Capítulo 19 #2
—Quiero quedarme en esta habitación para siempre y hacer que te corras una y otra vez. Eres muy bonito, joder.
—Ryan —gimió Fabian—. Más, por favor.
—Quiero que me pongas esos labios rojos en la polla.
Ryan se sonrojó al decir eso. No pudo evitarlo. Pero la única reacción de Fabian fue apoyar ambas manos sobre el pecho de Ryan y empujarlo sobre el colchón.
—Con mucho gusto —dijo, y luego se deslizó por el cuerpo de Ryan y le bajó los calzoncillos hasta los muslos.
La polla de Ryan golpeó contra su abdomen y entonces Fabian se la envolvió con los dedos y se metió la punta en la boca.
—Joder…
Si Ryan no se corría esa noche, existía una probabilidad muy real de que nunca volviera a alcanzar el orgasmo en toda su vida. Nunca volvería a encontrarse en una situación así de excitante, lo tenía clarísimo.
Observó cómo Fabian se la chupaba mientras el placer iba en aumento, pero sin llegar nunca al punto de descargar por el orgasmo. Era perfecto. Quería disfrutar de esa sensación el mayor tiempo posible. Pero también tenía muchas ganas de ver cuántas veces podía correrse Fabian.
Paró a Fabian poniéndole una mano suave en la mejilla.
—Ha sido increíble. Gracias.
Fabian se apartó con un lametón de despedida y luego besó la parte interior del muslo de Ryan.
—Desde luego, no me importaría seguir haciéndolo más rato, si te apetece.
—Quiero probar esto contigo.
Ryan volvió la cabeza y cogió el dildo. Era grande y tenía un aspecto raro. Tenía una parte curvada en la base y otra elástica en la punta. Ryan estudió el juguete, frunció el ceño y Fabian se rio.
—Te iré explicando cómo funciona. Será divertido, te lo prometo.
Hizo un gesto con las manos para que Ryan se apartara.
—Levántate un segundo. Tengo que poner una toalla. Este edredón necesita dos ciclos en la secadora y no soy rico.
Ryan se levantó y decidió que, ya que estaba, mejor se quitaba la ropa interior del todo. Fabian preparó enseguida las cosas tal y como quería en la cama y puso un par de toallas encima.
—Lo siento —dijo—. Sé que no es lo más sexy.
Ryan estaba bastante seguro de que Fabian podría desatascar un desagüe y resultar sexy si llevaba ropa interior de encaje y maquillaje.
—No te preocupes. Estoy muy cachondo.
Fabian sonrió por encima del hombro.
—Bien. —Terminó su trabajo y se colocó frente a Ryan—. Vamos a ver.
Metió los pulgares en la cintura de su braguita y se la deslizó hacia abajo por las delgadas caderas. Ryan pensaba que le daría pena que se quitara aquella preciosa ropa interior, pero entonces vio que Fabian llevaba un anillo negro alrededor del inicio de la polla y detrás de los huevos.
—Hostia puta —dijo Ryan.
Fabian era como uno de esos regalos que nunca terminabas de desenvolver. ¿Qué encontraría Ryan debajo del anillo para la polla? ¿Un tatuaje con su nombre?
—Ayuda a aguantar más —explicó Fabian. Bajó la mirada—. Además, me gusta cómo se ven los huevos.
—Sí —dijo Ryan con voz ronca—. Quedan bien.
Fabian cogió el bote de lubricante que había sobre el colchón junto al dildo y se lo pasó a Ryan.
—Usa bastante. Tengo más. —Se tumbó bocarriba con el culo apoyado en una almohada—. Empieza con los dedos —le indicó Fabian—. ¿Has hecho esto alguna vez?
—Eh, sí. Hace tiempo, pero sí.
Ryan se echó lubricante en los dedos y Fabian abrió las piernas. La polla delgada de Fabian estaba dura como el acero y sus huevos, apretados por el anillo de silicona, parecían estar a punto de estallar. Ryan no pudo evitar rozarlos con la yema de los dedos.
—Aaay.
Fabian se estremeció y sus pelotas se contrajeron bajo el tacto de Ryan. Dios, estaban tan tensos… Deslizó los dedos hasta el ojete de Fabian y empezó a trazar pequeños círculos. Lo adoraría como se merecía y luego le dejaría tomar todo aquello que quisiera.
Fabian lo estaba pasando genial.
—Pon un poco la puntita —sugirió—. Haz que me relaje.
Ryan le rozó con suavidad con la punta lubricada del dildo sin llegar a introducirlo.
Era tan obediente y tierno… Fabian quería hacérselo algún día a Ryan.
Quería demostrarle lo increíbles que podían ser los juguetes, lo bien que se sentía tener un vibrador o unas bolas anales dentro.
Por ahora tendría que predicar con el ejemplo.
—Creo que el botón de arriba lo hace vibrar un poco. Enciéndelo —le indicó Fabian.
Ryan frunció el ceño al mirar la base del vibrador durante un instante y luego pulsó el botón correcto. El juguete comenzó a vibrar con suavidad contra el ano de Fabian.
—Mmm. Es perfecto. Déjalo así un rato.
Fabian estiró los brazos por encima de la cabeza y suspiró mientras disfrutaba de la sensación de relajación total que lo invadía. Tras un par de minutos, dijo:
—Ahora podrías tratar de hacerlo con un dedo. Pon mucho lubricante, ¿vale?
—Sí.
La voz de Ryan sonaba ahogada, cosa que a Fabian le encantaba. Observó con interés cómo Ryan introducía la punta de uno de sus fuertes y gordos dedos dentro de él.
—Dios, qué dedos… Está genial, Ryan. Ábreme.
