Capítulo 19
—Guau.
Ryan contempló con asombro el apartamento de Fabian.
No solo estaba más ordenado de lo que Ryan lo había visto nunca, sino que parecía una especie de guarida sexual de ensueño.
La habitación estaba iluminada con una combinación de lámparas tenues, velas y guirnaldas de luces blancas, lo que hacía que las paredes rojas parecieran aún más seductoras.
Las velas debían de ser perfumadas, porque un aroma embriagador, dulce y especiado inundaba el pequeño lugar.
Además, había juguetes sexuales sobre la cama.
Y, por si todo eso no fuera suficiente, Fabian llevaba un mono negro sin mangas con perneras acampanadas y un escote en V pronunciado, además de ir maquillado con un ahumado negro en los ojos y rojo oscuro en los labios.
Ni siquiera las fantasías sexuales más salvajes de Ryan eran tan buenas.
—Es por si acaso no te has enterado de lo que quería esta noche —dijo Fabian mientras levantaba los brazos para rodear el cuello de Ryan—. He pensado en dejártelo bien claro.
Tiró de Ryan hacia abajo para besarlo. Ryan se preocupó un poco por si le estropeaba el pintalabios, pero luego dejó de importarle porque la boca de Fabian le resultaba excitante y le estaba pidiendo que lo hiciera.
—Mmm —murmuró Fabian contento cuando se separaron—. Estaba esperando a que llegara este momento.
Por arte de magia, el pintalabios de Fabian no se había corrido. Debía de ser algún tipo indestructible. Era una noticia excelente para Ryan, porque tenía pensado besarlo mucho más a lo largo de la noche.
—Estás increíble —dijo.
—¿Te gusta? —Fabian lo soltó y dio una pequeña vuelta—. Lo ha hecho mi colega. Es una lástima que me lo vaya a quitar para lo que tengo planeado.
—Me parece estupendo. Pero ¿puedo besarte un poco antes?
—Por supuesto.
Esta vez Ryan levantó en volandas a Fabian y él le rodeó la cintura con las piernas.
Ryan lo inmovilizó contra la pared y lo besó tal y como llevaba días deseando hacerlo.
Bajó la cabeza para poder dedicarse al precioso cuello de Fabian, lo que hizo que este jadease y se retorciera entre sus brazos.
—Dios, se te da tan bien… —jadeó Fabian—. Te he echado de menos.
Ryan se rio entre dientes.
—Solo han pasado un par de días.
—Tú también me has echado de menos. Admítelo.
Ryan le lamió la nuez.
—Te he echado de menos.
Fabian suspiró contento y dijo:
—Tengo muchas ganas de jugar contigo.
A Ryan le encantaba la manera en que Fabian hablaba del sexo. Divirtiéndose. Porque de eso se trataba. De jugar y pasarlo bien. Nada de lo que preocuparse.
Cuando Ryan dejó que Fabian pusiera de nuevo los pies en el suelo, pudo ver el bulto muy marcado de la erección de Fabian que presionaba contra la tela ajustada del mono. Fabian llevaba el pelo revuelto, pero el maquillaje seguía impecable y Ryan nunca había visto nada más sexy en su vida.
—¿Seguro que tienes que quitártelo? —preguntó Ryan mientras deslizaba un dedo por la línea pronunciada del escote.
—Creo que te va a gustar lo que hay debajo.
Fabian se volvió para que Ryan pudiera bajarle la cremallera.
—Tengo algo de vino, si te apetece —le ofreció Fabian.
—No tengo sed.
Ryan sujetó el estrecho tirador de la cremallera entre los dedos y lo bajó poco a poco, fascinado por cómo se iba desvelando la piel de Fabian a medida que lo hacía.
Esperaba que estuviera desnudo debajo, pero, cuando la tela se deslizó por los hombros de Fabian y se amontonó a sus pies, Ryan pudo ver que llevaba puesto…
—Hostia puta.
Fabian miró hacia atrás por encima del hombro.
—Era arriesgado, lo sé. Pero pensé que quizá te gustaría.
—Sí. —Ryan tragó saliva—. Me gusta.
Nunca había visto en persona a un hombre con ropa interior de encaje. «Braguitas», supuso Ryan que era la palabra más adecuada. Joder, era excitante.
Deslizó la palma de la mano sobre el delicado encaje negro que se tensaba sobre sus perfectas nalgas. Sin pensarlo siquiera, recorrió con el pulgar la costura que se hundía por la raja de Fabian y este gimió mostrando su aprobación.
—Me encanta llevar ropa de encaje —dijo Fabian.
Extendió la mano hacia atrás y cubrió las de Ryan con las suyas, guiándolo. Ryan se acercó más, de modo que el bulto de sus vaqueros presionara contra el culo de Fabian.
—No me importaría que la llevaras siempre —gruñó Ryan.
Fabian echó la cabeza hacia atrás.
—¿Qué tal si te quitas la camiseta? Quiero ver ese pecho tan lindo.
Ryan dio un paso atrás para poder quitársela. Fabian se volvió para mirarlo y entonces Ryan vio la erección de Fabian tensando la braguita.
—Joder —dijo Ryan.
Se la agarró por encima de los pantalones mientras un poderoso escalofrío de excitación lo recorría.
Los labios de Fabian esbozaron una sonrisa diabólica mientras se tocaba el brillante piercing en forma de corazón que llevaba en el pezón.
—¿Qué te apetece, Ryan? Tenemos toda la noche.
Ryan se arrodilló. Se sentía abrumado por el deseo de llevar la boca hacia el encaje que se tensaba contra la polla de Fabian. Empezó acariciándolo con la nariz y luego frotó la cara y la barba contra la polla mientras Fabian gemía.
