Cosas que hubiera querido decirte
Mi padre regaba el jardín, disfrutando de un sol que no parecía de diciembre, y yo, en pijama, llevaba un rato tocando la guitarra en el garaje. El plan era claro: tomarnos el domingo para no hacer nada y desconectar.
Unos ladridos lejanos y mi padre hablando con alguien me sacaron de golpe de mi ensimismamiento.
El corazón me dio un vuelco. Un minuto después apareció Nico, algo despeinado, la sudadera gris con las mangas subidas y una expresión medio nerviosa, medio dulce.
Al verlo, comprendí que había notado que estaba rara con él…
—Hola, Beca, te he oído tocar desde la calle y tu padre me ha dejado pasar.
¿Puedo desaparecer, por favor?
—Ya… —respondí sin saber qué decir.
En ese momento, pareció darse cuenta de que llevaba el pijama puesto, porque me miró de arriba abajo.
Me sonrió, divertido, pero mi expresión no cambió y a él se le borró la sonrisa de los labios.
Miró alrededor, se mordió el labio inferior y se removió un poco.
No podía creerlo: lo veía incómodo por primera vez.
—¿Por qué me evitas?
Sentí un golpe en el pecho, pero era imposible seguir fingiendo que todo estaba bien. Tal como me habían dicho las chicas, tenía que soltar lo que llevaba días tragándome.
—No te entiendo, Nico. No sé cómo puedes ser amigo de las que se ríen de mí, ni entiendo que, si lo hacen, tú no hagas nada. ¿Sabías que el otro día me dejaron un mensaje en el banco del patio? No sé por qué, pero me la tienen jurada. Y tú… tú te juntas con ellas.
Nico me miraba superserio; ni rastro de su sonrisa, no parecía él.
—Beca, lo siento. No sabía… —Nico titubeó; tenía los ojos brillantes—, no sabía que lo del mote te molestara. Cuando hablamos del tema entendí que no te importaba.
Me quedé callada, con un nudo en la garganta tan grande que me dolía al tragar.
—Lo siento de verdad, Beca —dijo en voz baja y se dio la vuelta.
Se fue, dejándome sola, con el corazón revuelto y sin poder decirle todo lo que hubiese querido:
¿Y qué hago ahora?
Cogí la guitarra y me puse a tocar en modo automático. No quería pensar más. Solo tocar, cantar bajito y dejar que la música dijera lo que yo aún no sabía cómo explicar.
Cosas que hubiera querido decirle:
1. Ya no estaba segura de confiar en él.
2. No le estaba pidiendo que fuera un héroe, solo que no mirara para otro lado.
3. Me gustaría que se hubiera dado cuenta de por qué estaba enfadada sin tener que explicárselo.
Y también…
4 . Que pensaba en él un montón.
5 . Y que, aunque intentara pasar de él, no me salía. No podía evitar que se me acelerara el corazón al verlo, o querer hacerle sonreír.