Capítulo 19 #3
—Sin duda, lo voy a hacer. Sobre todo, si… Aaay. —Fabian se estremeció cuando Ryan se metió el escroto en la boca—. Ay, me encanta. Sigue.
Fabian se rodeó la polla con una mano y empezó a meneársela, disfrutando de la triple sensación de tener el culo, los huevos y la polla estimulados.
—Estoy a punto. Joder.
Dios, resultaba vergonzoso lo rápido que era Fabian, incluso con un anillo puesto, pero no había nada que hacer al respecto. Todo el cuerpo le temblaba de las ganas que tenía de correrse.
—Hazlo —le ordenó Ryan, y luego volvió a lamer los huevos de Fabian—. Déjalo salir.
Fabian solo tuvo tiempo de gemir antes de estallar. La corrida brotó de la polla a chorros y le cayó sobre el pecho y el abdomen.
Cuando terminó, cerró los ojos y se hundió entre las almohadas.
—Ha sido increíble —suspiró.
—¿Ya estás? —preguntó Ryan. Estaba arrodillado entre los flácidos muslos de Fabian mientras aguantaba su propia erección, que latía—. No pasa nada si te quieres ir a dormir.
—Ay, dios, no —le aseguró Fabian—. De verdad que quiero tu polla dentro de mí. —Exhaló un suspiro—. O sea, enseguida. Dame un segundo.
—No tenemos que hacerlo si…
Fabian se incorporó y agarró la cara de Ryan con las dos manos.
—Sí, quiero. Es muy probable que nunca haya deseado nada tanto, ¿entiendes?
Ryan sonrió.
—Vale.
Fabian metió un dedo entre el anillo de silicona y la polla, que empezaba a ablandarse.
—Pero me voy a quitar esto.
Se lo quitó con cuidado, luego lo llevó al baño, lo dejó junto al dildo en el lavabo y se limpió rápido el pecho y el abdomen.
—Estoy bien. Joder, eso me ha excitado.
Ryan se la estaba meneando, cosa que a Fabian le gustó. De verdad esperaba que Ryan pudiera correrse esa noche. Abrió el cajón de la mesita de noche y sacó una tira de condones.
—Bueno —preguntó—, ¿cómo te apetece?
Ryan ni siquiera sabía cómo le apetecía. De todas las formas posibles, si tenía que ser sincero.
—Quiero verte la cara —dijo—. Quizá…, ¿podrías ponerte encima?
Fabian sonrió.
—Desde luego, puedo ponerme encima. Acabas de tomar una muy sabia decisión.
Ryan lo besó, agradecido de que Fabian lo hiciera tan fácil. Se acomodó en el colchón y esperó a que Fabian diera el siguiente paso.
Pero Fabian no se movió del lugar donde estaba arrodillado al pie de la cama.
—¿Eres consciente de lo sexy que eres? —preguntó Fabian.
Ryan negó con la cabeza, lo que hizo que Fabian lo mirara con rabia.
—Me gustaría vivir entre estos muslos. Son espectaculares. —Se arrastró por la cama hasta que tuvo la cara entre ellos—. Justo aquí. Aquí es donde quiero construir mi hogar.
Ryan se rio.
—Puedes darle las gracias al hockey por eso.
—Ajá. Supongo que para algo sirve. ¿El hockey también te hace las pelotas más grandes y preciosas?
—No. —Ryan jadeó cuando Fabian se metió uno de los huevos en la boca—. Eso es cosa mía.
Fabian murmuró su aprobación, lo que provocó que gimiera. Fabian le chupó las pelotas y luego la polla durante un rato y después fue subiendo con besos hasta la boca de Ryan.
Ryan estaba más que listo. Vibraba por todas partes, desesperado por correrse. Estaba seguro de que esta noche podría hacerlo.
Fabian sacó la tira de condones de algún sitio de la cama y arrancó uno. Lo abrió y levantó una ceja.
—¿Te ayudo con esto?
Ryan sonrió.
—Claro.
Fabian deslizó el condón sobre la punta de la polla de Ryan y lo desenrolló, cogió lubricante y empezó a repartirlo por la polla.
—¿Cuándo fue la última vez que te corriste?
El tono de Fabian era informal, como si estuviera preguntándole sobre el tiempo.
Dios, ¿cuándo había sido? Ryan se había corrido al masturbarse una mañana en la ducha, pero le parecía que habían pasado siglos.
—No lo sé. ¿Dos semanas? ¿Quizá un poco más?
Fabian lo miró con ternura.
—Ay, amor. Veamos qué podemos hacer al respecto.
Ryan se limitó a asentir. «Sí, por favor. Hagámoslo».
Fabian se colocó en posición y luego se dejó caer sobre la polla de Ryan. Ambos gimieron al mismo tiempo cuando Ryan se deslizó dentro sin apenas dificultad.
—Ay, me gusta este juguete —ronroneó Fabian cuando Ryan estuvo dentro por completo—. Eres puto enorme. Se siente genial.
