El príncipe de la noche (El rey de los lobos 2) Capítulo 18 #2
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Capítulo 18 #2

Se me hiela la sangre al pensar en los manuscritos de carácter médico que ha elaborado él mismo.

—Adelante —susurra con una nota de urgencia—. Rétame. Enséñame cuán afiladas pueden ser esas garras tuyas.

La criatura salvaje de mi pecho asoma la cabeza. Los ojos de Blake rielan como si lo sintiera y agradeciera su presencia. Respiro hondo. Sé cómo vencer, y no será dándole lo que quiere. Desea jugar conmigo. No lo consentiré.

Aparto mi brazo de su cuello y retrocedo. Hago una rápida reverencia.

—Gracias por el baile, Blake.

Él suspira.

—Puedes formular tres preguntas acerca del vínculo —dice—. Y yo responderé con sinceridad si sí o si no.

Yo me vuelvo, ocultando una sonrisa. Le agarro de la mano una vez más y me dejo envolver por el aroma que desprende su cuerpo. Reanudamos la danza por el salón y, en primer lugar, le hago la pregunta más importante de todas:

—¿Sabes cómo romperlo?

Algo inidentificable le cruza el rostro. Es como si estuviera decidiendo cómo contestar. Por fin, habla:

—Sí.

Al oírlo hablar con Callum me pareció que dijo que había leído acerca de la vinculación en un libro. Necesito obtener la misma información que tiene él si pretendo dar con la solución.

—El libro en el que leíste acerca de la vinculación… ¿está aquí, en Lowfell?

—No —responde.

De nuevo, me parece que dice la verdad. He perdido mucho tiempo en la biblioteca. Mantengo un semblante inescrutable.

—Estuviste viviendo en Madadh-allaidh un tiempo.

El libro está ahí. —Él abre la boca para contestar, pero yo lo freno.

Quiero saber exactamente dónde se encuentra ese tomo para hacerme con él de inmediato en cuanto tomemos el castillo—.

Todo tu plan depende del vínculo, así que no lo habrás dejado a la vista.

—Estudio la profundidad de sus ojos e intento leer los secretos que subyacen entre las motas doradas.

Había todo un muro de libros junto a su cama—.

¿El libro se encuentra en tus aposentos de Madadh-allaidh?

—Sí.

El triunfo que amenaza con apoderarse de mis labios perece antes de hacerlo.

No tengo posibilidad alguna de hacerme con él antes de que Callum derroque a James.

Y, aún peor, Blake lo traicionó, por lo que no es descabellado pensar que James habrá arrasado con todas las posesiones de Blake, cuya sonrisa me indica lo consciente que es de ello.

A pesar de haber averiguado dónde hallar respuestas, el vencedor de esta partida es él.

La intensidad del enfado que siento es tal que me sorprende hasta a mí.

Se me tensa la garganta; me cosquillean los dientes.

Estoy hasta las narices de que hombres como Blake crean que pueden manipularme.

Cree que es el único capaz de jugar a estos jueguecitos.

Llevo jugando con lores insufribles toda mi vida.

No sé por qué Blake habría de ser distinto.

—Tengo otra pregunta que hacerte, Blake. —Aumento la fuerza con la que le rodeo la nuca. Sé que siente el desafío que emano, del mismo modo en que yo siento su intriga.

—Vale. Juguemos —dice—. Una más.

Bajo mi guardia por completo. Permito que su oscuridad me embargue para buscar en ella algo que pueda usar en su contra. Él inspira profundamente, como si notara lo que estoy haciendo.

Capto el aroma a pino, a pergamino, a aire viciado.

Oigo el goteo de un pozo, a alguien gritando.

Vislumbro una celda oscura y también el destello de un bisturí metálico.

Percibo su esencia: la diversión, el peligro y algo feroz que acecha más allá.

Es como una víbora que se enrosca con vehemencia, capaz de atacar cualquier día.

También capto el susurro de otra cosa. Algo caliente. Hambriento. Más peligroso. Me arde la sangre al sostenerlo. Me acuerdo de cuando estuve encadenada en la celda. Sus ojos se detuvieron en mis labios solo un instante antes de retroceder sin la agilidad acostumbrada, disgustado.

Su mirada está ahora puesta en mi rostro.

—¿Crees que soy hermosa, Blake?

Él traga saliva y yo siento un brote de poder. Por primera vez, creo que lo he pillado desprevenido.

Pero entonces sonríe. Se acerca más, de manera que su calor corporal y el aroma a pino me asedian por completo, oscuros, implacables. Pega la boca a mi oído.

—Ten cuidado, pequeña liebre. —La calidez de su aliento me acaricia la piel—. Ese no es un juego que desees jugar conmigo.

Un escalofrío me recorre la espina dorsal al tiempo que la pieza musical toca a su fin. Blake se aparta y el aire me llena los pulmones de nuevo. Inclina la cabeza en un gesto cortés, con una expresión tan casual como de costumbre. Su mirada resulta mortífera a la luz de las antorchas.

Blake se pierde entre los lobos que se dirigen a las mesas para rellenar las bebidas y abandona el Gran Salón mientras el gaitero entona una nueva melodía.

Jack, junto a la salida, lo observa marchar con una expresión seria muy impropia de él. Parece preocupado por su alfa. Va tras sus pasos.

Yo necesito unos segundos para que mi pulso se apacigüe y mi respiración se vuelva normal. Aquí estoy, entreteniéndome en jueguecitos con el lobo más peligroso del reino y cuyas palabras destilaban amenaza.

No sé si voy perdiendo o ganando.

Pero creo que he conseguido descolocarlo.

Sonrío.