El príncipe de la noche (El rey de los lobos 2) Capítulo 21
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Capítulo 21

U na vez trabé amistad con un hombre en las Tierras del Sur» —dice Blake, repitiendo la historia que le conté en una ocasión.

Empuja a Alexander de la silla para hacerlo caer al suelo.

Se vuelve y se inclina sobre la mesa a mi lado, de manera que su muslo queda muy cerca de mi mano cerrada—.

«Mi padre creyó que conspiraba contra él y me ordenó que le concediera un baile, me sentara a su lado y le llenara la copa.

Era un tipo retorcido y cruel…». —Una comedida sonrisa se abre paso por el rostro de Blake—.

No me extraña que te alarmaras tanto al enterarte de que Alexander no estaba muerto.

Me cruzo de brazos.

—Muy bien. Ya has descubierto mi secreto.

Blake ríe.

—Y yo pensando que querría casarse contigo y consagrar así su posición en las Tierras Fronterizas, pero parece que tiene razones personales para querer vengarse de ti también.

—No me siento mal por lo que hice. Deberían haberlo ejecutado.

—Imagino que él no comparte ese sentir.

Exhalo un suspiro.

—Búrlate todo lo que quieras, Blake, pero uniste nuestras vidas. Lo que me pase a mí te pasará a ti.

Se encoge de hombros.

—No dejaré que te haga daño.

—¿Puedes detenerlo?

Blake baja la vista al cuerpo que yace en el suelo y alza una ceja. Yo pongo los ojos en blanco.

—No tengo claro que el auténtico Alexander sea tan fácil de matar como en los rincones de tu imaginación. Contaba con mucho apoyo en las Tierras Fronterizas antes de que…, bueno, de que le pasara lo que fuera que le pasase.

Pienso en los alaridos que se oyeron por todo el palacio después de que hubiera compartido sus intenciones con mi padre. Creí que lo habían ejecutado… Mi padre nunca volvió a hablar de él.

—Lowfell es más o menos seguro —apunta Blake.

—¿Más o menos?

Un crujido se desprende de la mesa cuando él se reacomoda en una posición en la que mantiene los muslos algo más separados.

—No me gusta la forma de mirarte que tienen algunos de los miembros del clan de Lochlan.

Empiezo a preguntarme cómo de conveniente sería que una misteriosa enfermedad se propagara entre los lobos de bajo rango de su manada.

Nada mortal, por supuesto. Solo lo bastante problemático como para debilitarlos.

—Ah, sí, vayamos a Madadh-allaidh con un ejército moribundo lleno de enfermos. James se morirá de miedo. —Le dirijo una mirada severa—. No hagas nada.

Blake sonríe, una sonrisa auténtica, casi encantadora. Qué molestos me resultan esos malditos hoyuelos de sus mejillas.

—Vale. Pues nada, entonces. ¿Tienes algún otro amiguito del que debería saber algo?

—Nadie que merezca la pena.

—Un alivio. ¿Callum está al tanto de esto?

—No. No importa que Alexander tenga ganas de perpetrar una venganza personal contra mí. El resultado es el mismo. —Al ver cómo Blake arquea las cejas, yo suspiro y desvío la mirada—. Se preocupará, y ya tiene bastante con lo que lidiar. No quiero que me trate como a una muñeca de porcelana.

—Eso. Tú ven con papá cuando quieras hablar de estas cosas —me dice, guiñándome un ojo.

Sacudo la cabeza, pero, muy a mi pesar, tengo que morderme la mejilla para no reírme.

—Eres repugnante.

—Quizá deberías evitar hacer nuevos «amigos» hasta que nos hayamos ocupado de este, ¿te parece?

Se me crispa la comisura del labio.

—Tú eres el único «amigo» que he hecho últimamente.

—Me alegra saberlo. Mantén cerca el acónito que te di cuando te reúnas con Lochlan por la mañana.

—No me lo diste tú, lo cogí yo.

—Claro que sí, cielo. —Su voz empieza a diluirse en consonancia con el salón en el que nos encontramos, que también se disipa. Las sombras giran a mi alrededor como señal de que el sueño está a punto de tocar a su fin—. Házmelo saber si Lochlan te cuenta algo interesante, ¿de acuerdo?

A la mañana siguiente, arrebujada en mi capa, camino por la hierba en dirección a las aguas pardas y anaranjadas del lago.

Lochlan ya está allí esperándome, apoyado en la rama de un fresno.

Su cabello rojo contrasta vistosamente frente al gris apagado de la corteza; su kilt amarillo se ondula al viento.

Me sonríe en cuanto ve que me acerco y después mira más allá de mi hombro. Yo sigo su mirada: Callum, de brazos cruzados, está reclinado en el muro exterior de Lowfell. Alza una mano para saludar a Lochlan en un gesto que resulta casual, pero cuyo significado está claro: nos vigila.

