Capítulo 6
C ruzo la estancia y me detengo a unos centímetros de Callum.
Mientras permanece reclinado contra la pared, yo le toco el pecho y me deleito en la reconfortante firmeza que percibo más allá de la camisa.
Suspira. Es como si el contacto conmigo fuera tan reconfortante para él como para mí.
Sin avisar, pone las manos tras mis muslos y me levanta antes de que yo le rodee la cintura con las piernas.
Me lleva hasta la cama, se pone encima y me recuesta en ella. Mi cabeza se hunde en una almohada mullida y rellena de plumas. Él se coloca sobre mí y se apoya en sus antebrazos, con los que me enmarca el rostro. Presiona su frente contra la mía. Tiene la piel caliente, casi parece que tenga fiebre.
—Estaba muy preocupado —dice con una voz rugosa como la arena.
Le tomo el rostro entre las manos.
—¿Te encuentras bien?
—No.
Alzo las cejas, sorprendida por su confesión.
Es evidente que todo lo sucedido en los últimos días ha hecho mella en él, pero no esperaba que lo admitiera tan abiertamente.
Cada vez que veía a mi padre padecer por el peso que conlleva gobernar un reino, lo que hacía era pagarlo con quien estuviera más cerca.
Y, cuando era mi hermano el que estaba alicaído, recurría a la bebida.
Una vez más, me veo sorprendida por el hecho de que este hombre (este lobo) sea tan poderoso como para atreverse a mostrar sus emociones sin temor a que vayan a ser usadas en su contra.
Le acaricio la mandíbula con el pulgar, en cuya yema siento el contacto áspero de su barba incipiente.
—Cuéntame.
—Estabas sufriendo y no había nada que yo pudiera hacer para impedirlo.
James está intentando reclamarte como suya.
Fiona está cautiva. Y Blake… —Sacude la cabeza y suelta una débil risa—.
De entre todas las personas, me veo obligado a aliarme con Blake y a fingir que no quiero cargármelo, a él y a quienes trabajan para él.
La única buena noticia que he recibido estos días es que James no dispone del Corazón de la Luna.
Blake tiene un espía en Madadh-allaidh, nos mandó un mensaje ayer.
A pesar de que los lobos se transformaron la noche que James me entregó a Sebastian, eso no me sorprende.
El Corazón de la Luna es una antigua reliquia lobuna que, se dice, fue arrancada del pecho de la Diosa de la Luna.
Otorgaría a los lobos el poder de transformarse a voluntad, lo cual supondría una gran ventaja en la guerra contra los humanos.
—Nunca creí que Sebastian fuera a renunciar a algo tan importante a cambio de recuperarme —digo.
—Un necio —dice Callum.
—Aun así, se me hizo raro que os transformarais. En aquel momento pensé…
Callum frunce el ceño.
—¿Qué?
—Le recé a la Diosa de la Luna —digo, sintiéndome tonta—. Creí que quizá había respondido a mis plegarias.
Callum esboza una tenue sonrisa.
—Quizá. Se dice que a veces se involucra en el destino de algún que otro lobo. —Me acaricia la mejilla, gesto que acompaña de un suspiro.
—¿Qué pasa? —inquiero.
—Creí que me sentiría mejor una vez que despertara, pero me encuentro… inquieto.
La tensión que domina su cuerpo no me pasa inadvertida, como tampoco la rigidez que me presiona el muslo a través de su kilt . Con la sangre ardiente, le acaricio la mejilla. Estar así con un hombre sigue siendo muy novedoso para mí; sin embargo, no puedo negar que yo también estoy inquieta.
—¿Hay algo que pueda hacer para ayudarte?
Él atrapa mi boca con la suya. Un sonido grave reverbera en su garganta al tiempo que el beso se vuelve más profundo.
Me acaricia la lengua con la suya, caliente y dominante.
Un ardor se acumula en mi entrepierna. Doblo las piernas en torno a su cintura para pegarme más a él.
Gimo, presa de una oleada de placer que me recorre el cuerpo.
Él se aparta, temblando ligeramente, y cierra los ojos.
—No. Me da miedo provocarte fiebre otra vez. Llevo tres días sintiéndome culpable por ello.
—¿Qué quieres decir?
Él abre los ojos y parpadea para ahuyentar al lobo.
—Como lobos, cuando nos… excitamos… tiende a salir nuestra faceta más animal.
Al poner mi lengua entre tus muslos —se me encienden las mejillas, pero Callum no parece ni remotamente avergonzado—, provoqué a tu loba.
Te pasaste los siguientes tres días tratando de reprimirla.
Si te hiciera lo que quiero hacerte… —Sacude la cabeza—.
Prefiero no pensar en la cantidad de tiempo que pasarías inconsciente. No volveré a hacerte eso.
—¿Crees que me darás tanto placer que me pasaré con fiebre los próximos días?
Su expresión encierra tanto remordimiento que me veo obligada a contener una sonrisa.
—Correcto.
—Desde luego, te tienes en muy alta estima, ¿no crees?
Una tímida risa escapa de entre sus labios.
Se le arruga el contorno externo de los ojos al tiempo que se le iluminan.
Sus iris son del color de las copas de los árboles a la luz del sol.
