Capítulo 17
Despertarse con los brazos ocupados por Fabian fue tan maravilloso como Ryan siempre se había imaginado.
Ryan se despertó primero y se quedó un buen rato tumbado, lo más quieto posible, respirando el aroma de Fabian.
No quería molestarlo porque le preocupaba que, cuando Fabian se despertara y se diera cuenta de dónde estaba, todo se acabara.
Fabian se tomaba el sexo y las relaciones personales con una naturalidad que Ryan nunca podría mostrar.
Sabía que la noche anterior no había significado tanto para Fabian como para él.
Había sido una curiosidad para Fabian; una que había intrigado al otro durante mucho tiempo, claro, pero Ryan estaba seguro de que Fabian ya había saciado esa curiosidad y seguiría adelante.
Al final, cuando ya no pudo resistirse más, acarició con la nariz el pelo de Fabian y luego le besó la sien. Fabian se retorció entre sus brazos y suspiró. Ryan pudo ver cómo sus labios se curvaban en una sonrisa somnolienta.
—Esta cama mola.
Ryan no creía haber apreciado nunca del todo lo genial que era su cama hasta la noche anterior. Había dormido mejor de lo que lo había hecho en mucho tiempo. Apretó el brazo alrededor de Fabian, acercándolo más a él.
—¿Me dejarás ir en algún momento? —bromeó Fabian.
—Nop.
Fabian soltó una risita.
—¡Que tengo que hacer pis!
Con un suspiro exagerado, Ryan lo soltó y Fabian se escurrió por debajo de las sábanas. Seguía desnudo y estaba impresionante a la luz de la mañana que entraba a raudales por las ventanas, cuyas cortinas Ryan había olvidado correr. Se apresuró hacia el baño y, un minuto después, gritó:
—¡Mierda! ¡Mi maquillaje!
Asomó la cabeza por la puerta del baño y Ryan pudo ver lo mucho que se le había corrido el maquillaje.
—¿No tendrás por casualidad algún desmaquillante? ¿A ser posible sin sulfatos?
Ryan se rio.
—No. Lo siento.
—Bueno, pues un limpiador facial. Alguno suave.
—Hay una pastilla de jabón en la ducha.
Fabian lo miró mientras parpadeaba.
—Perdona. ¿Con qué te lavas la cara?
—Con jabón. ¿Por qué?
Le pareció escuchar a Fabian murmurar algo tipo «Esto es una pesadilla» mientras se retiraba al cuarto de baño.
Al instante, Ryan oyó el grifo del baño abierto.
Se le hizo un poco larga la espera, pero, al final, Fabian salió del baño con la cara sin maquillaje y el flequillo húmedo.
Se abalanzó hacia la cama, con la polla meneándose mientras corría, lo que provocó que Ryan se riera.
—¡Qué frío! —se quejó Fabian mientras se metía bajo las sábanas y se acurrucaba de nuevo contra Ryan—. No me puedo creer que me durmiera con el maquillaje puesto. Dios, mi piel va a quedar hecha un cuadro.
Ryan lo volteó para que quedaran cara a cara.
—A mí me parece que estás bien.
Le encantaba cómo le sentaba a Fabian el maquillaje, pero también era un gran admirador de esta versión de él, sin adornos y con aspecto juvenil, incluso a sus treinta y un años.
—¿Qué tienes pensado hacer hoy? —preguntó Fabian.
—Nada.
—Yo tengo que ir al trabajo a las cuatro. A la tienda.
—¿Pero hasta esa hora estás libre?
Fabian sonrió.
—Soy todo para ti.
Dios, ojalá. Pero, de momento, sí. Estaba en los brazos de Ryan, en la cama de Ryan, así que Ryan lo besó.
Se dio cuenta, una vez que empezaron, de que aún no se había lavado los dientes.
Fabian sabía como si se hubiera pasado un poco de pasta de dientes de Ryan para enjuagarse rápido. Paró el beso.
—Lo siento. Debo de dar asco.
—Qué va.
—Me voy a dar una ducha. No sé si te apetece, ya sabes, hacer cosas sexuales. Pero no puedo a menos que me asee un poco.
Fabian lo besó en la mejilla.
—Pues mejor que te asees, porque me apetece mucho hacer cosas sexuales.
A Ryan le gustó cómo sonaba eso, y a la polla de Ryan le gustó muchísimo cómo sonaba eso. Era agradable estar de acuerdo por primera vez.
—A mí también me vendría bien echarme un agua —dijo Fabian con naturalidad—. Me he fijado en que tu ducha es bastante grande. Quizá, incluso, haya espacio para dos…
—Es que yo ocupo mucho.
—Seguro que yo me las apaño para meterme en algún sitio.
Ryan se puso rojo. Fabian era tan sexy sin apenas esforzarse… ¿Cómo lo haría? Lo mejor que se le ocurría a Ryan en cuanto a conversación subida de tono era balbucear sugerencias de «cosas sexuales».
Ryan abrió el grifo de la ducha y esperó un momento para lavarse los dientes antes de reunirse con Fabian bajo el chorro de agua.
El cuerpo de Fabian ya le había cautivado antes, pero verlo mojado, con el agua resbalando por las líneas suaves y esbeltas de su cuerpo, era otra cosa.
Era tan fascinante que Ryan no tuvo ni un segundo para sentirse cohibido por su propio cuerpo.
—Si no estás muy ocupado —dijo Fabian, con una sonrisa que daba a entender que era muy consciente de lo mucho que Ryan estaba disfrutando de la vista—, ¿te importaría pasarme el champú?
—Ah. Claro.
