El primer cumpleaños (El chico de al lado 2.5) 10.
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—Joder —rezongo mientras entro en la habitación de Marcos unas cuantas horas más tarde, arrastrando los pies—. Estoy que reviento.

Marcos se echa a reír.

—Pues normal, si es que has repetido dos veces. Eres un bestia.

—¿Y qué le hago? Yo no tengo la culpa, es que la lasaña de mi madre está buenísima.

—Sí, la verdad es que sí.

Comenzamos a desvestirnos en silencio hasta quedamos en bóxers, tal como hacemos siempre para dormir desde que empezaron a subir las temperaturas.

Al menos, con la ventana abierta corre un poco de brisa y se está relativamente bien, lo suficiente como para poder abrazarnos sin que nos entren ganas de arrancarnos la piel.

Observo a Marcos mientras se sube a la cama y después me meto yo con él, acercándome para besarlo.

Él me devuelve el beso y me acaricia la mejilla con ternura.

—Feliz cumpleaños, Fran —susurra contra mis labios, y yo me echo a reír.

—No te aguantabas las ganas de decírmelo una vez más, ¿a que no?

—La verdad es que no —responde, riendo también.

—Ahora en serio, gracias por el día. Ha sido perfecto.

—¿De verdad?

—Pues claro. —Le doy un beso más, esta vez breve—. ¿Te había dicho ya que eres el mejor?

—Alguna que otra vez, creo.

Compartimos una breve risita, y entonces volvemos a besarnos, ahora más profundamente.

Continuamos haciéndolo hasta que nuestros cuerpos comienzan a reaccionar de la forma esperada, aunque me temo que esta noche los dos vamos a ignorarlos; estamos demasiado cansados del día y demasiado llenos tras la cena, y después de tres orgasmos en el día de mi cumpleaños, la verdad es que ya no necesito más.

Cuando nos separamos y me abrazo a su pecho, me siento tan feliz que siento como si fuera a explotarme el corazón dentro del pecho.

—Gracias por todo, Marcos —susurro mientras él me acaricia la espalda—. Te quiero.

—Yo también te quiero.

Entonces, cierro los ojos y me pego todavía más a él, incapaz de dejar de sonreír mientras pienso en lo afortunado que soy, en lo feliz que me siento después de haber pasado el mejor cumpleaños de mi vida junto a las mejores personas que podría tener a mi lado.

Poco a poco, el sueño comienza a apoderarse de mí, y mi último pensamiento lúcido es que no hay absolutamente nada que pueda soñar que vaya a ser capaz de superar la realidad.