Capítulo 21
—Oye, Duncan.
Duncan Harvey levantó la vista hacia Ryan mientras hacía estiramientos sobre la pista, cerca de la línea central. En teoría, Ryan no debía hablar con sus rivales durante el calentamiento, pero esperaba poder evitar una pelea sin sentido antes de que se llevara a cabo.
Duncan escupió sobre el hielo y dijo:
—¿Qué?
Ryan se inclinó por la cintura para estar más cerca de él. Duncan tenía unas ojeras muy marcadas.
—Solo quería decir que no tenemos por qué pelearnos esta noche.
Duncan se incorporó hasta quedar apoyado en una rodilla.
—¿De qué cojones me estás hablando?
Sus caras se hallaban a pocos centímetros de distancia y Ryan estaba seguro de que estaban llamando la atención del público, así que retrocedió un poco.
—Lo que oyes. Que no tenemos por qué.
—Es lo que querrías, ¿verdad?
Sí, es lo que querría. He ahí un poco el porqué de todo. Pero se alejó patinando sin responder.
—¿Cómo está tu colega Duncan? —preguntó Wyatt cuando Ryan se tumbó en el hielo a su lado para estirar—. ¿Le gusta tu nuevo corte de pelo?
—Creo que quiere que nos peleemos.
—Uy, pues eso no suena propio de él.
Ryan gruñó mientras intensificaba el estiramiento de los isquiotibiales.
—No tiene buen aspecto. Ya está sudando y el partido ni siquiera ha comenzado.
—Tú preocúpate de lo tuyo. —Wyatt se puso serio de golpe—. No hablo en broma, Pricey. Si quiere pelear, acaba con eso lo antes posible. ¿Viste su última pelea contra el cómo se llame en Calgary?
Ryan había visto esa pelea y también se había fijado en lo descontrolados que habían sido los golpes de Harvey. En lo fuerte que había golpeado. En lo destrozada que había quedado la cara de su rival después.
—Sí. Ya lo sé.
En la segunda parte, Harvey empujó a Ryan. Hasta entonces no había ocurrido nada entre ellos, pero Harvey debió de decidir que era hora de pelear.
—Vete a la mierda, Harvey —dijo Ryan con tono cansado.
Pero Harvey lo empujó de nuevo.
—Venga, gilipollas.
Ryan se volvió para mirarlo. El cántico de «Paga a Price» ya había empezado a sonar.
—No voy a pelear contigo.
A Harvey se le salieron los ojos de las órbitas. Parecía un animal salvaje.
—Y una polla que no.
Se quitó los guantes y Ryan vio cómo resbalaban por la pista.
—Vamos —gruñó Harvey.
—No.
Harvey intentó agarrarle el jersey, pero Ryan patinó hacia atrás y Harvey acabó agarrando el aire y perdiendo el equilibrio.
—¡Pelea conmigo, cobarde!
Ryan no quería. Era un buen defensa. Podría contribuir al equipo sin tener que llegar a hacerlo.
Y, además, Harvey no estaba bien.
Harvey se abalanzó sobre Ryan, esta vez lanzando un puñetazo descontrolado.
Ryan le agarró ambas muñecas y le inmovilizó los brazos a los lados.
Harvey perdió los papeles por completo. Le gritaba a viva voz en la cara a Ryan, exigiéndole que se quitara los guantes. Ryan se limitó a negar con la cabeza.
Y entonces le dio un cabezazo.
La parte delantera de su casco se estrelló contra la boca y la barbilla de Ryan, y le dolió como su puta madre. Ryan retrocedió tambaleándose, en total estado de shock ante el hecho de que Harvey hiciera algo tan sucio, y entonces se le llenó la boca de sangre.
La mente de Ryan se quedó en blanco y tuvo que reunir todas sus fuerzas para no tirar a Harvey al hielo. Pero no lo hizo. En lugar de eso, le soltó las muñecas y se alejó patinando. A sus espaldas, podía oír los gritos histéricos de Harvey.
—¿Adónde cojones vas? ¡Eres un puto mierdas, Price! ¡Ven y peléate conmigo, gilipollas!
Ryan hizo oídos sordos. Cuando llegó al banquillo, sus compañeros estaban en silencio. No se oían los sticks golpeando contra las vallas como siempre ocurría después de una pelea, tampoco había palabras de felicitación. Solo un silencio incómodo y una mirada de desaprobación del entrenador.
—Ve al vestuario —le soltó el entrenador Cooper—. Ve a limpiarte la boca. Y quédate ahí hasta el descanso.
—Sí, entrenador —murmuró Ryan. Mientras se dirigía por el pasillo, esperaba no haber echado por la borda su carrera.
Fabian se puso malo.
Había pensado que ya era hora de que intentara ver uno de los partidos de Ryan.
