El príncipe de la noche (El rey de los lobos 2) Capítulo 7 #2
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Capítulo 7 #2

—No he dicho eso. —Inspira profundamente para atemperar sus emociones.

Después asiente con determinación, como si acabara de tomar una decisión—.

Quiero esperar hasta después de la luna llena.

Aguardaré hasta que te hayas transformado por primera vez y sepa que puedes conmigo.

—Levanta una mano hasta mi mejilla y su expresión se ensombrece—.

Voy a esperar hasta que tus sentidos se hayan desarrollado: tacto, olfato, gusto…

—Me pasa el pulgar por el labio inferior, con lo que se me entrecorta la respiración—.

Y después me tomaré mi tiempo para explorar cada centímetro de ti.

—Acerca la boca a mi oreja—. Y soltaré al lobo que llevo dentro.

Yo ahogo una exclamación. El deseo se arremolina en mis entrañas, palpita entre mis piernas. Vuelvo el rostro y me inclino hacia él en busca de un beso, pero me detiene con las manos. Por un momento, me sostiene, como para enseñarme quién manda. Después deposita un suave y casto beso en mis labios.

La tensión se rompe por el sonido de unas voces lejanas acompañadas de unas pisadas más allá de nuestra alcoba. Callum parpadea y su lobo se esfuma.

—Suena a gente yendo a alguna parte —dice—. Vamos. Lochlan y los suyos están al caer. Deberíamos ir.

Me invade la frustración. Aún lo siento duro entre mis piernas, por lo que sé que comparte mi sensación. Qué lobo más terco.

—No me mires así. —Sonríe con cara de cordero degollado y vuelve a besarme—. Lo siento, solo quería abrazarte y besarte. No pretendía llevarlo tan lejos.

—Eres un lobo insufrible, Callum McKennan. ¿Te lo han dicho alguna vez?

Él se encoge de hombros.

—Puede que me lo hayan mencionado en alguna ocasión. Si te sirve de consuelo, yo también estoy sufriendo.

Pongo los ojos en blanco y me quito de encima.

—Sufrimiento que tú mismo has provocado.

—Le doy la espalda y me aliso el vestido—.

Si no fueras tan cabezota, te habría dejado tomar de mí tanto placer como quisieras y de la manera que quisieras.

—Sonrío al ver que se tensa, maldiciendo por lo bajo.

Cojo la capa que estaba a los pies de la cama y camino hacia la puerta. Giro la cabeza—. ¿Vienes o qué?

Él se levanta, se pone la camisa y se hace con una chaqueta negra del armario. Se me acerca con una expresión sombría en su mirada, pero se convierte en amistosa nada más rodearme la cintura con el brazo y mordisquearme la oreja.

—Qué palabras tan atrevidas, princesa. Ya veremos si las mantienes después de la luna llena.

A pesar de que la mención de la luna llena despierta cierta tensión en mí, mantengo la sonrisa.

—¿A qué huelo ahora?

—A que eres mía —me dice al oído.

Hay unos treinta lobos reunidos en el pequeño patio al que llegamos.

La noche vibra con charlas bastante animadas.

Todos llevan capas o chaquetas oscuras, lo cual, según me dijo Callum, forma parte de la tradición de esta velada.

Este entrelaza sus dedos con los míos y me conduce entre la multitud hacia Blake.

El alfa de Lowfell, que charla con Jack, está apoyado en uno de los muros del castillo.

En cuanto el viento frío me sacude el cabello y la capa, las fosas nasales de Blake aumentan de tamaño.

Cruza su rostro una expresión de desagrado que no tarda en ocultar.

Me alegra que el frío disimule mi rubor.

Está claro que Blake sabe exactamente lo que estábamos haciendo.

Por cómo sonríe Jack, diría que él también.

—Perfecto, ya estáis aquí —dice Blake, cuyo aliento se convierte en niebla ante su rostro mientras se frota ambas manos—. ¿Preparados?

—Sí —dice Callum—. ¿Cuándo se supone que llega Lochlan con su clan?

No muy lejos, Alfie golpea a un imperturbable Arran con sus diminutos puños, lo cual parece exasperar bastante a Elsie, que lo aleja tirándole del cuello.

—Nos reunimos en lo alto de Roca del Alba —contesta Blake.

Mi mirada salta hasta Callum.

—¿La ceremonia no se celebra en Lowfell?

—No —responde él—. Subiremos a lo alto de una montaña próxima para estar más cerca de Ghealach.

Una discreta emoción se enciende bajo mi piel. Llevo sintiendo claustrofobia desde que llegamos aquí y me muero de ganas de explorar más lugares de las Tierras del Norte. Eso no me impide preguntar:

—¿Es seguro que nos vayamos?

No parece que Callum se fíe demasiado del alfa que va a venir esta noche. Él me aprieta la mano, consciente de mi preocupación.

—Cualquier derramamiento de sangre está prohibido la noche del Oidhche Fhada. Es una ley de los lobos. Inquebrantable. Estás a salvo, princesa. —Acerca su boca a mi oído—. Además, hueles a mí, ¿recuerdas?

Blake se separa del muro.

—Hora de irse. —Alza el brazo para indicárselo a los demás lobos antes de encaminarse hacia el túnel que lleva a las inmediaciones.

Más charlas flotan en el aire mientras lo seguimos por el patio hasta los exteriores de la muralla.

La hierba salvaje me hace cosquillas en las manos y el barro chapotea bajo mis botas.

El grupo atraviesa el intacto territorio hacia las montañas cercanas.

Tan solo el tenue resplandor de la media luna ilumina nuestro camino.

No puedo evitar sonreír mientras nos dirigimos a Roca del Alba, donde tendrá lugar el ritual del Oidhche Fhada.