Ryan deslizó la punta vibrante del consolador por los huevos y la polla de Fabian mientras lo iba abriendo. Dios, Fabian ni siquiera había pensado en pedirle eso. Gimió conforme.
Fabian había estado con amantes que le habrían dicho lo excitado y apretado que tenía el culo en ese momento, pero parecía que Ryan solo era capaz de mirarlo con asombro sin mediar palabra. Lo cual resultaba encantador a su manera.
—Quiero más —murmuró Fabian—. Dame el juguete. Primero, apágalo.
Exhaló un suspiro mientras Ryan guiaba con suavidad la punta del dildo hacia el culo de Fabian. Uuuf. Por muchas veces que lo hiciera, ese primer momento de penetración siempre era excitante.
—¿Está bien así? —preguntó Ryan.
—Divino. Ahora puedes ser creativo. Gíralo, muévelo, sácalo. Lo que tú quieras.
Ryan frunció el ceño con una expresión de máxima concentración mientras giraba poco a poco el juguete y luego sacaba la punta.
—¡Ay! Sí. Ahora más adentro.
Ryan obedeció, pero primero agarró uno de los muslos de Fabian con la mano y lo empujó con cuidado hacia atrás para dejarle más al descubierto el agujero. Joder, esas manos. Qué fuertes.
—Más. Más adentro.
Cuando el dildo estuvo todo dentro, Fabian echó la cabeza hacia atrás.
—Ay, dios. Está genial. ¿La parte flexible que sobresale está tocando mi perineo?
—Eso está, tipo, entre los huevos y el agujero, ¿verdad?
—Sí, corazón.
—Sip. Está ahí.
—Perfecto. Pues he leído el manual de instrucciones antes de que vinieras. Vibra a cinco velocidades distintas. Así que empecemos probando los ajustes de vibración y luego ya miramos las embestidas.
Ryan pulsó el botón de vibración y un zumbido muy suave le hizo cosquillas en el culo a Fabian.
—Vale. Súbele la intensidad. No noto nada.
—¿Y ahora?
—Pero ¿has apretado el botón?
—Sí.
—Dale otra vez. No noto nada. —Fabian golpeó con los dedos sobre el colchón a la espera—. ¿Ryan?
—Es que lo he pulsado.
Fabian soltó un suspiró de frustración.
—Esto es una mierda. Dale otra vez. Y te juro por dios que si… ¡Aaah! —Fabian se arqueó fuera de la cama cuando el juguete empezó a traquetear de golpe como si fuera una lavadora escacharrada dentro de él—. ¡Apágalo! ¡Qué cojones! ¡Apágalo!
Ryan lo apagó y Fabian vio que se estaba aguantando la risa.
Fabian lo fulminó con la mirada.
—La próxima vez te meteré juguetes raros por el culo a ti, graciosillo.
—Es como que pasa de cero a cien, ¿no?
Resopló.
—Me da un poco de cosa sugerirlo, pero quizá debamos probar la otra función.
—¿Estás seguro?
—Sí. ¡Pero al uno!
Ryan asintió, sin dejar de morderse el labio para aguantarse la risa, y pulsó el botón de abajo.
—¡Ay! ¡Joder! ¡Para! ¡Sácamelo!
Ryan sacó el juguete tan rápido como pudo sin hacerle daño a Fabian.
—¿Qué te ha hecho?
—Dios, era como si, tipo, me estuviera pellizcando el interior del culo. No ha sido agradable.
Ryan frunció el ceño mirando el juguete, como si estuviera pensando en darle un puñetazo, cosa que hizo que Fabian se riera.
—Tíralo al lavabo y ya.
Ryan se dirigió hacia el baño, donde al parecer abandonó el horrible juguete en el lavabo y volvió a la cama.
—¿Así que no va a tener una buena reseña?
Los dos se partieron de la risa hasta que acabaron enredados el uno con el otro en la cama.
—Ay, dios —jadeó Fabian—. Se suponía que esta iba a ser una noche muy sexy.
—Sigue siendo sexy —le aseguró Ryan y luego le besó el pelo a Fabian—. Siento que ese juguete no funcionara bien, porque me ha encantado verte usarlo.
—¿De verdad?
—Mmm…
Ryan cambió de postura para que Fabian quedara tumbado bocarriba, con él encima, y lo besó hasta dejarlo sin aliento.
Era probable que la polla de Ryan se hubiera ablandado un poco durante el desastre con el juguete sexual y el ataque de risa posterior, pero ahora estaba dura como una roca.
Fabian apretó su propia erección contra el abdomen de Ryan dejándole claro que él seguía interesado en continuar.
—Tengo condones. Por si te apetece follarme.
Ryan se quedó helado.
—¿Podría?
—No tiene sentido desperdiciar todo ese trabajo de preparación —dijo Fabian con una sonrisa burlona. Luego besó a Ryan en la mejilla y le susurró—: Me muero de ganas de tener esa polla dentro de mí. Así que sí, Ryan. Puedes follarme. Haz el favor de follarme, anda.
Ryan gruñó y rodeó con una de sus enormes manos la polla dolorida de Fabian. Cuando empezó a acariciarla, Fabian gritó como si le hubieran dado una descarga eléctrica.
—Dios, qué dura la tienes con eso puesto —dijo Ryan mientras pasaba un dedo por el anillo de silicona que estaba ajustado a la perfección alrededor de la polla y los huevos de Fabian—. ¿Te la puedo mamar?
—Eh, supongo —dijo exagerando un suspiro.
Los labios de Ryan esbozaron una pequeña sonrisa, y luego se deslizó poco a poco hacia abajo para meterse a Fabian en la boca. Era algo celestial, y aún más cuando Ryan le introdujo dos dedos.
—Ay, Ryan. Sí. Justo así.
Ryan se apartó y dijo:
—Quiero que te corras.