Ryan se dio cuenta de que Fabian estaba prácticamente duro de nuevo. Increíble.
Al principio, dejó que Fabian tomara la iniciativa manteniéndose lo más quieto posible mientras Fabian era el que hacía el trabajo. No quería hacerle daño y, además, disfrutaba mucho viendo cómo Fabian se movía sobre él.
Le encantaba, pero, si iba a correrse, tendría que empezar a embestirlo.
—¿Me puedo mover? ¿Estás bien? —preguntó.
—Sí, estoy bien. Fóllame.
Y Ryan lo hizo. Agarró a Fabian por las caderas y lo penetró con fuerza mientras Fabian echaba la cabeza hacia atrás y gemía. Ryan estaba hipnotizado por su belleza. ¿Cómo podía haber algo tan impresionante encima de él en ese momento? ¿Cómo podía ser que Ryan estuviera dentro de él?
Ay, joder. Ryan estaba a punto de correrse.
—¿Puedo…? ¿Puedes ponerte bocarriba? Creo que podría funcionar.
La cara de Fabian se iluminó.
—Pero obvio. Vamos a hacer que te corras.
Cambiaron de postura para que Fabian quedara bocarriba, y él rodeó a Ryan con las piernas cuando se volvió para penetrarlo.
—¿Te puedes correr otra vez? —gruñó Ryan.
Fabian empezó a menearse la polla.
—Creo que sí. Tú sigue.
Ryan ajustó la postura con la esperanza de poder llegar a la próstata de Fabian con sus embestidas.
—Justo ahí —jadeó Fabian—. Es perfecto, cariño.
Ryan sonrió, satisfecho de sí mismo. ¿Cuándo había sido la última vez que había sonreído mientras follaba? Fabian se dio cuenta y le devolvió la sonrisa.
—Bésame —susurró Fabian—. Por favor.
Ryan ralentizó las embestidas y luego acercó la boca a la de Fabian. Esperaba que él lo recibiera con un beso salvaje y apasionado, pero en cambio fue uno dulce y lento. Ryan se dejó llevar, la cabeza se le fue a otro lugar.
—Eres —susurró Fabian contra sus labios— increíble.
Ryan volvió a besarlo, tratando de igualar la ternura de Fabian. Intentando demostrarle lo mucho que todo eso significaba para él. Cuando ya no pudo aguantar más, comenzó a mover las caderas mientras se deslizaba dentro y fuera de Fabian, dándole más lento.
—Mmm. No pares —murmuró Fabian—. Es estupendo.
Ryan no quería parar. Cada embestida le provocaba oleadas de placer que le empujaban hacia el orgasmo. Por fin, pudo sentir esa presión que solía ser tan esquiva en el nacimiento de la columna y en los huevos.
—Joder, creo que me voy a correr.
—¿En serio? Venga. Yo también estoy a punto.
Ryan perdió todo atisbo de ritmo mientras intentaba correrse. Estaba justo ahí.
—¿Puedes sacarla? —preguntó Fabian—. Quiero verlo. Quiero que te corras encima de mí.
Ay, joder. Eso era lo que necesitaba. Ryan la sacó y se arrancó el condón justo cuando sintió la primera y maravillosa pulsación de su eyaculación.
Jadeó de alivio mientras unos chorros de semen salían de él y caían sobre el pecho y el cuello de Fabian.
Un segundo después, Fabian gritó y una impresionante cantidad de semen se unió al de Ryan, teniendo en cuenta que ese era el segundo orgasmo de Fabian.
—Joder, hostia puta —jadeó Ryan mientras se dejaba caer en la cama junto a Fabian—. Gracias. Joder, lo necesitaba.
Fabian volvió la cabeza y le sonrió.
—Sabía que lo conseguiríamos. Ha sido maravilloso poder verlo.
Se quedaron en la cama hasta que se les calmó la respiración a ambos y luego se turnaron para asearse. Cuando Ryan salió del baño, Fabian le dio una palmadita al colchón a su lado.
—Ven a acurrucarte.
Fabian se puso cómodo con la cabeza sobre el pecho de Ryan, luego tomó la mano de Ryan y entrelazó los dedos.
—Gracias —dijo Ryan—. Por todo lo de esta noche. Nadie se había esforzado tanto en…
—¿Seducirte?
Ryan resopló.
—Sí. Supongo.
—Quédate conmigo —murmuró Fabian somnoliento— y te sentirás hechizado, molesto y desconcertado.
—¿Molesto? —bromeó Ryan, pero mentalmente no podía dejar de pensar en la sugerencia de Fabian de quedarse con él.
—Ay, puedo ser pesadísimo —dijo Fabian—. Avisado quedas.
Ryan lo abrazó con más fuerza.
—Tomo nota.
Ryan se dio cuenta, mientras se quedaba dormido, de que en toda la noche no había pensado ni una sola vez en su vuelo de la mañana siguiente.