—Lo siento —digo con un encogimiento de hombros—. He intentado que esperara en el castillo, pero es terco como una mula cuando quiere.

La sonrisa de Lochlan se acentúa.

—Sin problema. Es el otro el que me preocupa.

—¿Blake? ¿Por qué?

—Ya llegaremos a eso. —Me ofrece el brazo—. Demos un paseo.

Contemplo al lobo que tengo delante: fuerte, ágil; un guerrero. Me alegra llevar el frasco de acónito en el bolsillo. Engancho mi brazo al suyo y me guía hacia el bosque.

—¿De qué querías hablarme? —pregunto.

—De Sebastian.

El frío brota en mi interior ante la mención de mi antiguo prometido.

El recuerdo de estar sentada a horcajadas en su regazo dentro del carruaje relampaguea tras mis párpados.

«¿Qué tal si me enseñas qué más has aprendido mientras eras la puta de esa bestia de Highfell?

». El sudor me perla la frente. Trato de contener el arrebato de fiebre que amenaza con vencerme.

También echo a un lado la decepción. Esperaba que quisiera hablarme sobre mi madre.

—¿Qué pasa con él?

—Vino a Glas-Cladach con un grupo de soldados hace cosa de seis meses.

—¿Qué quería?

—Estaba buscando el Corazón de la Luna.

Alzo las cejas.

—¿Creía que lo tenías tú?

La hojarasca cruje bajo nuestras botas y los árboles que nos rodean, cada vez más altos, se alzan hacia el cielo grisáceo con sus nudosos dedos. El ruido acompañado de un aroma a montaña me indica que Callum nos sigue de no muy lejos.

—Creía que estuvo en las Tierras Nevadas en algún momento, pero que lo trasladaron a las Tierras del Norte. Como Glas-Cladach es la localización más próxima a las Tierras Nevadas, pensó que quizá lo custodiábamos nosotros.

—¿Y es así?

—No, pero llevamos un registro de todos los navíos que entran en nuestro territorio.

Así que, cuando descubrió que hubo una tormenta el día que tu madre dejó sus tierras para casarse con tu padre y que su barco se desvió hacia Glas-Cladach, se interesó mucho en el asunto, lo cual se agravó en cuanto reparó en la cosecha de flor de luna que crece en nuestros acantilados, que, según cuentan, solo crece después de que Ghealach haya tocado la tierra con su poder.

Lochlan me sostiene con fuerza, evitando así que caiga tras haber tropezado con una rama.

—¿Y qué es lo que insinúas?

—¿Alguna vez te dio algún abalorio? Algo que tuviera una piedra preciosa… Un colgante o tal vez un anillo. ¿Es posible?

—¿Crees que mi madre tenía el Corazón de la Luna?

—Dejo escapar una media carcajada carente de alegría—.

Me dejó todas sus joyas, la mayoría de las cuales están adornadas con piedras preciosas.

Algunas están en las Tierras Fronterizas y otras en el castillo de mi padre.

—Sacudo la cabeza—. Ninguna tenía especial importancia para ella.

Si hubiera tenido una reliquia tan valiosa en su poder, la habría mantenido cerca, seguro. Ella no lo tenía, Lochlan.

—Mmm, puede ser. Me pareció que valía la pena preguntarlo.

—¿Qué habrías hecho si la tuviera?

Aunque se encoge de hombros, un matiz violento se conjura en el brillo de sus ojos.

—Es un objeto muy preciado.

—En ese caso, me alegra que Callum nos esté siguiendo.

Lochlan esboza una sonrisa. Le suelto el brazo al detenernos junto a una ermita en ruinas.

—No querías que Blake oyera esta conversación. ¿Por qué?

—Todos los alfas quieren hacerse con el Corazón de la Luna, no solo yo. Quien lo tenga se convierte en el lobo más poderoso de las Tierras del Norte. Probablemente sería el rey. Creí que tanto Callum como tú apreciaríais que no compartiera esta información con él.

—¿No quieres que Blake se haga con el trono? Pues es un alivio saberlo, al menos. Pero ¿por qué? Parece que congeniáis.

—Ya te lo dije: me intriga. —Alza la comisura de los labios, lo que no evita que perciba cierta tristeza en él.

Se frota la nuca con la mano, con lo que se aparta el cuello de la camisa, permitiéndome así captar un retazo más de sus tatuajes—.

El problema es que la clase de hombres que me intrigan suele ser problemática.

—¿Kai? —inquiero con cuidado.

Él suelta una triste carcajada.

—Lo quería, maté a mi padre por él. Me traicionó y se llevó parte de mi clan.

—Sacude la cabeza—. Aun así, parece que voy a intentar rescatarlo.

Jack ha vuelto de las Tierras Fronterizas esta mañana.

Uno de mis hombres lo oyó hablar con Blake.

Dos días después de la luna llena, Alexander pretende trasladar al grupo de prisioneros, Kai incluido, del castillo de las Tierras Fronterizas al que tiene en la costa.