Por un momento, parece más joven, no un alfa con el peso de todo su clan sobre los hombros ni alguien que está a punto de retar a su hermano, sino un joven lleno de vitalidad y ganas de divertirse.
—No recuerdo que te quejaras las otras veces que te probé ni cuando te metí los dedos hasta hacerte gritar mi nombre. —Al verme luchar contra el rubor que amenaza con someterme, él amplía su sonrisa—. ¿No crees que me he ganado con creces esa alta estima?
Me muerdo el labio inferior.
—No me acuerdo. Quizá deberías refrescarme la memoria.
Él gruñe antes de mordisquearme la oreja.
—Qué criatura más exigente. Ve a darte un baño y luego saldremos a pasear.
Llevo días encerrado, igual que tú. El aire fresco te sentará bien.
—Me da un besito en la nariz seguido de uno en la frente.
Después, su expresión se tensa de nuevo—.
Y, por el amor de Ghealach, quítate la ropa de Blake, ¿quieres?
Estoy haciendo acopio de toda mi disciplina para no arrancártela.
—No te lo impediría.
Él gruñe y se aparta de mí.
—Al baño. Ahora.
—Me encantará salir de este sitio. —La mano de Callum sostiene la mía con firmeza mientras me guía por el recibidor de Lowfell en dirección a las puertas de roble.
Es una zona pequeña, sin decoración y con una escalera que conduce a otra planta—.
Aquí estamos rodeados de enemigos. He mandado un mensaje a Highfell, pero me imagino que mis hombres no llegarán hasta pasada la luna llena.
Por eso esperaremos hasta entonces para mover ficha.
—¿Cuentas con un buen ejército?
La puerta cruje cuando Callum la empuja para abrirla y el viento vierte unas cuantas gotas de lluvia en mi rostro.
—Es lo bastante grande como para proteger Highfell, pero no como para mantenerlo todo bajo control una vez que lleguemos a Madadh-allaidh —explica Callum.
Nos adentramos en un patio exterior de dimensiones más bien moderadas. Los muros que lo cercan por ambos lados están tan cerca entre sí que resulta agobiante.
—Por eso necesitamos a Lochlan —apunto yo.
Callum asiente y me lleva por un túnel que hay en los muros del castillo y que nos ofrece un refugio temporal ante la lluvia. Al fondo hay unas considerables puertas de acero, que cruzo con los labios separados para, a continuación, volverme para mirar.
Estamos rodeados de agua. A ambos lados del oscuro lago se alzan unas montañas teñidas de naranja bruñido, marrón y un amarillo áureo.
A nuestras espaldas, el castillo se yergue hacia el cielo encapotado.
Es más pequeño que Madadh-allaidh, pero con un diseño igual de austero, con muros angulares de piedra, ventanas oscuras y una torre rectangular.
El aguacero repiquetea sobre la superficie del lago y el aire trae consigo un aroma a humedad y hojas mojadas.
Nuestras botas chapotean sobre la hierba.
Callum echa la cabeza atrás y suspira mientras nos detenemos bajo una arboleda que hay en la orilla del agua.
La lluvia resbala por su rostro y por sus labios.
Parece tan fascinado como yo por la belleza que nos rodea.
—¿Alguna vez habías estado en Lowfell? —indago.
Blake formó parte de la alianza lobuna de su padre, así que tendría sentido que Callum hubiera venido alguna vez.
—No. Sabía que era una especie de fortaleza.
Hasta que no lo vi la otra noche no fui consciente de lo inexpugnable que es en realidad.
—Me tira de la mano e iniciamos una caminata por la orilla del lago.
El agua tiene el color del óxido y sus olas lamen las piedras bajo nuestros pies—.
Hay un paso que lo conecta con el resto de las Tierras del Norte por la parte de atrás, pero solo se aprecia cuando está baja la marea.
La única otra forma de llegar es por el agua.
—Estamos cerca de las Tierras Fronterizas, ¿no? —pregunto, recordando el mapa de la cámara del consejo de Blake.
—Así es. Lowfell solía hacer muchas incursiones en las aldeas de las Tierras Fronterizas, aparte de en otros territorios de lobos, pero nunca han podido asediarlo. Esa es la razón por la que mi padre accedió a aliarse con el anterior alfa durante un tiempo.
—¿Con Bruce?
—Era un tipo de lo más desagradable. James procuraba llevarme de caza cada vez que… —Callum enmudece, con la mirada ensombrecida por la mención de su hermano—. Un día, mi padre cortó la relación con él de forma definitiva. Casi entran en guerra.
—¿Qué ocurrió?
—Creo que Bruce se le insinuó a mi madre.
—Callum tiene la vista fija en el bosque—.
Mi padre era muy celoso y esa clase de afrentas no le sentaban bien.
Todos creían que Bruce lo desafiaría por el trono…
, pero entonces recibimos la noticia de que lo habían asesinado y un nuevo alfa ocupaba su lugar en Lowfell.
—Blake.
—Sí. —Callum suelta una risilla sombría—. No sé cómo ese mierdecilla consiguió hacer algo así. Este castillo es casi impenetrable y Bruce tenía un clan especialmente sanguinario. Por lo que he visto hoy, todo apunta a que Blake se quedó también con él.
Asiento.