Capítulo 21 #2
Cuando Grace llegó a casa, su padre y sus hermanos ya se habían marchado, y su madre estaba en un rincón, llorando.
—¿Madre? —Grace corrió hacia ella y se arrodilló a su lado—. ¿Qué ocurre? ¿Qué ha pasado?
—Tu padre está haciendo todo lo posible por salvar el negocio, pero, Grace, no sé… dice que podríamos perderlo todo.
—No lo entiendo —dijo Grace, totalmente desconcertada, aunque sabía que su madre probablemente no podría ayudarla—. ¿Qué ha podido hacer padre para meterse en problemas?
—No quiso decírmelo —respondió su madre, echándose a llorar de nuevo—. Pero nunca lo había visto tan asustado.
De pronto la puerta se abrió de golpe y Borden entró a toda prisa, quitándose las botas mojadas.
—Borden, ¿qué está pasando? —quiso saber Grace, poniéndose en pie y caminando hacia él, pero él negó ligeramente con la cabeza mientras señalaba hacia su madre.
—No hay nada por lo que preocuparse, madre, todo está bien —dijo, antes de inclinar la cabeza en dirección al despacho de su padre. Grace lo siguió, tirándole de la manga para que le contara más.
—¿Qué está ocurriendo? —exigió.
Borden suspiró, ignorándola, pero Grace lo conocía y estaba segura de que acabaría compartiendo algo con ella.
—¿Dónde está el libro de cuentas en el que estabas trabajando?
—En la biblioteca —respondió ella, mientras él salía de la habitación sin más explicación y Grace lo seguía pisándole los talones.
—¿Para qué lo necesitas? —preguntó, perpleja—. De hecho, nunca conseguí cuadrarlo.
—Lo sé —replicó Borden—. Y no había forma de que pudieras hacerlo.
—Escucha, yo…
—No por ti —dijo, empujando la puerta de la biblioteca y caminando hacia el pequeño escritorio en el que ella trabajaba. Allí estaba el libro, ya cubierto de polvo por el aire que entraba todo el día por las ventanas de la biblioteca—. Los números que padre y Max te dieron no eran correctos.
—Pero ¿por qué…?
—El objetivo era mantenerte ocupada y dar a Hondros una razón para permanecer cerca de ti.
Grace abrió la boca.
—¿Qué tiene él que ver con esto? —¿Acaso no se les había ocurrido que tal vez solo quería estar con ella?
—Teníamos que estar seguros.
Y nunca podrían estarlo. No con ella. La verdad estaba escrita en el rostro de Borden, aunque nunca llegaría a pronunciar esas palabras en voz alta.
Se puso delante de él, con las manos en las caderas, decidida a no dejarlo pasar hasta que supiera la verdad.
—Dime qué pasa aquí, Borden.
—Ahora no tengo tiempo.
—Borden. —Apretó la mandíbula, mirándolo con tal determinación que él entendió que no iba a dejar pasar el asunto—. Dímelo.
Él soltó otro suspiro, y eso fue suficiente. Le dejó claro que por fin había comprendido que era mejor contarle lo que quería saber. Entonces ella lo dejaría en paz.
—La razón por la que el libro de cuentas nunca cuadraba es porque padre no te dio la información sobre la parte del negocio que opera desde Dover.
—¿Qué información?
—Vamos, Gracie, eres más lista que eso. Contrabando. Pasamos contrabando en barcos que entran en un puerto oculto. Luego usamos las cuevas para esconder la mercancía antes de transportarla a Londres.
Grace se quedó con la boca abierta mientras miraba a su hermano. Él simplemente le devolvió la mirada, resignado e impaciente.
—Ya lo sabes, ¿de acuerdo? —continuó—. Pero no tengo tiempo para preocuparme por tu delicada reacción ahora mismo, porque tenemos que hacer todo lo posible para ocultar todo esto cuando vengan a investigarnos.
—¿Hay algo que puedan encontrar? —preguntó Grace, que por fin consiguió recuperar la voz. Decidió que tendría que reprimir cualquier otra emoción hasta más tarde, cuando pudiera lidiar con ello.
—Afortunadamente, acabábamos de trasladar la mercancía y la mayoría de los barcos están en alta mar.
Tenemos que avisar a Max a tiempo, pero él podrá ocultar los demás con la flota legítima.
Donde corremos riesgo es con la cantidad de mercancías que tenemos escondidas aquí, a la espera de ser vendidas.
—¿Dónde están?
—En… bueno, debajo de uno de los almacenes de mi padre, aquí en Londres.
—¿Uno que puedan encontrar?
Borden hizo una mueca.
—Si el investigador es lo bastante bueno, sí.
—¿Qué vamos a hacer? —preguntó, decidida a ayudar.
—No vamos a hacer nada nosotros . Tú te quedas aquí.
—No puedo quedarme aquí sin hacer nada. Yo…
Borden continuó como si ella no hubiera dicho nada.
—De hecho, hay algo de lo que debes guardarte.
—¿Sí?
—Aléjate de Damien Hondros.
A Grace se le encogió el corazón.
—¿Qué tiene él que ver con esto?
El rostro de Borden se endureció.
—Nadie sospechó nada de nosotros durante años. Luego pasamos un par de días mostrándole el negocio a Hondros y, de repente, las autoridades se nos echan encima. Eso no puede ser una coincidencia.
Grace se mareó, el cuerpo se le volvió ligero. De algún modo tuvo la sensación de salirse de su propio cuerpo, contemplándolo todo desde arriba. Respiró hondo para intentar mantenerse en el momento.
—¿D-Damien sabía lo del contrabando?
—Por supuesto que lo sabía —dijo Borden, mirándola con extrañeza—.
Al parecer iba a negociar un trato entre nosotros y su hermano para que se encargaran de la distribución.
Pero ahora parece que está saliendo la verdad a la luz: que quería eliminarnos por completo para que su familia pudiera hacerse cargo.
—No —dijo Grace, negando con la cabeza, llevándose los dedos al collar de rubíes que llevaba alrededor del cuello, uno que sabía que era ridículo llevar todos los días, pero que le hacía sentir que Damien estaba cerca—. Eso no es posible.
—Es más que posible —persistió Borden sin piedad—. Lo siento, Grace, pero tengo que irme. Ten cuidado.
No había nada más que decir. Grace se quedó mirando cómo se marchaba.