El príncipe de la noche (El rey de los lobos 2) Capítulo 19
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Capítulo 19

H ace demasiado calor en el Gran Salón. El olor a comida, vino y sudor carga el ambiente, y mi baile con Blake me ha dejado la piel tensa. Como no encuentro a Callum, decido salir a tomar el aire.

Recorro los pasillos en sombras, atravieso la entrada del vestíbulo, salgo del castillo y desemboco directamente en el pequeño patio. Hace frío y mi aliento se condensa ante mi rostro. Me froto los brazos, que llevo envueltos en las mangas largas de mi vestido.

Me quedo aquí unos minutos y, entonces, la gran puerta arqueada se abre a mis espaldas. Claire sale al exterior. Sujeta una copa de vino tinto, con su cabello oscuro acariciándole el rostro azulado por el viento.

—Aurora. Pensé que no habría nadie.

Me dirige un vistazo evaluador, como si quisiera determinar si soy una amenaza o no. No sé si se debe a que soy la hija del rey enemigo o a mi relación con Callum. Yo le sostengo la mirada con la misma cautela.

—Callum te está buscando —dice—. Aunque ahora andaba preocupado por Ryan, así que es posible que pase un rato antes de que dé contigo. —Se apoya en el muro junto a la puerta y da un sorbo de vino—. El muchacho cree que puede asaltar Madadh-allaidh él solo.

—Ay, madre. —Un extraño silencio se instala entre nosotras—. Me gusta tu abrigo.

—Gracias. —Señala con la cabeza mi vestido azul marino—. Bonito vestido.

Seguimos sin quitarnos la vista de encima.

—¿Estás de nuestra parte? —inquiero.

—Yo podría preguntarte lo mismo.

—Yo estoy de parte de Callum. No siento ningún aprecio por mi padre, si es eso lo que te preguntas.

Asiente.

—Si lo que quieres es saber si he escogido entre James y Callum, la respuesta es que no.

—Ibas de camino a Madadh-allaidh antes de parar aquí.

—Mi clan tiene base en el norte, cerca de Highfell, donde la noche es cada vez más oscura.

Todo apunta a que un viejo peligro se cierne sobre nosotros de nuevo.

—Su semblante se oscurece—. Algo se aproxima.

Lo notamos, y quiero trasladar a mi gente lo más al sur posible antes de que llegue.

—Vuelve a beber—. Presentaré mis respetos a quienquiera que se imponga en el desafío. James o Callum, me da lo mismo.

—He oído que tuviste una… historia con James.

Ella aprieta la mandíbula.

—Eso fue hace mucho tiempo.

—¿Qué pasó entre vosotros?

Se muerde la mejilla.

—En aquel entonces, mi tío era un alfa, y el padre de James y Callum era rey. Nos invitaron a Madadh-allaidh para formar una alianza y se acordó que James y yo nos casáramos.

Alzo una ceja.

—¿Fue una relación de conveniencia? ¿Te desposó?

Ella suelta una carcajada.

—No. Nunca llegamos a tanto. Cuando me enteré de que me estaban ofreciendo como si fuera un trozo de tarta, me cabreé.

Irrumpí en los aposentos de James, lo estampé contra la pared y le puse una daga en las pelotas.

Le dije que se las cortaría a menos que le pusiera fin a todo aquello.

—Un velo distante cae sobre sus pupilas, perdidas en la marea de su memoria—.

Resultó que él no sabía nada del tema. Trató de impedirlo, pero su padre era un capullo.

Empezamos a pelearnos públicamente entre nosotros a la mínima ocasión.

Fingíamos odiarnos para que todos vieran lo difícil que resultaría una alianza entre nosotros.

—Una sonrisa tímida se dibuja en sus labios—.

Pero, en secreto, empezamos a flirtear. —Se encoge de hombros—.

Nuestra gran muestra de rebeldía final, supongo.

Hasta que comprendimos que… es complicado.

Me muerdo el labio inferior. Quiero indagar acerca de Callum, pero sé que no me dejaría en buen lugar. No quiero que piense que me siento amenazada por ella. Frunce el ceño, intentando descifrar mis emociones.

—Adelante —dice—. Suéltalo. ¿Qué quieres saber?

Exhalo.

—Lochlan dice que también tuviste un lío con Callum.

—Lochlan es un mierda de mucho cuidado. —Sacude la cabeza—.

Supongo que, en cierto modo, así fue. Ocurrió hace unos cinco años, pero no es lo que crees.

Callum no sabía del cortejo entre James y yo, lo ocultamos bien.

Al igual que el resto, él pensaba que nos aborrecíamos y que el futuro que me esperaba era espantoso.

Se daba cuenta de que su padre no cedería.

—Encoge un único hombro—. Se ofreció a ocupar el lugar de James.

Tengo la impresión de que me han tirado una jarra de agua fría encima. Creí que intentó acostarse con Claire, pero esto es mucho más difícil de digerir.

—¿Quería ser tu marido?

Claire pone los ojos en blanco.

—No como piensas. Callum… es un tipo muy honorable con una acusada debilidad por las doncellas en apuros.

Sus palabras no hacen que me sienta mejor. Son un eco de las de Lochlan. Callum me rescató en una ocasión. ¿Es por eso por lo que estamos juntos?

Ella sacude la cabeza con una expresión solemne en el rostro.

