Capítulo 22 #2
Fabian no estaba acostumbrado a que Ryan tomara el control de ninguna situación, y el hecho de que Ryan actuara de forma tan atípica no ayudaba en absoluto a calmar los nervios que sentía.
Observó cómo limpiaba los cristales, rezando para que Ryan no se cortase, porque Fabian no creía que pudiera soportar ver sangre en esas manos en ese instante.
Cuando terminó de limpiar el desastre, Ryan se agachó en el suelo frente a él.
—¿Qué pasa?
Fabian no sabía qué decir. ¿Debía admitir que había estado viendo a propósito vídeos de las peleas de Ryan?
Sabía que no le gustaría nada. Y, si se lo contaba y Ryan se enteraba de que el motivo de la angustia de Fabian era que le horrorizaba lo que había visto —lo que Ryan hacía de forma habitual—, ¿cómo se sentiría Ryan?
Lo más probable era que como un monstruo.
Ryan no era un monstruo. Sin tener en cuenta lo que Fabian hubiera sentido al ver aquellas peleas, eso lo tenía claro.
Así que no se lo dijo. En lugar de eso, se dejó caer al suelo, sobre el regazo de Ryan y le acarició el cuello con la nariz.
—Te deseo —murmuró.
Era cobarde por su parte, pero Fabian necesitaba borrar de su mente las imágenes de Ryan peleando. Necesitaba sustituirlas por los besos, los suspiros y la forma cuidadosa con la que Ryan lo tocaba.
—Fabian…
Fabian interrumpió con un beso la queja de Ryan.
Solo tardó un segundo en que Ryan le devolviera el beso y entonces Fabian empezó a desabrocharle el cinturón.
Ryan contuvo el aliento y, de golpe, Fabian se vio levantado del suelo cuando Ryan se puso de pie, sin soltarlo.
Ryan lo acostó con suavidad sobre la cama y Fabian se deslizó hacia atrás hasta quedar recostado contra las almohadas, sonriendo a Ryan mientras él lo cubría.
Ryan seguía con cara preocupada, así que Fabian le ayudó y se quitó la camiseta.
—¿Estás seguro de que…?
Fabian pasó las manos por los costados del amplio torso de Ryan y le subió la camiseta.
—Lo único malo que me pasa es que no me estás besando.
Era casi verdad; Fabian se sentía mucho mejor ahora que tenía el enorme cuerpo de Ryan pegado al suyo.
Y entonces Ryan solucionó el único problema que había besando a Fabian tal y como a él le gustaba: despacio y con ternura.
Fabian suspiró feliz mientras la tensión abandonaba su cuerpo, sustituida por la comodidad y el afecto maravillosos que siempre le reconfortaban cuando estaba con Ryan.
Se besaron durante un rato, intercambiaban suaves besos en las mejillas y el cuello y compartían besos profundos y tiernos cuando sus bocas volvían a encontrarse. No parecían preliminares; en lugar de excitarse, Fabian se sentía relajado y embelesado por la felicidad.
Hizo rodar a Ryan sobre su espalda y se acurrucó contra él para apoyar la cabeza en su firme pecho. Ryan lo rodeó con un brazo y Fabian no recordaba haberse sentido nunca tan seguro y cómodo.
—¿Has hecho algo divertido hoy? —preguntó Ryan.
—He escrito una canción. —Fabian se mordió el labio mientras decidía cuánto iba a revelar—. Es un poco… más pastelosa de lo que las suelo hacer.
—¿Ah, sí?
—Algo me ha inspirado a escribir una canción de amor. Vete tú a saber el qué.
Ryan se quedó en silencio durante un rato. Fabian levantó la cabeza y con coraje miró a Ryan a la cara. Ryan sonreía mirando al techo.
—Creo que nunca había inspirado a nadie a hacer nada.
—No he dicho que hayas sido tú —bromeó Fabian.
La sonrisa de Ryan se desvaneció.
—¡Ay, dios mío! ¡Pues claro que has sido tú! —Fabian se subió encima de él y se tumbó bocabajo con la barbilla apoyada en las manos cruzadas—. No quiero asustarte, pero te tengo mucho cariño, Ryan Price.
Ryan negó con la cabeza. Su cara era puro asombro.
—Solía escucharte ensayar. Estaba en mi habitación del sótano y, cuando oía tu violín sonar, me tumbaba en la cama y escuchaba.
A Fabian le dio un vuelco el corazón.
—¿En serio?
—Sí. Lo hacía siempre. Me… ayudaba.
—¿Te ayudaba?
Ryan suspiró.
—No fue un buen año para mí. Era mi primera vez fuera de casa… Piensa que Ross Harbour tiene menos de dos mil habitantes, así que el mero hecho de estar en una ciudad ya supuso un cambio. Y tu familia era muy amable, pero, aun así, ya sabes, no era mi hogar.
