El príncipe de la noche (El rey de los lobos 2) Capítulo 5 #2
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Capítulo 5 #2

Yo frunzo el ceño al recordarlo conspirando con Blake en ese calabozo en el que me metieron antes de llevarme ante James. «Apesta al alfa de Highfell», dijo tras sugerirle a Blake que me diera un baño.

—Qué original eres, ¿no? —digo yo—. Por llamarme roja por mi pelo.

—¿Por tu pelo? —repite Jack—. No, lo decía por tu cara, roja . ¿Por qué estás tan ruborizada? —Su sonrisa crece y deja al descubierto unos dientes blancos, gesto que hace que me sonroje todavía más.

—¿Y tú qué haces aquí? —inquiero yo para aparentar serenidad—. ¿Nunca te han dicho que es de mala educación escuchar a escondidas?

—Puede que mi madre lo mencionara alguna vez. —Se encoge de hombros y señala con la cabeza la puerta de la cámara del consejo—. Blake ha dispuesto un alojamiento más cómodo para ti. Os llevaré ahora que has despertado.

Se oye un gruñido disconforme cuando Callum se despide de Ryan. El joven lobo resopla y se aleja a zancadas. Callum masculla algo por lo bajo sobre cachorros insolentes y cruza el espacio que nos separa antes de entrelazar sus dedos con los míos. Sus hombros se libran un poco de la tensión.

—¿Listos? —dice Jack.

—Sí.

Lo seguimos por un laberinto de pasillos.

—¿De qué iba eso? —pregunto en voz baja mientras nuestras pisadas retumban contra la piedra.

—Ryan quiere volver a Madadh-allaidh. —Callum suspira y, como tantas otras veces, parece que carga con un peso tremendo sobre los hombros—. El muchacho ha trazado un gran plan para rescatar a Fiona. Cree que puede jugársela a James.

—Ah —murmuro—. No suena sensato.

—No. No lo es. Como no me haga caso, conseguirá que lo maten. Y tiene un buen historial de no hacerme caso.

—¿Tiene una relación muy estrecha con Fiona?

—Al formar parte del mismo clan… somos familia. Ella le enseñó a montar a caballo, y Fi, James y yo solíamos dejar que se nos uniera cuando salíamos a cazar. —Sacude la cabeza—. Creo que estaba algo prendado de ella antes de Becky.

Le aprieto la mano.

—La recuperaremos.

—Sí. Y haré que James pague por todo: por hacerte daño, por reclamarte, por retener a Fi. Estaría bien no tener que sumar una preocupación por Ryan a todo eso.

Jack nos va señalando cosas a medida que pasamos por delante de ellas: las puertas del Gran Salón de Blake, una sala de estar, un pasillo que conduce a la enfermería.

Igual que antes, me percato de la ausencia de estandartes y tapices de cualquier clase.

También del silencio. Nos cruzamos con algunas personas por los pasillos: dos mujeres con vestidos marrones enzarzadas en una conversación acalorada y un anciano con un kilt negro y gris que carga con una caja de pescado en dirección a las cocinas.

Un niño pequeño, de unos cuatro años, con una mata de rizos negros, baja corriendo por las escaleras junto a nosotros, lo que hace que Jack lo anime a correr más deprisa si quiere escapar de su madre.

O el clan de Blake no es muy multitudinario o reside fuera del castillo.

Jack señala la escalera de caracol que conduce a la biblioteca de la torre y yo tomo nota de ello para visitarla más adelante. Quiero averiguar la forma en que Blake vinculó nuestras vidas para así poder deshacerlo yo misma. La biblioteca parece un buen punto de partida.

Finalmente, nos detenemos delante de una puerta de la segunda planta del castillo. Jack la abre.

La estancia es mucho más amplia de lo que esperaba.

Una inmensa cama con dosel preside el lugar, cubierta de pieles.

Dos sillones descansan sobre una alfombra aborregada frente a la chimenea.

En la esquina hay un vestidor y un robusto armario de roble parcialmente ocultos por un tabique de madera.

A pesar de la falta de decoración, hay un rectángulo de piedra más clara sobre la repisa de la chimenea que sugiere que en algún momento hubo un cuadro colgado ahí.

—Blake ha pensado que sería más adecuada que la habitación en la que estabais hasta ahora —dice Jack—. El anterior alfa de Lowfell vivía aquí.

—¿Estos eran los aposentos de Bruce? —pregunta Callum con un tono de voz sombrío mientras mira en derredor.

—¿Lo conocías? —se interesa Jack.

—Así es. ¿Tú?

Jack se acerca a la ventana, que da a una vasta extensión de agua, y se apoya en el alféizar.

—Fue un encuentro muy breve. —Sus ojos brillan bajo la luz grisácea—. A Blake le inspiraba bastante aversión. Por eso rechazó la habitación. No quería dormir en la cama de Bruce.

Callum se apoya en la puerta en una imitación de la postura casual de Jack.

—¿Fue aquí donde lo mató? —pregunta como si se estuviera interesando por algo tan nimio como el tiempo.

—No. Lo hizo en la enfermería.

Me asalta un brote de rechazo frente al recordatorio de que Blake es un asesino que disfruta infligiendo dolor físico tanto como tormento emocional.

Callum aprieta las comisuras de los labios, como si tampoco él lo aprobara.

—Ya veo.

Una sonrisa se abre paso por los labios de Jack. Cualquiera diría que la aversión que nos genera su alfa lo divierte. Se endereza y señala el armario.

—Ahí dentro tienes algo de ropa que debería ser de tu talla, Aurora, y también te hemos preparado un baño en caso de que quieras asearte.

—Gracias. —Me impongo un tono educado pese a la antipatía que me inspira este tipo. Lo más seguro es que nos beneficie tener al clan de Blake de nuestra parte si queremos derrotarlo.

La sonrisa de Jack aumenta de tamaño y asiente.

—Mantengo lo dicho en caso de que quieras entrenar más tarde, Callum.

—Quizá podrías practicar con Ryan —contesta él—. Que el muchacho no se meta en líos.

Algo parece sacudirse entre los dos: una especie de desafío que no comprendo.

Jack se marcha y cierra la puerta a sus espaldas.

En cuanto nos quedamos solos, Callum se deja caer visiblemente contra la pared.

Aun así, me mira a los ojos con un destello de calor en su mirada.

Su expresión se suaviza y me llama con el dedo.

—Ven aquí —dice.