El primer día de mi nueva vida (El caos de Beca 1) El silencio de Lucy
6%

El silencio de Lucy

Apagué la llamada y me quedé mirando el reflejo azul de la pantalla.

Lo mejor de hablar con mi madre era que nunca intentaba arreglarme la vida con un «seguro que irá genial».

Ni siquiera fingía que todo iba a salir bien; solo me recordaba que, aunque estuviera a miles de kilómetros, seguía estando conmigo para lo que necesitara.

Era verdad que ya no era como antes: de pequeña, con solo oír su voz, ya me sentía a salvo de todo…

Ojalá. Ya no; después de colgar, el nudo seguía ahí y nada me quitaba el miedo de empezar una nueva etapa: nuevo instituto, nuevos compañeros, nuevo universo…

y encima con mi madre en versión pantalla y sin Lucy. Mi mejor amiga.

¿Todavía?

Lucy y yo llevábamos juntas desde los seis años.

Nos entendíamos tan bien que solo bastaba con mirarnos para saber lo que pensaba la otra.

Era como tener nuestro propio idioma secreto.

Estábamos siempre juntas, a todas horas.

Hasta que, de repente, sus padres se separaron y, en cuanto acabó sexto, se fue a vivir con su madre a otra ciudad.

Fue lo peor. Enfrentarnos a la idea de que no íbamos a ir juntas al instituto era como si nos hubieran quitado nuestro sitio en el mundo: cambio de planes, cambio de ruta… Horrible, vamos.

—No quiero que te vayas —le dije con la voz rota el día que nos despedimos.

—Ni yo quiero irme —respondió, secándose la cara con la manga de la camiseta—. Pero es lo que hay.

—¿Y qué vamos a hacer ahora?

—Pues hablar todos los días, ¿vale? —Me agarró fuerte la mano—. Da igual dónde estemos, vamos a seguir siendo mejores amigas, siempre.

—Siempre —repetí tratando de creérmelo, porque me daba un miedo mortal que no fuera verdad.

Se marchó justo cuando terminó el curso y, como habíamos conseguido convencer a nuestros padres de que nos compraran un móvil, estábamos seguras de que nos mantendríamos unidas.

De hecho, durante las dos primeras semanas nos escribíamos un montón.

En secreto, incluso, nos abrimos una cuenta de Instagram para seguir nuestro día a día, pero al final no sirvió de mucho, porque Lucy empezó a escribir menos, a estar distinta…

Yo me pasaba horas revisando la pantalla, esperando un mensaje suyo, pero ella casi nunca respondía y, si lo hacía, era con frases cortas.

No sé, cada vez sonaba más lejos, como si estuviéramos en planetas distintos.

Pensé que, al volver de vacaciones, aunque estuviéramos en ciudades diferentes, todo volvería a ser como antes, pero nada que ver.

Así que allí estaba yo, pensando que, si Lucy estuviese conmigo, ya tendríamos un plan absurdo y perfecto para sobrevivir al primer día de insti: qué ropa ponernos, en qué fila sentarnos, cómo presentarnos…

Pero en lugar de eso, yo estaba sola, a horas de empezar las clases, y sin nadie que me entendiera al cien por cien.

Solo Lucy podía hacerlo. Miré el móvil por inercia, como si fuera a aparecer un mensaje suyo, pero nada. Solo silencio.

Ojalá…

Entonces respiré hondo y me dije que ya estaba bien, que no podía seguir en modo bucle, sintiéndome desgraciada… Así que me levanté, y decidí que, si tenía que enfrentarme al caos de un primer día de insti sola, lo mejor sería hacerlo con el outfit adecuado.

—Venga —dije, abriendo de golpe el armario—, vamos a buscar algo que encaje con este primer día de todo.