquello que no se ha dicho flota entre nosotros.

Sé que tenemos que pronunciarlo en voz alta, algo que no estoy acostumbrada a hacer. Junto las manos.

—Callum…

—Tengo mucho de lo que ocuparme a lo largo del día de hoy —corta él con un carraspeo—.

He hecho que preparen tu antigua habitación.

La que está en la torre, en la que te quedaste cuando viniste por primera vez.

—Alzo las cejas, pues daba por hecho que compartiríamos aposentos, como en Lowfell—.

Yo no estaré en mi alcoba en todo el día.

Tengo que alojar a los hombres de Lochlan.

Rob ya está intentando socavar mi autoridad y necesito controlarlo si Alexander pretende atacar.

Me pareció que estarías más a gusto por tu cuenta.

Me siento herida.

—Lo que ha pasado con Blake…

Él cierra los ojos.

—Por favor, no. Ahora no.

—Callum, sé que estás disgustado…

Abre los ojos.

—No estoy enfadado contigo, Rory, si es lo que piensas. Mi lobo… No tengo el control ahora mismo. Necesito un poco de tiempo para aclararme, eso es todo.

—¿Aclarar el qué?

Se pellizca el puente de la nariz.

—No lo sé. Todo. Cosas que no entenderías.

—¿Qué cosas?

—Ahora no. Ve a descansar. Has tenido una noche dura. Hablaremos de ello más tarde, lo prometo.

Deposita un beso en mi frente con unos labios que noto rígidos. Camina hasta la puerta, la cruza y me deja sola.

Me arden las cuencas de los ojos. Quiero gritar. Hundo los dientes en mi dedo y me recreo en la sangre que se derrama en mi boca.

Sabía que Callum estaría molesto, pero yo también lo estoy.

He estado secuestrada y retenida en contra de mi voluntad.

Me humillaron en una sala llena de hombres.

Me sentía impotente, y él no solo estaba allí para presenciarlo, sino que lo fomentó.

Casi me disparan y Alexander ha intentado llevarme con él. Nada de eso es culpa mía.

Soy consciente de que está bajo mucha presión ahora mismo, pero creí que le importaba lo suficiente como para que me concediera, al menos, una conversación.

Mi mente bulle con todo lo que ha pasado desde anoche.

Inspiro con fuerza al recordar una cosa. James dijo que había visto algo interesante en un libro que encontró en los aposentos de Blake. ¿Se estaría refiriendo al tomo que tenía información acerca del vínculo?

El vínculo lo complica todo. Ahora que Callum se ha hecho con el trono, no pasará mucho tiempo hasta que lo use contra nosotros.

Todo el mundo está distraído. Blake está en la enfermería. Aunque estoy agotada, no creo que vaya a haber un momento mejor para intentar conseguir el libro.

Quiero saber exactamente en qué consiste esta vinculación nuestra para así poder romperla.