Fabian nunca se había planteado las cosas desde el punto de vista del jugador de hockey obligado a vivir con ellos. De adolescente siempre había pensado que, como ellos se comían el puto mundo al ser jugadores de hockey de élite, creían que tenían el derecho de adueñarse de la casa de otra persona.
—Debió de ser estresante para ti.
—Lo fue. Estaba en un colegio nuevo, intentaba graduarme mientras jugaba al hockey y lidiaba con… cosas.
Jo. Fabian había sido un capullo por dar por supuesto que él era el único que lo pasaba mal en aquella casa.
—¿Por cosas del hockey o…?
—Estaba intentando integrarme en el nuevo equipo y me costaba mucho. Además, de golpe, me vi jugando delante de diez mil personas en lugar de cincuenta, que digamos.
—Uf. Ya…
Ryan empezó a acariciar distraído el pelo de Fabian.
—Además, estaba lo de ser gay. Eso era otro melón aparte.
Claro. Fabian, como era obvio, no sabía en aquel momento que Ryan había estado pasando por eso, pero ahora que lo sabía…
—Dios. Tuvo que ser una mierda.
—Eran demasiadas cosas que ocultar a la vez.
El hecho de que me atraían los hombres, que tenía miedo, que echaba de menos mi casa, que…
odiaba pelear. Y a algunos de mis compañeros de equipo.
—Curvó los labios un poco hacia arriba—.
Tampoco me ayudaba que encima tuviera que ocultar que me había pillado de ti.
Joder, ¿por qué no existían los viajes en el tiempo?
Lo único que Fabian deseaba era retroceder trece años y medio, entrar en la habitación de Ryan y decirle lo mucho que le gustaba.
Tumbarse en su cama a su lado y cogerle de la mano.
O quizá decirle a su yo más joven que hiciera eso.
Eso tendría más sentido. Lo de viajar en el tiempo le confundía.
Se apartó de Ryan para tumbarse a su lado y entonces le cogió la mano.
—Ojalá no lo hubieras hecho —dijo—. Me refiero a ocultar que te gustaba. Podríamos habernos divertido mucho en ese sótano.
Ryan resopló.
—Creo que habría sido bastante torpe. Más incluso que ahora, si puedes llegar a imaginártelo.
—¿De verdad crees que yo habría sido un amante hábil y aventurero a los diecisiete?
Ryan volvió la cabeza y le sonrió.
—Quizá. No me habría sorprendido.
Fabian se rio y luego lo besó. En ese preciso momento decidió que iba a olvidar lo que había visto en el vídeo.
No importaba. Ryan había dicho que iba a dejar de pelear, así que ¿por qué seguir dándole vueltas?
El tipo del vídeo no importaba. El que le compraba flores a Fabian y solía suspirar en secreto por él mientras escuchaba cómo ensayaba con el violín, ese era con el que estaba ahí ahora. Ese era el que le importaba.
—¿Qué habrías hecho? —preguntó Fabian—. ¿Si hubiera bajado a tu cuarto y me hubiera insinuado?
—Lo más probable es que ni siquiera me hubiera dado cuenta de que eso era lo que estabas haciendo. No me hubiese permitido nunca creer algo así.
Fabian dibujó un círculo con el dedo alrededor del ombligo de Ryan y subió hasta el pecho.
—Pero ¿y si lo hubiera dejado muy claro?
—¿Tipo, cómo?
—Pues… —Fabian se aturdió al imaginarse la escena—. ¿Y si hubiera cerrado la puerta detrás de mí y… me hubiera quitado la camiseta?
—Ay, dios. Sin duda habría pensado que estaba soñando.
—¿Y si te hubiera dicho que no podía vivir ni un día más sin decirte lo mucho que te deseaba? ¿Lo mucho que necesitaba tocarte?
Ryan parecía estar pensando en serio la respuesta.
—Aun así, no te habría creído.
—Saltemos a la parte en que sí me crees.
Suspiró.
—Vale. Pues supongo que te habría… ¿besado?
—¿Lo habrías hecho?
Negó con la cabeza.
—No. Habría esperado a que lo hicieras tú.
—¿Y cuando lo hubiese hecho?
—Pues ¿me habría gustado?
Fabian apretó los labios para no echarse a reír. Iba a añadir a la lista de cosas en las que trabajar con Ryan lo de los juegos de roles.
Cuando se le pasaron las ganas de reírse, besó a Ryan y dijo:
—A mí también me hubiera gustado.
—¿Mantenemos la cita en pie o nos quedamos en casa?
Fabian se levantó y se dirigió al armario.
—Ah, no, vamos a salir. Voy a conquistarte a lo grande, Ryan Price.