Encajar
Al día siguiente, a la hora del recreo, Noa y Andrea nos esperaron para ir juntas al patio. Les salió como algo natural después de haber hablado el día anterior, pero a mí me hizo mucha ilusión: quería conocerlas.
—Podemos quedarnos aquí, este banco mola —propuso Noa bajito—, no nos molestará nadie.
—Buena idea —contestó Bel, dejando la mochila en el suelo—. Además, tiene sombra.
—Y estamos un poco apartadas —añadí yo.
—Qué raro que coincidamos en eso —dijo Andrea, sonriendo—, a todo el mundo le encanta el jaleo.
—Es que no somos «todo el mundo» —aclaró Noa, medio en broma.
Nos sentamos y Noa sacó unas galletas para compartir.
—Tía, qué ricas —aprobó Andrea.
—Las hace mi madre.
—Pues quiero conocerla —dijo Bel sin dejar de masticar.
Inevitablemente, pensé en la mía. ¿Qué estaría haciendo? Nos llevábamos nueve horas de diferencia. Me la imaginé preparando la cena, con algo de música de fondo. Me encantaba ese rato de la tarde: siempre aprovechábamos para charlar y contarnos qué tal había ido el día.
—¿Estás bien? —La pregunta de Andrea me devolvió al mundo real.
—¿Qué? Sí. Perdonad. Pensaba en mi madre… —Como nadie dijo nada, proseguí—: Se ha mudado a Sídney por trabajo. Es temporal, pero…
Me daba un poco de vergüenza admitir que echaba de menos a mi madre delante de ellas, pero Noa dijo:
—Uf, qué mal. Si fuera la mía, la extrañaría un montón. —Yo asentí, sorprendida por su respuesta—. El primer día de insti solo quería llegar a casa y abrazarla.
—Ni que lo digas —dijeron Bel y Andrea a la vez. Se miraron con una sonrisa.
Noa me acercó el tupper con galletas y me ofreció la última.
—Ten, cómetela. La última es siempre la que está más rica.
Qué mona, por favor
Me emocioné un pelín; sabía que lo hacía por lo que había comentado de mi madre.
—Gracias, Noa.
Y todo empezó a fluir como si de repente nos relajáramos sin darnos cuenta, con esa sensación rara de cuando estás con alguien nuevo y parece que lo conocieras de antes.
Fue guay… y, no sé, por primera vez en más de un mes, sentí que empezar de cero quizá no era tan dramático.
Enseguida empezamos a ver que teníamos muchas cosas en común y otras muchas que nos sorprendían.
A partir de entonces, salíamos al patio juntas.
Hablábamos de los profes, de nuestras pelis favoritas, de nuestras familias, de tonterías del día a día, de los crushes imposibles, de vídeos de TikTok que ni Noa ni yo habíamos visto —porque no teníamos TikTok— o de Instagram, aunque yo era la única que tenía perfil ahí.
Era genial notar cómo íbamos conociéndonos; éramos muy diferentes, pero encajábamos muy bien y cada una aportaba algo guay.
¡Fluíamos superbién!
Andrea era la más organizada; se sabía el horario de clase de memoria, los nombres de todos los compañeros, los días festivos del trimestre…
Todo. Era muy perfeccionista, de las que te decía que cerraras bien el estuche para no perder los lápices o de las que le molestaba que doblaras las esquinas de las páginas de un libro.
Y, encima, como estudiaba danza en el conservatorio, en cuanto nos veía un poco encorvadas, nos corregía la postura.
Noa era otra historia. En clase siempre parecía en su mundo porque no paraba de garabatear en los márgenes de los cuadernos.
La mirabas y jurarías que estaba en otro planeta, pero no se le escapaba nada.
Era ingeniosa, lista y tenía ese punto creativo con el que convertía cualquier idea normal en algo chulísimo.
Aunque era la más callada, también era la que transmitía, no sé… , como calma.
Bel… Bel era Bel. Tenía carácter, del de verdad, y era leal a saco. Le encantaban los retos, el fútbol y los tacos con extra de picante que traía a veces.
—Tía, pero ¿cómo puedes almorzar esto? —le decíamos.
—Así se almuerza en México —contestaba con una sonrisa.
Y por las tardes… el chat echaba humo. Andrea enviaba audios mientras iba o volvía del conservatorio, Bel pasaba memes, Noa compartía bocetos de la ropa que diseñaba sin decir nada, como si no fuera un talentazo, y yo enviaba stickers y canciones según el momento.
Andrea
Estamos a finales de octubre… Tenemos que ponernos con el trabajo.
Bel
Tranqui, ya si eso en la última semana.
Noa
Bel
Es broma, hay que ponerse ya.
Andrea
Sí o sí.
Yo
¿Y si nos vemos fuera del insti en plan serio?
Andrea
Me flipa, pero entre semana imposible por el conservatorio.
Yo
Pues quedamos el finde.
Bel
Mejor. ¿Domingo?
Noa
OK.
Andrea
Por mí perfecto. ¿Dónde?
Yo
¿En mi nuevo garaje?
Andrea
Síííí, así conocemos el garaje-estudio-chill con vibes retro-vintage-guay.
¡Top!
Yo
JAJAJAJA. ¡No te rías de mí!
Noa