El primer día de mi nueva vida (El caos de Beca 1) El garaje
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El garaje

Fui a cambiarme antes de comer. Cuando entré en la cocina, mi padre estaba esperándome.

—Lo siento, papá, estaba ayudando a un vecino a arreglar la bici, necesitaba una llave inglesa.

—Ya… —sonrió—. Creo que es el chico de la familia que se ha instalado en la casa azul, vi el camión de mudanzas hace un par de semanas.

—Sí, eso me ha dicho.

—¿Y es majo?

—No sé, papá…, no lo conozco de nada.

En realidad no era una respuesta difícil, pero solo pensar que tenía que hablar con mi padre sobre Nico me hacía sentir rara.

¡Ni de broma!

—¿Qué tal el primer día? —preguntó mi padre mientras recalentaba la comida.

—¿Siguiente pregunta…?

—¿Tan terrible ha sido?

—Bueno, sí, no sé. Ha sido bastante horrible, pero…

supongo que podría haber sido peor —dije sorprendida de mi yo positivo.

Sí: había llegado tarde y hecha un desastre a mi primer día de insti, y mis calcetines habían convertido en el chiste del día, pero había conocido a gente que quizá merecía la pena.

Empecé a comer; estaba hambrienta.

—Papá —dije—, qué pena que tengamos el garaje tan abandonado, ¿no?

—La verdad es que sí —respondió sorprendido por la pregunta—. Desde que tu madre dejó de usarlo, está hecho un desastre.

—Pues es un sitio bastante top.

—Sí… —coincidió, tratando de descifrar a qué venía ese interés repentino—. ¿Quieres decirme algo, Beca?

—Bueno, no sé…, a lo mejor podríamos…

—¿Te gustaría transformarlo en un espacio para ti? —me interrumpió, sonriendo.

—¡Sí, papá, muchísimo! Sería genial… Lo decoraría, me llevaría mis cosas, estudiaría ahí, tocaría… Mi cuarto me encanta, lo sabes, pero es tan pequeño…

—También podríamos llamar al afinador y darle una nueva vida al piano.

—¡Eso sería brutal! —exclamé superemocionada.

—Pues ahora, cuando hables con mamá —dijo, mirando el reloj—, se lo comentas. Seguro que le hará ilusión que el garaje vuelva a ser un sitio especial y, si vuelves a tocar el piano, aún más.

En la videollamada con mi madre, le conté que el día había empezado regular, que habíamos llegado tarde, que yo estaba de los nervios y todo eso, pero que ahora estaba mejor.

También le dije que el insti no estaba mal, que mi tutora molaba y que mi compañera de mesa parecía maja…

Me salté el «horror calcetines» porque no tenía ganas de revivirlo y le comenté el proyecto del garaje.

—¡Qué bien, Beca! Ya verás, cuando lo ordenéis un poco, será perfecto para ti. Y me hace mucha ilusión que afinéis el piano. Sonaba tan bien cuando lo tocabas tú… En navidades, cuando vuelva, tocamos juntas a cuatro manos.

—Me parece ideal.

Para mí, quedaba una eternidad hasta Navidad.

Tenía mil ganas de verla…

Esa noche, antes de dormirme, me aseguré de guardar todas las cosas de cuando era pequeña en las cajas de las que habían salido y comprobé tres veces que tenía la alarma a todo volumen.

Al apagar la luz, pensé en Nico y me entraron muchas ganas de contarle el día a Lucy.

Pero no lo hice. ¿Para qué?, si ni siquiera me había escrito en todo el día.

Intenté no ponerme triste y me concentré en mi futuro estudio- chill .

Lista de cosas que me gustaría tener en el garaje:

1. Un cartel en la puerta que diga: «No molestar (a menos que traigas galletas)».

2. Luz guay para grabar vídeos (por si algún día me atrevo).

3. Un corcho gigante para colgar letras de canciones, fotos y listas.

4. Una manta para sentarme en el suelo con la guitarra.

5. Un rincón chulo para estudiar (que consiga motivarme).

6. El piano de mamá afinado.

7. Y un rincón para mi perro… cuando por fin me dejen tenerlo.