Había quedado con Tarek en un pub del Village donde retransmitían los partidos de los Guardians en pantallas gigantes y había hecho todo lo posible por seguir la acción.
Ryan no solía salir en primer plano muy a menudo, así que el partido le resultaba bastante aburrido.
Hasta que dejó de serlo.
Había un jugador que era casi tan grande como Ryan que no paraba de empujarlo.
Fabian contuvo la respiración cuando Ryan se volvió para mirarlo, convencido de que iba a tener que ver cómo su posible novio le daba un puñetazo a alguien.
Fabian se tapó la boca con la mano, pero se obligó a mirar la pantalla.
Así que vio lo que ocurrió a continuación.
—¡Hostia puta! —exclamó Tarek—. No sé una mierda de hockey, pero estoy bastante seguro de que eso no está permitido.
Fabian sabía lo suficiente de hockey como para saber que los cabezazos no eran algo normal en el juego.
Sabía lo suficiente sobre el dolor como para saber que Ryan debía de estar sufriendo mucho en ese momento.
Por un segundo, la cara de Ryan se transformó en algo que Fabian no pudo reconocer. Era oscura, intensa y aterradora.
—Ay, dios mío —dijo Fabian con voz ronca—. Ryan, no lo hagas.
Como si Ryan lo hubiera oído, su cara se suavizó de inmediato y se alejó patinando mientras algunos de los árbitros arrastraban al otro tipo fuera de la pista.
—¿Estás bien? —preguntó Tarek con delicadeza.
—No lo sé. ¿Por qué lo hace? ¿Por qué alguien elegiría eso como trabajo? ¿A la gente le gusta siquiera ver eso?
—No tengo ni idea.
—Es horrible. Él es demasiado bueno para todo eso.
—No se ha peleado con él —señaló Tarek—. Se notaba que estaba intentando convencer al otro de que no lo hiciera.
Fabian apretó los labios. Le picaban los ojos. Era cierto, Ryan no se había peleado con él. ¿Por qué no lo había hecho? Lo más probable era que fuera por el bien de Fabian.
—Vamos —dijo Tarek cubriendo una de las manos de Fabian con la suya—. Salgamos de aquí, ¿vale? Creo que esta noche hay karaoke en el Lighthouse. Podría preguntarle a Vanessa si…
—Gracias —respondió Fabian—. Pero creo que prefiero irme a casa.
Tarek asintió y se levantó.
—Pues vámonos.
Ryan había salido de su apartamento justo cuando recibió el mensaje:
Fabian: Por favor, ven. Sé que es tarde. Sé que habíamos dicho de vernos mañana. Pero necesito verte.
Había sido un puto día larguísimo y Ryan tenía la boca hinchada y dolorida, pero, si Fabian quería verlo, Ryan estaría ahí.
Fabian estaba de pie frente a su edificio cuando Ryan llegó, algo que no le gustó nada.
—¿Qué haces aquí fuera? No deberías estar…
Pero Fabian lo interrumpió envolviéndolo en un fuerte abrazo.
Ryan no entendía qué estaba ocurriendo, así que se limitó a rodear a Fabian con los brazos y abrazarlo fuerte. No fue hasta que oyó sollozar a Fabian cuando al final preguntó:
—¿Qué pasa?
La respuesta de Fabian fue tan entrecortada que Ryan no pudo entenderle. Los dedos de Fabian se le clavaron en la espalda y entonces empezó a asustarse. Nunca lo había visto así de alterado.
—Oye —le dijo con suavidad—, no pasa nada. Estoy aquí. ¿Qué ocurre?
Al final, Fabian aflojó el abrazo y lo miró con los ojos húmedos.
—He visto el partido. —Alargó la mano y rozó con suavidad con los dedos el labio partido e hinchado de Ryan—. He visto lo que ha pasado.
Ryan tragó saliva. Tenía un nudo en la garganta.
—Ojalá no lo hubieras visto.
—No te has peleado con él.
—No.
—¿Por qué no? ¿Acaso no es eso lo que haces?
Ryan le acarició la cara a Fabian con la palma de la mano.
—No quería. —Le acarició la mejilla con el pulgar—. No creo que quiera pelear más.
Fabian puso su mano encima de la de Ryan.
—Entonces no lo hagas.
—No sé si tendré elección. El entrenador estaba bastante mosqueado conmigo.
Lo que el entrenador Cooper le había dicho era que tenía un montón de defensas de cuarta línea decentes en ligas inferiores a los que podía llamar, pues todos ellos eran más jóvenes y rápidos que Ryan.
Si Ryan ya no quería hacer su trabajo, podría sustituirlo sin problema.
Pero no hacía falta que Ryan le contara nada de eso a Fabian.
—¿Estás bien? Dios, seguro que te duele la boca.
—No es agradable, pero no tengo nada roto ni nada por el estilo. —Ryan intentó esbozar una sonrisa—. No he perdido ningún diente.
