El primer día de mi nueva vida (El caos de Beca 1) Nos vemos
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Nos vemos

El garaje se había convertido oficialmente en mi lugar favorito.

Me pasaba las tardes allí: hacía deberes, estudiaba, tocaba la guitarra hasta que se me dormían los dedos y cada día me sentaba un rato al piano.

Estaba empeñada en sorprender a mi madre en Navidad, aunque todavía me equivocara en las canciones fáciles y me diera una rabia horrible.

Muchas veces, estando allí en silencio, me acordaba de Nico.

Desde el día de la lluvia no lo había vuelto a ver.

Y eso que me había inventado mil excusas para salir al jardín: regar las plantas, recoger hojas, comprobar si el viento había movido las macetas…

Nada. Aparte de ahogar a las pobres adelfas, de mi vecino ni rastro, como si se lo hubiera tragado la tierra.

Ese viernes, mientras mi padre terminaba de preparar la cena, me tocó salir a tirar la basura. Iba con el outfit oficial de sacar la basura: chándal, coleta deshecha y zapatillas viejas. Crucé la calle y escuché:

—¡Hola, Beca!

Por supuesto tenía que ser él. Y tenía que verme así. Genial.

Gracias, universo…

Volví la vista y ahí estaba Nico, con su bici Frankenstein, parado a unos metros. A su lado había una niña de unos diez años, con dos moños altísimos, gafas de purpurina y una bici demasiado grande.

—Hola —respondí.

—¿Qué tal? —preguntó, sonriente.

—Muy bien…, aquí… —dije, intentando aparentar tranquilidad y que su sonrisa no me ponía un poco (bastante) nerviosa.

—He pasado por delante de tu casa mil veces y nunca te he visto.

¡Qué fuerteeeeee!

¿Qué? ¿Había pasado por delante de mi casa para verme?

—Qué mal —contesté con mi voz de ardilla agobiada. Si él supiera lo mucho que habían tenido que sufrir las adelfas…

—Al menos hoy estamos los dos secos.

«Y yo con una bolsa de basura en la mano», pensé.

—Sí…, mejor así —respondí medio riéndome. Tenía mil ganas de preguntarle cómo había estado, si se habían vuelto a soltar los tornillos de la bici, si ya se había hecho al barrio, pero tampoco quería agobiarlo.

—Nosotros venimos de un recado. ¿Verdad, Vega?

—¡Sí! —respondió la niña.

—Es mi hermana —aclaró Nico.

—Hola, Vega —dije—. Soy Beca.

—¡Mira cómo giro! —gritó Vega, empezando a pedalear en círculos mientras se alejaba.

—Perdona, Beca, pero esta se me va… Voy detrás —se despidió medio riéndose, señalando a su hermana, que ya estaba a un montón de metros.

—Vale…, sí. Nos vemos —alcancé a decir, aunque ya casi no me oía.

Y ahí me quedé, con la bolsa en la mano y cara de tonta, pensando en que ojalá no pasaran tantas semanas sin vernos. Y ya que estaba, a ver si la próxima vez me pillaba un poco más presentable, porque entre la lluvia y la basura, mis dos encuentros con Nico daban para varios memes.

Literal