Fabian frunció el ceño al ver el bote de H&S que Ryan le ofrecía. Con un profundo suspiro, sacó un poco de champú y le devolvió el bote a Ryan.
—¿Puedo? —preguntó Ryan con las manos suspendidas sobre el cuero cabelludo de Fabian.
Era posible que Fabian tuviera un método muy concreto para hacer espuma, pero Ryan esperaba que su gusto por que le acariciaran el pelo se impusiera.
Fabian asintió y cerró los ojos. Ryan hundió los dedos, tratando de masajear el cuero cabelludo de Fabian y de lavarle el pelo. Fabian se dio la vuelta y se recostó contra el pecho de Ryan.
—Dios, qué sensación tan increíble —gimió—. Tus manos son tan fuertes…
Le sentaba bien, para variar, usar sus fuertes manos para cuidar de alguien. Todavía no estaba seguro de cómo había tenido la suerte de tener a Fabian así, pero estaba decidido a aprovecharlo al máximo.
Observó cómo Fabian se aclaraba la espuma del pelo y se sintió avergonzado por lo rápido que había reaccionado su polla. La polla de Fabian se había puesto un poco más dura desde que se habían metido en la ducha, pero Ryan estaba durísimo.
—Te toca —dijo Fabian y se deslizó a su lado para que Ryan pudiera ocupar su lugar bajo el chorro de agua—. Te ofrecería devolverte el favor, pero me temo que no llego.
—No pasa nada.
Ryan cogió el champú. Se enjabonó y se enjuagó rápido, y, cuando abrió los ojos, se encontró a Fabian arrodillado frente a él.
—¿Qué…?
—He encontrado un sitio al que sí llego —dijo con una sonrisa pícara—. ¿Puedo?
Ryan no se permitió darle demasiadas vueltas al asunto. De todos modos, no podía pensar, no con la polla gritándole que dijera que sí y ya. Asintió con la cabeza y Fabian se inclinó hacia él.
—Joder —jadeó Ryan cuando Fabian se metió la punta de su polla en la boca. Hacía tanto tiempo que nadie le hacía eso… Tanto desde que había dejado a alguien hacerlo…
Fabian, al parecer, era un experto. No se la metía del todo —Ryan no habría esperado que lo hiciera—, pero sabía justo dónde centrar la atención. Mantenía las mejillas huecas y la lengua ocupada, y era puto increíble.
Ryan extendió un brazo para apoyarse contra la pared.
Fabian rodeó con una mano la parte baja de la polla de Ryan y empezó a acariciarla, dejando que el puño cubriera la zona a la que su boca no llegaba.
La otra mano se deslizó por el muslo de Ryan y luego se desplazó para coger por debajo sus pelotas.
A Ryan no le iba mucho decir marranadas. Para nada. Pero, si se hubiera animado a hablar en ese momento, le hubiera gustado decir algo alentador como: «Joder, sí. Juega con mis pelotas. Haz que me corra en tu cara. Haz que me corra, por favor. Necesito correrme».
Pero Ryan se mantuvo en silencio, salvo por algunos gruñidos y gemidos involuntarios y alguna que otra palabrota.
Fabian lo miró a través de sus largas y preciosas pestañas, y luego bajó la mano para acariciarse la polla un par de veces.
A Ryan le encantaba lo dura que se le había puesto la polla a Fabian mientras le hacía eso.
Ryan se sentía bien. Se sentía tan bien que pensó que de verdad podría llegar a correrse. No estaba del todo al límite, pero lo veía en el horizonte. La posibilidad le excitaba, y enredó los dedos en el pelo mojado de Fabian, tratando de animarlo sin hacerle daño ni forzarlo. Ni hablar.
Fabian movió la cabeza arriba y abajo y se la chupó con fuerza y rápido. Le acarició los huevos a Ryan con la palma de la mano y le hizo cosquillas alrededor de la polla. Dios, el orgasmo de Ryan estaba a punto de llegar. Podría conseguirlo.
Debió de empujar sin querer, porque de golpe Fabian empezó a toser y a escupir. Se apartó y levantó un dedo.
—Perdona. Dame un segundo.
—Dios, ¿te he hecho daño? —preguntó Ryan—. No era mi intención. Lo siento. Es que…
—No pasa nada. Es solo que no me lo esperaba. —Fabian se rio—. La tienes muy grande. No estoy acostumbrado.
Ryan cerró el grifo y se agachó a su lado. El orgasmo ya era, sin duda, una causa perdida.
—Lo siento muchísimo.
—¡Que no pasa nada! Ya te he dicho que estoy bien. ¿Por dónde íbamos?
Ryan le puso una mano en el hombro.
—Déjalo.
Se puso de pie y le tendió la mano a Fabian. Fabian lo miró fijamente, con cara de confusión, después le cogió la mano y dejó que lo ayudara a ponerse de pie.
Salieron de la ducha y Ryan le buscó rápido una toalla a Fabian. Mientras se secaban, Fabian le preguntó:
—¿Te ha gustado? Parecía que lo estabas disfrutando.
—Lo estaba. Mucho. Ha estado genial. —Ryan apartó la mirada—. Una pasada, la verdad. Me he dejado llevar un poco demasiado.
—No me importa volver a intentarlo —dijo Fabian con dulzura.
Ryan agradeció de verdad la oferta, pero no podía aceptarla.
—Gracias, pero no hace falta. De verdad.
—¿O podríamos besarnos… y ya? ¿Revolcarnos en esa cama tan increíble que tienes?
Ryan sonrió.
—Suena bien.
Menuda mierda. Fabian había tenido a Ryan tan cerca… Estaba seguro de ello.