El príncipe de la noche (El rey de los lobos 2) Capítulo 12
23%

Capítulo 12

H e subido por las escaleras en espiral que conducen a la biblioteca de la torre.

Es un lugar acogedor, con una chimenea cuyo fuego crepitante proyecta un trémulo resplandor sobre las estanterías que revisten las paredes.

La estancia es más pequeña de lo que esperaba para un alfa al que le gustan los libros, probablemente porque hay ejemplares y tomos sueltos por todo el castillo.

Los he vislumbrado apilados en las alcobas y salas de estar, y todo apunta a que también hay más en los aposentos de Blake.

Aun así, aquí hay cientos de ellos, de los que ya he curioseado unos cuantos.

Deambulo por el lugar, acariciando un lomo aquí y otro allá, mientras mis pisadas arrancan crujidos del suelo entarimado.

Hay muchos libros de carácter médico, lo cual no es de extrañar, tratándose de la biblioteca de un sanador, pero también los hay de historia, religión e incluso ficción.

Con aire distraído, me mordisqueo las uñas en mi afán por decidirme por un punto de partida.

Me arranco un padrastro sin querer, lo que me hace bufar por lo bajo.

Después, selecciono al azar algunos de los volúmenes más grandes y encuadernados en piel.

Es en el banco de ventana repleto de cojines que da al lago y a las montañas tostadas de más allá donde dejo mi selección.

Afuera, el agua está recubierta por la neblina de la mañana. La violencia que he presenciado desde que llegué a las Tierras del Norte no consigue disipar la sensación de paz que me transmite.

Estoy a punto de acomodarme cuando una risita irrumpe en la estancia. Doy un respingo. Una pequeña mata de pelo oscuro aparece tras la puerta y yo sonrío.

—Hola, Alfie.

Él esboza una sonrisa.

—Vengo a coger un libro —informa—. Sobre flores, barcos o monstruos.

Elsie hace su aparición unos instantes después, ataviada con un elegante vestido gris de manga larga. Su cabello oscuro está recogido en un moño que acentúa tanto sus pómulos como el fulgor de sus ojos.

Le da una palmadita a Alfie en el hombro.

—Pues ve, adelante.

El muchacho suelta un gritito de entusiasmo, entra corriendo en la biblioteca y empieza a sacar ejemplares de las estanterías.

No creo que a Blake vaya a hacerle gracia este desorden.

El aire, denso, resulta un tanto opresivo, así que trato de compartir una sonrisa alentadora con Elsie, con la esperanza de que se tranquilice, pero no reacciona.

Me pregunto si anoche, al apartar al niño de la sacerdotisa, pequé de entrometida.

Tensa, me siento y cojo uno de los libros.

Ella suspira y camina hacia mí.

—Gracias por preocuparte por él anoche —me dice.

Relajo los hombros.

—No estuvo bien la forma que tuvo la sacerdotisa de trataros.

—No, no estuvo bien.

Con la mirada, evalúa la estantería que hay junto al banco de ventana. Me da la impresión de que quiere decir algo más.

—¿Por qué os trató así la Sacerdotisa de la Luna? —pregunto—. Si no es indiscreción.

Se gira hacia mí y se arremanga. Tiene un tatuaje en la muñeca. Es una llave con dos lunas crecientes en su arco. Se me acelera el corazón. Es la marca de la capilla que volvió a conjurarse en el sueño que tuve anoche.

—He visto esto antes.

Ella vuelve a cubrirse la piel con la manga.

—Es la marca de Oidhche.

—El Dios de la Noche.

—Sí. —Su expresión es desafiante—. Es el símbolo de su prisión.

Se me hielan las entrañas al recordar lo que Callum dijo acerca de los Acólitos del Dios de la Noche. Ayer, en la ceremonia, Blake comentó que Elsie no formaba parte de ellos. La pregunta brota de mis labios sin que pueda evitarlo.

—¿Por qué tienes eso?

Ella se cruza de brazos.

—Mi padre veneraba al Dios de la Noche, si tanto te interesa. —El contorno de su mandíbula es tan afilado como una daga. La he ofendido—. Pretendía entregarme a él como sacrificio, de ahí la marca.

—Vaya, lo siento. —Me muerdo el labio inferior—. Yo tampoco tengo un padre al que le importe demasiado. Hacía que me golpearan en uno de los templos en nombre de la Diosa del Sol.

De inmediato me asalta la sensación de haberme expuesto demasiado. No entiendo por qué tengo esta necesidad tan acuciante de congeniar con esta loba.

