Capítulo Veintidós
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(PDV de Lily)
—Solo tú puedes ayudarme con esto —dijo Archer.
Lo miré fijamente.
—¿Qué quieres decir?
Me sostuvo la mirada. Su voz sonaba completamente serena.
—Te estoy pidiendo que te cases conmigo.
Me quedé paralizada.
Las palabras aterrizaron y mi cerebro simplemente... se bloqueó. Como un ordenador al que le dan un comando que no puede procesar. Me quedé con el tenedor a medio camino del plato, inmóvil.
—Perdona —dije, tras lo que me pareció un minuto entero—. ¿Puedes repetir eso?
—Quiero que te cases conmigo —dijo—. Te pido que lo consideres.
Dejé el tenedor.
—Vale —dije despacio—. ¿Por qué yo?
No dudó.
—Mi familia lleva meses organizándome citas sin parar. Y no tienen intención de dejarlo. Los medios no dejan de publicar historias sobre mí; ninguna es cierta, pero están empezando a afectar la imagen de Hartley Technologies. Necesito a alguien que haga desaparecer ambos problemas.
—Eso explica por qué quieres casarte —dije—. No explica por qué me lo pides a mí.
—Nos conocemos desde la universidad. Ya sabemos cómo es el otro. No somos dos desconocidos tratando de descifrar al otro. Eso lo hace más fácil.
Lo miré.
Había algo casi dolorosamente lógico en su forma de plantearlo. Como si lo hubiera analizado desde todos los ángulos y hubiera llegado a una conclusión limpia. Podía seguir su razonamiento. Entendía cada paso.
Pero había algo que no había tenido en cuenta.
—Archer —dije con cautela—. Recuerdas que salí con Blake casi dos años, ¿verdad?
No se inmutó.
—Lo recuerdo.
—Estuviste allí. Viste casi todo.
—Lo sé.
—Entonces entiendes por qué esto es un poco... —busqué la palabra adecuada—. Complicado. Para mí.
Se recostó ligeramente.
—No te guardo rencor por nada de eso. Quedó atrás.
—No se trata de que me guardes rencor —cogí el vaso de agua y lo dejé sin beber—. Estuviste allí, Archer. Lo viste todo. Viste los buenos momentos y los malos. Fuiste tú quien nos calmaba cuando discutíamos. Probablemente conoces esa relación mejor que nadie, aparte de Blake y de mí.
No dijo nada.
—Me estás pidiendo que pase página sin más. Que finja que nada de eso ocurrió. Que me case con alguien que presenció todo aquello.
—No te pido que finjas nada.
—Entonces, ¿qué me pides?
Se quedó callado un momento.
—Que lo consideres —dijo—. Eso es todo. Solo que lo consideres.
Miré el pastel a medio comer entre nosotros. Las velas llevaban un buen rato apagadas. Las fresas empezaban a ablandarse.
No dije que sí. No dije que no. Me quedé allí sentada, intentando descifrar qué sentía realmente.
(PDV del autor)
El viaje de vuelta transcurrió en silencio.
Lily iba en el asiento del copiloto con la cara vuelta hacia la ventanilla, viendo pasar las farolas.
Archer mantenía ambas manos en el volante y no insistió en conversar.
La noche había sido intensa: el banquete, la aparición de Blake, Nora, y luego lo que él le había dicho mientras comían el pastel de cumpleaños.
Se le notaba. Estaba procesándolo todo a la vez.
La miró de reojo y volvió a fijar la vista en la carretera.
Pasaron unos minutos. Luego unos cuantos más.
En un semáforo en rojo, giró la cabeza y la observó bien.
Tenía los ojos entrecerrados. La cabeza se le inclinó hacia delante un par de centímetros y luego se enderezó de golpe. Parpadeó con fuerza, se irguió y clavó la mirada en la ventanilla como si intentara convencerse de que estaba despierta.
—¿Te estás quedando dormida? —preguntó.
—No —respondió de inmediato—. Estoy bien.
Se enderezó aún más.
Él vio cambiar el semáforo y arrancó.
Treinta segundos después, la cabeza volvió a caérsele hacia delante.
—Lily.
—Mm.
—Duérmete. Te despierto cuando lleguemos.
—No estoy tan cansada —dijo, aunque la voz ya se le deshilachaba.
No discutió. Se limitó a conducir.
Cuando giró hacia su calle, Lily estaba profundamente dormida. Tenía la cabeza apoyada en el respaldo, la respiración lenta y acompasada, una mano relajada en el regazo. Redujo la velocidad poco a poco y se detuvo frente a su edificio sin movimientos bruscos.
Aparcó y se quedó un momento sentado.
Luego se volvió y la miró.
Dormía igual que hacía todo lo demás: sin afectación. Sin ninguna expresión especial en el rostro. Solo quieta.
Él apartó la mirada.
—Lily —dijo.
Nada.
—Oye. —Un poco más alto.
Se removió. Abrió los ojos lentamente, la mirada desenfocada por un momento, y emitió un sonido quedo que no llegaba a ser palabra.
—Ya llegamos —dijo él, y fijó la vista en el parabrisas como si hubiera estado mirando al frente todo el tiempo.
Parpadeó varias veces.
—Oh.
Tenía la voz pastosa, de recién despertada. Se incorporó y se frotó los ojos con el dorso de la mano.
Luego cogió el móvil y miró la hora.
—Archer. —Sonaba realmente alarmada—. Dormí casi dos horas.
—Qué va.
Ella lo miró.
—La carretera estaba complicada —dijo él—. Fui despacio. Habrás dormido diez minutos como mucho.
Volvió a mirar la hora en el móvil. Luego hizo cuentas mentalmente.
—Ah —dijo al fin, y asintió—. Vale. Tiene sentido.
Cogió el bolso.
—Lo siento de todos modos. Ha sido una grosería por mi parte.
—Qué va.
Ella empujó la puerta y salió. Él la observó alisarse la chaqueta y ubicarse.
Estaba casi en la entrada del edificio cuando él la llamó.
—Lily.
Ella se dio la vuelta.
Tenía el brazo apoyado en el marco de la ventanilla abierta, en una postura relajada.
—No te agobies por lo que te pregunté esta noche —dijo—. Tómate tu tiempo. Piénsalo con calma.
Ella lo miró un momento.
—Vale.
—Descansa.
—Tú también —dijo ella—. Buenas noches, Archer.
—Buenas noches.
Se dio la vuelta y caminó hacia la puerta, pasó la tarjeta por el lector y entró en el vestíbulo. La puerta se cerró tras ella.
Él se quedó allí sentado.
Unos minutos después, se encendió una luz en el quinto piso: el balcón con la planta colgante que ella había mencionado una vez, meses atrás. Se quedó mirando un momento. Nada se movió. Todo estaba bien.
Se volvió y metió la mano en la consola central.
Había una cajetilla de cigarrillos en el compartimento. No fumaba habitualmente, solo a veces, cuando no conseguía desconectar. Sacó uno y se lo puso entre los labios, encendió el mechero y acercó la llama a la punta.
La brasa roja se encendió.
Se recostó en el asiento y exhaló despacio, viendo el hilo de humo elevarse y disolverse en la oscuridad.
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