Fabian lo volvió a abrazar con fuerza.
—Me ha dado un miedo que te cagas. Lo he odiado. No quiero ver el hockey. Lo siento.
—No pasa nada. No tienes por qué hacerlo.
De hecho, a Ryan no le gustaba la idea de que Fabian lo viera jugar.
Y, sobre todo, no le gustaba la idea de que lo viera pelear.
Ryan quería cuidar de él, que se cuidaran el uno al otro.
Fabian lo haría reír y probar cosas nuevas y Ryan lo haría sentir seguro y querido.
Porque esas eran las cosas que Ryan podía hacer. Sin esfuerzo alguno.
Si Fabian quería.
—Deberíamos entrar —sugirió Ryan. Fabian asintió con la cabeza apoyada en su pecho y luego se apartó con otro sollozo.
Cuando ya estaban dentro del apartamento, Fabian dijo:
—No puedo ver cómo te haces daño. ¿Cómo lo hacen todas las esposas de los jugadores de hockey?
—Son fuertes. La verdad, creo que la temporada es más dura para ellas que para los jugadores.
Fabian sonrió al oírlo.
—¿Me imaginas sentado con las mujeres de los jugadores en los partidos?
No. Por un montón de razones, Ryan no podía imaginárselo en absoluto.
—Nunca esperaría que hicieras algo así.
—Lo sé. Claro que no. —A Fabian se le pusieron rojas las mejillas—.
Además, no me estoy comparando con las mujeres de los jugadores.
No estoy tan mal. Ni siquiera somos… —Fabian cruzó los brazos, abrazándose con fuerza, y apretó los labios como para evitar que las palabras se le escaparan—. ¿Crees que…?
Ryan se sentó en el borde de la cama para que sus miradas quedaran más a la misma altura.
—¿Que si creo qué?
Fabian cogió las manos de Ryan y las apretó entre las suyas.
—¿Me estaría pasando de la raya si te preguntara si puedo ser tu novio?
A Ryan le dio un vuelco el corazón.
—¿Quieres ser mi novio?
Fabian bajó la mirada hacia sus manos entrelazadas.
—Sé que nuestras agendas van muy apretadas, pero sí. Me gustaría explorarlo. Si tú estás dispuesto.
—Fabian. Mírame. —Decir eso quizá había sido un error, porque Ryan había olvidado lo mal que tenía la boca.
Se dio cuenta de que Fabian se estremeció cuando levantó la vista.
Ryan lo atrajo hacia él—. Mi vida es un puto desastre, pero lo único que tengo claro es que me gusta estar contigo.
Y me gustaría estar contigo tanto como sea posible.
Fabian apretó las manos de Ryan y se le curvaron los labios en una adorable sonrisa. Ryan decidió decir el resto.
—Soy feliz cuando estoy contigo. Quizá suene ridículo, pero hace mucho tiempo que no me sentía feliz. Ni siquiera lo recuerdo. Así que… sí. Quiero ser tu novio. —Se le escapó una risa avergonzada—. No me puedo creer que por fin haya podido decirlo después de todos estos años.
Contuvo la respiración y esperó a que Fabian respondiera. Durante un buen rato, Fabian no dijo nada, y a Ryan le preocupaba haberse pasado. Quizá ahora se sintiera presionado.
Y entonces Fabian dijo:
—Ojalá pudiera besarte ahora mismo.
Ryan creyó que el corazón se le salía del pecho.
—Ojalá.
A falta de poder hacer algo mejor, Fabian separó una de sus manos de la de Ryan, se besó las yemas de los dedos y los presionó suavemente contra los labios de Ryan. Fue uno de los besos más dulces que Ryan había recibido jamás.
Acabaron acurrucados en la cama, abrazados bajo las mantas. Ryan pensó que Fabian se había quedado dormido hasta que le oyó decir:
—Siempre ha habido algo en ti. Siempre me has atraído. ¿Te parece raro?
Ryan pensó al respecto.
—No lo sé. Pero a mí me pasa igual.
—Cuando entraste en la tienda en la que trabajo, me quedé helado. Y luego… —Fabian se removió entre los brazos de Ryan para mirarlo a la cara—. Sentí una sensación de alivio abrumadora. Como si esto fuera lo que hubiera estado esperando. Como si fuera lo que me faltaba. Tú.
Ryan se quedó mirando a lo que podía ver de Fabian en la penumbra, sin palabras.
—Perdona. Quizá suene como un flipado.
—Así es como me sentí yo —dijo en voz baja—. Como si por fin te hubiera encontrado. No sabía que te estaba buscando, pero… Te encontré.
Fabian sonrió con tanta intensidad que Ryan pudo verlo incluso en la oscuridad.
—Entonces será mejor que sigamos juntos.