—Dios, cuánto te gusta.
Ryan abrió la boca y la acercó presionándola contra el miembro duro de Fabian.
Se sentía descontrolado por la lujuria. Una parte retorcida de él deseaba que sus compañeros de equipo pudieran verlo en ese momento, de rodillas ante un hombre que llevaba ropa interior de encaje y maquillaje.
Nunca lo entenderían. No era algo que tuvieran que entender.
No tenía nada que ver con ellos, y Ryan no podía estar más feliz con eso.
Él se dedicó a lamer y besar hasta que Fabian jadeó:
—Para. Joder. No me quiero correr todavía.
A Ryan le gustaba la idea de Fabian corriéndose con la ropa todavía puesta, pero hizo caso y se apartó. Fabian acarició la mejilla de Ryan con el dorso de la mano.
—Eres demasiado bueno para ser verdad, Ryan Price.
Ryan volvió la cabeza y apretó el pulgar de Fabian entre los dientes. Su mente estaba centrada en disfrutar de ese momento. No estaba nervioso ni inseguro de sí mismo. Quería hacer que Fabian se sintiera bien. Quería follar.
—¿Puedo decir que los vaqueros sin camiseta te quedan estupendos?
Fabian sonaba como si fuera borracho, pero Ryan dudaba de que hubiera bebido ni una gota de alcohol. Sonrió y se levantó para que Fabian pudiera verlo bien.
—Ay, sí —ronroneó Fabian. Dio un paso adelante y recorrió el pecho de Ryan con las manos—. Me encanta todo este vello.
—¿Ah, sí? Pues había pensado en depilármelo.
—Ni te atrevas. —Fabian puso los dedos sobre la hebilla del cinturón de Ryan—. ¿Puedo?
Ryan asintió. No podía negarle nada a Fabian en ese momento. No cuando lo estaba mirando fijamente con esas largas pestañas y los brillantes párpados con sombra oscura. Ryan inclinó la cabeza para volver a besar a Fabian. Le gustaba que le hiciera sentir atractivo. Le hacía sentir… sexy.
Fabian le desabrochó el cinturón mientras se besaban y luego le abrió los dos primeros botones de la bragueta. Dio un paso atrás para admirarlo mientras Ryan permanecía de pie, jadeando, incapaz de sentirse ni un ápice de cohibido.
—Déjame memorizar todo esto —dijo Fabian—. Porque ahora mismo estás perfecto.
Ryan se rio y luego quizá apretó un poco los abdominales.
—Uuuf. Vale —dijo Fabian—. Vamos a divertirnos.
Fabian se fue a la cama y se tumbó de lado. Ryan se quedó de pie al final de la cama porque no se cansaba de observar aquella imagen de Fabian tumbado en una ofrenda decadente. Era la viva imagen del hedonismo y Ryan aún no acababa de creerse que todo eso le estuviera ocurriendo de verdad.
—Bueno —dijo Fabian mientras deslizaba los dedos jugando por el colchón hacia el gran dildo morado—, este es el que prometí reseñar.
—Eeeh, pues, ¿entonces empezamos con eso?
Fabian lo levantó y le dio la vuelta.
—Es la hostia de grande. ¿Quizá podrías dejarme a punto para él?
Ay, joder, desde luego que sí. A Ryan le encantaba la idea. Quería dejar a Fabian bien relajado, abierto y suplicando que lo llenara con esa cosa. Y quizá, luego, con su polla.
—Y no tengo por qué ser yo necesariamente el que reciba —dijo Fabian—. A mí me gusta todo.
Ah. Ryan hasta ahora siempre había hecho de activo. Lo más probable era que fuese por su tamaño, pero sus parejas siempre habían querido que él se los follara.
—Solo si quieres —dijo Fabian enseguida—. A mí todo me parece bien. O podemos hacer las dos cosas. Como te he dicho, tenemos toda la noche.
Ryan decidió intentar decir lo que deseaba, sin preocuparse de lo vergonzoso que pudiera sonar.
—Quiero verte con ese dildo dentro. Quiero ver cómo te lo metes.
Fabian abrió mucho los ojos.
—Dios mío, Ryan. Ven aquí y cuéntame mejor qué se te ha ocurrido.
Ryan se quitó los pantalones y los calcetines, pero se dejó puestos los calzoncillos. Entonces cubrió el cuerpo de Fabian con el suyo mientras lo besaba con pasión. Movió las caderas para que su propia erección rozara con la de Fabian y así dejarle claro lo excitado que estaba.
—Ay, dios —jadeó Fabian—. Dime qué me quieres hacer. Dímelo.
Ryan no encontraba las palabras, así que se limitó a seguir besándolo por todas partes.
Bajó por el cuello, cruzó el pecho hasta llegar al piercing del pezón y luego bajó hasta el ombligo.
Lamió una larga raya a lo largo de la polla de Fabian, que todavía seguía atrapada por la ropa interior de encaje, y luego volvió a la boca.
Fabian agarró la polla de Ryan por encima de los calzoncillos y apretó, y Ryan empujó sin querer contra su mano.
—Joder, sí. Tócame.
Fabian metió la mano dentro de la ropa interior de Ryan y envolvió con sus delgados dedos la polla dura como una roca.
—Sigue hablando —le susurró Fabian al oído.
Decir marranadas estaba muy lejos de la zona de confort de Ryan, pero quería ser capaz de hacerlo por Fabian. Era algo insignificante y sencillo de hacer: poner en palabras los deseos que se le pasaban por la cabeza. Podía intentarlo. Ahí estaba a salvo.