—Entonces, seguro que sabes exactamente cómo me siento —replica con sarcasmo, y yo me ruborizo.

—¿Dónde está tu padre ahora? —inquiero.

—La víspera de mi sacrificio, recé a los dioses. Me enviaron a mi hermano. —Curva los labios en una sonrisa. Hay algo en su semblante que me resulta estremecedor.

—¿Él lo mató?

—Así es. —Me mira de arriba abajo—. No se le da muy bien expresarlo, pero le inspiras simpatía, ¿sabes?

Me inclino hacia delante sobre mi asiento mullido, con mis cejas a punto de tocarse entre sí.

—¿A quién?

—A mi hermano.

—¿Tu hermano está aquí?

—Eh…, correcto. —Frunce aún más el ceño, sin dejar de mirarme como si hubiera perdido el juicio—. Blake.

— ¿Blake es tu hermano?

No tengo claro el porqué de mi sorpresa.

Reparo en el cabello oscuro, en la mandíbula pronunciada, esa boca sensual, esa actitud incorregible.

Casi lo veo. También explica su falta de deferencia hacia él, al igual que el interés que he percibido entre ellos cuando los he visto interactuar.

Me pregunto si la suya será una relación complicada.

—Hermanastro. Somos del mismo padre. —Arruga la nariz con desagrado—. Bruce. Era el alfa de este lugar antes de que Blake se deshiciera de él. ¿No te lo ha contado?

—No. —Conecto ese dato con lo que ya sabía. Blake me comentó en una ocasión que mató a su padre y Jack nos dijo que Blake sentía especial antipatía hacia el alfa de Lowfell. Sacudo la cabeza al reparar en una de las cosas que Elsie ha dicho—. A Blake no le caigo bien.

—Va a ir a la guerra por ti, ¿no?

—Va a ir a la guerra por él.

Ella se encoge de hombros.

—Si tú lo dices… —Saca un libro del estante—.

La noche que llegó a Lowfell y me encontró en la ermita, amordazada y apaleada, con la marca del Dios de la Noche en mi muñeca…

Nunca he visto nada igual. Era como presenciar la ira de un dios oscuro en persona.

Mi hermano es peligroso, no te confundas, pero no siempre es malo tener a alguien como él de tu parte.

—Me entrega el libro que estaba sosteniendo y yo lo acepto con el ceño fruncido—.

Si te gustan las historias, deberías leer esta.

— Me parece captar un destello travieso en su, por lo general, serio semblante—. Léelo. Es muy esclarecedor.

Con sus faldas lamiendo la tarima, se dirige a la salida.

—Vamos, Alfie. Hora de irnos.

El muchacho coge un libro, se abre paso entre el desorden que ha montado y sale disparado junto a ella en dirección a las escaleras. Elsie se detiene y me mira de arriba abajo.

—Mmm… —murmura.

—¿Qué?

—Blake celebra un festín mañana por la noche para que a Callum y a él les resulte más sencillo persuadir a Lochlan de que se una a su causa. ¿Qué vas a ponerte?

—Eh… Yo qué sé.

Ella asiente con solemnidad, como si estuviera tomando una decisión.

—Si te apetece, podemos vernos fuera después de desayunar. Alfie y yo vamos a la aldea. Allí podrías conseguir algo.

—Ah, pues… vale.

Sus pasos se pierden en las escaleras. Dejo escapar una media carcajada. Quizá sí nos hagamos amigas, después de todo.

Invadida por la curiosidad, echo un vistazo al pequeño libro que me ha dado. Se ha leído en múltiples ocasiones, tal y como sugiere su lomo partido. La cubierta reza El alfa y la doncella de cocina escrito con tinta negra. ¿Una historia, tal vez?

Un aroma a pescado cocido se infiltra en la biblioteca, lo que provoca que me ruja el estómago.

El clan de Blake no suele seguir horarios convencionales con relación a las comidas, pero la llegada del clan de Lochlan debe de haber hecho que Blake disponga un desayuno.

Dejo el tomo encima de la pila de libros, cargo con ella y me dirijo a las escaleras.

Llevo días enteros leyendo sin ton ni son y no he dado con respuesta alguna. Sé que Callum quiere que me mantenga alejada de Blake, pero a mí se me ocurre algo mejor.

Además, Blake no nos ha informado ni a él ni a mí acerca de su intención de agasajar a Lochlan esta mañana. Uno de los dos debería estar presente para vigilarlo.