—La Fortaleza Gris —digo.

Alexander se jactó de tener un castillo con vistas al mar durante el baile en el que descubrí su traición.

Leí al respecto unos días después. Se encuentra cerca de la frontera, sobre unos acantilados.

Las rocas que hay debajo son demasiado dentadas y peligrosas como para que los barcos se aproximen.

Lochlan asiente.

—Estoy seguro de que Blake me mentirá y me dirá que está muerto, pero tú puedes informar a Callum de que, si quiere mi ejército, debemos rescatar a Kai primero.

—Alza la voz por encima del susurro de las hojas, porque sabe que Callum tiene puesto el oído—.

Hay un peñasco entre ambos castillos que es perfecto para una emboscada.

Cuando Kai esté a salvo, Callum podrá disponer de mi ejército y le haremos una visita a su hermano.

Sonrío.

—Se lo haré saber.

Sus ojos refulgen y se encoge de hombros.

—Total, que tiendo a sentirme atraído por individuos que albergan cierta oscuridad. Y hay oscuridad de sobra en Blake. —Sus ojos recorren las ruinas del templo que se yergue en la espesura—. Temo lo que podría pasar con las Tierras del Norte si gobernara él.

No lo contradigo.

El vínculo es como un hilo que se tensa más y más a medida que se acerca la luna llena. Cuando escapé de Sebastian, me dije a mí misma que sería más abierta con relación a mis sentimientos, pero ahora los aturdo para salvaguardarlos de Blake.

Pasan los días, en los que Callum trabaja con Lochlan en preparar la emboscada, y una parte de mí se pregunta si no estaré usando a Blake como una excusa.

Me pregunto si no sentir nada es más fácil que sentir algo.

No quiero verme superada por el miedo que me pueda inspirar la luna llena.

Mi padre mató a mi madre y eso, a veces, despierta tanta ira en mí que siento que voy a entrar en combustión.

Callum sigue siendo muy considerado conmigo, lo cual a veces hace que quiera gritar.

Y mi madre… Mi madre me ocultó que yo era una loba.

Permitió que la envenenaran. ¿Por qué haría tal cosa?

No. No quiero sentir nada de eso.

Dedico mi tiempo a hojear varios libros con la intención de encontrar algo con que romper el vínculo entre Blake y yo… O quizá solo estoy intentando distraerme, intentado impedir asomarme por las ventanas cada noche y quedarme absorta con el resplandor de la luna, cada vez más brillante.

Una mañana, mientras exploro las estanterías de la biblioteca, yendo de acá para allá y mordiéndome las uñas, Elsie me da un toque en el hombro antes de darme un libro. El secreto del alfa , reza la cubierta. Al ojearlo, esbozo una sonrisa.

—Otra historia de amor —digo.

—Los escribía la antigua cocinera que teníamos aquí, en Lowfell. Como a mí no me estaba permitido salir, porque, en fin, mi padre era como era, pues me entretenía con ellos. Este es particularmente bueno. Deberías leerlo.

Hay un ligero resplandor en sus ojos y, por un momento, me alarma lo similar que es a su hermano. Seguro que se debe a los detalles íntimos y románticos que se describen en el libro. Le doy las gracias y me lo meto en el bolsillo para leerlo más tarde, en privado. Reanudo mi frenética búsqueda.

No es hasta un día antes de la luna llena, mientras estoy dando cuenta del desayuno, cuando hago un descubrimiento. Enfrascada en un texto que dice que el poder de todos los lobos proviene de la luna, me veo obligada a suspirar con brusquedad al sentir la oscuridad de Blake apoderándose de mí.

Esta mañana, la calma reina en el salón.

Lochlan y su clan planean una salida a Roca del Alba más tarde como parte de un ritual de Glas-Cladach, por lo que se los ha llevado al exterior.

Ryan y Becky parecen estar discutiendo junto a la entrada; Callum está agachado en mitad del suelo, como si tratara de sacar adelante un truco de magia para Alfie, y Elsie y Arran acompañan el desayuno con una discreta conversación.

Blake está sentado en su silla, erguido, con la mano cerrada sobre la mesa. A su lado, Jack lo mira con preocupación.

La luna llena tendrá lugar mañana. El mes pasado me topé con Blake, sin camisa, con los músculos rígidos y empapado en sudor. Intentaba no transformarse. Sé que no le gusta ser un lobo. Tal vez esté sintiendo su propia ansiedad, que eclipsa la mía.

Una idea germina en mi mente. La luna brillaba con bastante fuerza la noche que Blake forjó nuestra vinculación. Si recurrió al poder de la luna para crear el vínculo, entonces tal vez yo pueda recurrir al mismo poder para romperlo.

Eso hace que me retrotraiga a la conversación que tuve con Lochlan con relación a mi madre, la flor de luna y Glas-Cladach.

¿Y si el Corazón de la Luna pudiera usarse para romper el vínculo?