—Creía que me estaba salvando de un destino miserable. No se daba cuenta de que yo no me rebelaba en contra de estar con su hermano, sino en contra de que mi futuro lo decidieran otros. Quería rescatarme, no casarse conmigo.

La miro y reparo en sus curvas, en el brillo de sus ojos y en sus delicadas facciones.

—Seguro que no.

—Tú misma estuviste prometida en cierto momento, ¿no?

—Sebastian no era tan atractivo como tú.

Ella ríe y pasa a mirarme con curiosidad.

—Se rumorea que James lo mató en la batalla. Callum dice que miente. Que fuiste tú la que lo mató.

La adrenalina asciende en espiral por mi pecho, como un remolino de viento. Aprieto los puños para evitar que me tiemblen las manos mientras me asalta el recuerdo de cómo le corté el cuello a mi prometido.

—Sí.

Debe de oír lo rápido que me late el corazón.

—Yo tuve que matar para convertirme en alfa. Nunca es fácil y siempre deja una marca en el alma, pero no deberías arrepentirte.

—No me arrepiento.

—Bien —dice—. Me alegro de que mataras a ese bastardo. Perpetró muchas atrocidades contra mi gente. Aunque he oído que el lord que lo ha sustituido es igual de malo.

«Es peor», quiero decirle.

Apura la copa de vino, la deja en el alféizar de una ventana cercana y camina sobre los adoquines en dirección a las puertas.

—Ha estado bien hablar contigo en privado. Tal vez, dentro de no mucho, seamos aliadas, si Callum se impone en el desafío.

—¿Y si no lo hace? —Ella me dedica una educada sonrisa—. Ahora vas a ver a James, ¿no?

—Como he dicho, necesito establecer ciertas alianzas, pero respetaré al vencedor del desafío.

Desaparece por el túnel.

Yo me dejo caer contra los muros del castillo y coloco las palmas de las manos sobre la piedra fría.

Callum le pidió a otra mujer que se casara con él.

No es la idea de que visualizara un futuro con Claire lo que me molesta, sino la razón por la que lo hizo.

¿Acaso solo me ve como a una damisela a la que tiene que proteger?

Respiro profundamente un par de veces y saboreo el humo de leña que transporta la brisa nocturna.

Me enderezo y aliso mi vestido antes de recolocarme un par de mechones de pelo erráticos tras las orejas.

Tengo que recuperar el dominio de mí misma.

Ha pasado tanto tiempo desde la última vez que me permití sentir algo que temo que las emociones vayan a apoderarse de mí.

Podría tratarse del lobo que se agita en mi interior y me lleva a ser territorial con Callum. Podría tratarse de la princesa que nunca ha cortejado a nadie, que ni siquiera ha tenido amigos de verdad, que teme perder a la única persona a la que le ha importado genuinamente desde que era una niña.

Callum nunca me ha dado motivos para dudar de él. Vuelvo a entrar para hablar con él. La puerta al otro lado de la entrada se abre en el mismo momento. Ian sale por ella. Tiene el cabello rubio alborotado y los ojos un poco inyectados en sangre. Hay una mancha de vino tinto en su kilt amarillo.

Sonríe al verme.

—Buenas noches, princesa.

Mi cuerpo se tensa a medida que se acerca. No sé si lo que me pone en guardia es su sonrisa forzada o la peste a alcohol que irradia.

Tal vez sea que James le dijo que Alexander estaría dispuesto a intercambiarme por su hermano.

Con disimulo, me saco el acónito que tenía oculto entre los pechos.

—Buenas noches.

Se detiene delante de mí y yo sostengo con más fuerza el vial de cristal.

—¿Todo bien, Ian? —Callum aparece en el pasillo detrás de él.

Ian se tensa y luego sonríe. Callum le saca una cabeza y debe de ser el doble de ancho. Se cruza de brazos en un gesto que enfatiza el poder de sus bíceps.

Ian traga saliva.

—Solo quería hacerle saber a la princesa que somos afortunados por tenerla con nosotros.

—Sí que lo somos. —Callum no sonríe. Observa al joven de arriba abajo. Ian advierte su mirada—. Venga, vuelve al banquete.

Ian inclina la cabeza. Como Callum no se hace a un lado, no le queda más remedio que escurrirse por un extremo antes de perderse a lo lejos.

Yo dejo escapar el aliento y Callum pone su atención en mí.

Parece inquieto, a pesar de que ya no me amenaza nada. El contorno de su mandíbula dibuja una línea firme. Su expresión es pétrea. Mi pulso se ha atenuado en cuanto lo he visto llegar, pero ahora vuelve a acelerarse. Da la impresión de que está molesto conmigo.

—¿Qué pasa? —pregunto.

—Vayamos a algún sitio más discreto.

Me pongo a su lado y él entrelaza su mano con la mía para, a continuación, conducirme a un lugar más allá del Gran Salón, al que se accede subiendo por una de las escaleras.

—Tendré que hablar con Lochlan sobre Ian —dice—. No me gusta nada cómo te miraba.

Abre la puerta de nuestra alcoba y entramos. El fuego, que arde discreto en el hogar, proyecta un fulgor tenue sobre los sillones y la cama con dosel.

Me adelanto para acomodarme en uno de los sillones, el que está de espaldas a la ventana, para no tener que ver la media luna que brilla sobre el lago. Callum cierra la puerta y se detiene a los pies de la cama. Hay algo… raro en él.

—¿Qué quería decirte Claire? —me intereso.