9.
Cuando soplo las velas, Antonio vuelve a encender las luces y todos comienzan a cantar el Cumpleaños feliz una vez más, como si no hubiera sido suficiente con una. Entonces, todos se acercan a mí para abrazarme de nuevo y darme sus regalos.
Hay un poco de todas las cosas que me gustan: ropa, unos cuantos libros, un par de juegos… Los abro todos con una sonrisa, dando las gracias y abrazando a todo el mundo.
Al fin, el último que queda es Marcos, que se acerca mí con una sonrisa tímida y me tiende un sobre cerrado.
—Más te vale que no sea dinero —le advierto; siempre he odiado los regalos de dinero. Prefiero que se gasten diez veces menos, pero que sea algo personalizado.
—Tranquilo, que no es dinero —me asegura entre risas, y yo cojo el sobre.
Con curiosidad, lo abro y extraigo las dos hojas de papel que hay en su interior. Las despliego para leerlas, y entonces me quedo completamente boquiabierto y con los ojos como platos.
Son entradas para el próximo concierto de Darío, mi cantante favorito. Y no son de las normales: ha comprado las entradas VIP, con Meet estando con él, hasta unos asientos en la última fila me habrían parecido perfectos.
—Bueno, si te fijas, ni nuestros padres ni Natalia te han regalado nada —señala—. Yo no me podía permitir unas entradas tan caras, así que el regalo es de parte de todos. No es plan de llevarme yo todo el mérito.
—Pero si tengo este regalo es gracias a ti —le recuerdo.
—Bueno, sí. Supongo que sí.
Y, entonces, lo beso en los labios. Oigo gritos y aplausos a mi alrededor, y mis mejillas se encienden de inmediato, pero no me acobardo, sino que lo rodeo con los brazos y sigo besándolo unos segundos más.
—Gracias —susurro a su oído—. Te quiero.
—Te quiero.
Ahora que nos separamos y están todos mirándonos, la vergüenza me invade de nuevo, así que trato de disimular acercándome a donde están mi madre, Antonio y Natalia.
—Muchas gracias por las entradas —les digo con sinceridad—. Es el mejor regalo del mundo.
—De nada, cariño —responde mi madre.
—A disfrutarlo —añade Antonio.
—Pero espero que te lo curres en mi próximo cumple, ¿eh? —dice Natalia, y todos reímos.
Entonces, los abrazo a los tres, feliz de tenerlos, feliz de formar parte de esta familia.
—Bueno, ¿partimos la tarta o qué? —propone Antonio.
Durante la siguiente media hora, nos dedicamos a cortar, repartir y comernos la tarta que ha preparado mi tía, tan deliciosa como siempre. Ahora que ya no tengo el foco de atención delante, me he quedado en un rincón tranquilo junto a Alejo, disfrutando de su compañía mientras comemos en silencio.
—Ni tan mal este año, ¿eh? —comenta con una sonrisa cuando se termina su trozo.
—Ya ves. ¿Sabes quién me ha escrito hoy?
—Sorpréndeme.
—Raúl.
—No jodas. ¿Y qué quería?
—Pues nada, me ha dicho que feliz cumpleaños y tal.
—¿Crees que se siente culpable por lo que pasó?
Me encojo de hombros.
—Puede ser. O a lo mejor se ha hartado del novio ese que tenía y quiere follar. O se ha enterado de lo de Marcos y se ha puesto celoso, vete a saber.
—¿Y qué piensas?
—¿Sinceramente? A estas alturas, ya me da igual.
—¿Le vas a contestar?
—No creo.
—Bueno.
Alzo una ceja, sorprendido por su respuesta.
—¿Crees que debería hacerlo?
Alejo se encoge de hombros.
—A ver, eso es cosa tuya. Pero él te dejó bastante jodido con el ghosting , ¿no? —Sé que es una pregunta retórica, pero asiento con la cabeza de todos modos—. Pues, si fuera tú, yo aprovecharía la oportunidad para demostrarle que eres mucho mejor persona que él.
Me lo pienso durante unos segundos, y entonces asiento con la cabeza. Me saco el móvil del bolsillo y respondo unos cuantos mensajes que he ido recibiendo durante la tarde antes de abrir el suyo.
Hola, no sabía si escribirte o no, pero quería decirte que muchas felicidades y que espero que te esté yendo bien
Tecleo una respuesta rápida, sin romperme demasiado la cabeza.
Ah
Y al final por qué lo has hecho?
Si se cree que por haberse dignado a escribirme después del ghosting voy a ser simpático con él como si no hubiera pasado nada, lo lleva claro.
Estoy a punto de guardar el móvil otra vez cuando veo que aparece en línea y comienza a escribir, así que aguardo hasta que su respuesta aparece en la pantalla.
Pues porque me acuerdo de ti
Alzo una ceja, incrédulo. ¿En serio me viene ahora con estas, después de haberme fallado cuando más lo necesitaba?
Ah
Bueno pues gracias supongo
Esta vez no es que pretenda ser borde, pero tampoco sé qué otra cosa decir, la verdad.
Y, ahora sí, silencio la conversación y vuelvo a guardarme el móvil en el bolsillo, decidido a concentrarme en mi fiesta, en la gente que realmente me quiere.
Sé que, si de verdad le importo, si de verdad llegué a importarle alguna vez, contestará a mi mensaje.
Supongo que tiene que haberse enterado de lo de Marcos de alguna manera, así que es evidente que no voy a volver con él, pero quién sabe si a lo mejor quiere que volvamos a ser amigos.
Por mi parte, supongo que no estoy del todo cerrado a la idea.
Igual soy gilipollas, pero creo que todos cometemos errores, y que todos merecemos una segunda oportunidad.
Si tuviera los huevos de pedirme perdón, si tuviera el valor de admitir que sabe el daño que me hizo, yo lo perdonaría.
Pero sé que no lo hará. Sé que, por mucho que yo lo quisiera, todavía más de lo que él se haya podido imaginar jamás, para Raúl nunca fui tan importante como él lo fue para mí.
De lo contrario, me lo demostraría, y por eso precisamente le he dado la oportunidad de hacerlo, dejándole la puerta abierta a que conteste y tenga los cojones que nunca tuvo para pedirme perdón.
Y, aunque una pequeña parte de mí no puede evitar sentir la esperanza de volver a encontrarme con un mensaje suyo la próxima vez que abra nuestra conversación, en el fondo sé que no tiene lo que hay que tener.
¿O sí?