Capítulo 16
Ryan abrió la puerta del piso.
—La verdad es que todavía me queda bastante por hacer.
Los nervios le habían vuelto durante el paseo, una vez que se había quitado de encima la imperiosa necesidad de besar a Fabian. Ahora que había llegado a casa, no tenía ni idea de qué hacer a continuación.
—No veas —dijo Fabian mientras lo seguía hacia el salón—. Nunca había estado en uno de estos edificios.
—No me podía permitir un piso con vistas a la Torre CN , pero creo que aun así tengo unas vistas bastante buenas.
Fabian resopló.
—Mi piso tiene vistas a un callejón donde a los mapaches les gusta follar. Hay una razón detrás de por qué mantengo las cortinas cerradas.
Ryan se rio, pero le preocupaba que su apartamento estuviera incomodando a Fabian. En comparación con la estúpida mansión de Dallas Kent, no parecía excesivamente ostentoso, pero aun así le había costado un dineral.
Fabian se quitó el abrigo y lo dejó sobre el respaldo del sofá de Ryan. A Ryan le conmovió de algún modo la naturalidad con la que Fabian lo hizo, como si estuviera en su propia casa.
Ryan colgó su abrigo en el armario y se descalzó. Fabian se dio cuenta de lo que hacía y puso cara de estar avergonzado.
—Mierda. Perdona. Soy un puto maleducado.
Cogió el abrigo del sofá y Ryan se lo quitó de las manos.
—No te preocupes. ¿Quieres tomar algo?
—No. Me gustaría más bien… ¿relajarnos?
Fabian fue hacia el sofá, se dejó caer sobre él y luego le dio una palmadita al cojín que tenía a su lado.
Ryan se había vuelto a poner la camisa antes de salir de la discoteca, pero Fabian solo llevaba la camiseta de tirantes de encaje blanco que había tenido a Ryan distraído por completo durante toda la noche.
Sin mangas que le estorbaran, Ryan podía ver la definición muscular de los brazos fibrosos de Fabian y deleitarse con las curvas suaves y lisas de sus hombros.
El piercing en el pezón que tanto había intrigado a Ryan durante semanas se veía por completo a través de la delicada tela de la camiseta.
—Lo estás mirando fijamente —dijo Fabian.
—Puede.
—Puedes verlo mejor desde aquí.
Ryan no estaba seguro de hasta dónde se sentiría cómodo llegando esa noche, pero decidió que dejaría que su cuerpo, y Fabian, lo guiaran. Su cabeza solía echar todo a perder.
Se sentó en el centro del sofá, y Fabian se subió enseguida a su regazo y se sentó a horcajadas sobre él. Ryan apoyó una mano en un lado de la cabeza de Fabian y dejó que sus dedos se perdieran en su sedosa melena oscura.
—Mmm. Si juegas con mi pelo, te dejaré hacer lo que quieras —ronroneó Fabian.
—Lo que quiera, ¿eh? ¿Como qué?
—¿Puedes… besarme?
No se lo tenían que preguntar dos veces.
Había pasado demasiado tiempo desde la última vez que Ryan había besado a alguien, pero no habría importado si se hubiera liado con cinco tíos esa misma mañana: ahora era con Fabian.
Eran los dientes de Fabian los que mordisqueaban el labio inferior de Ryan, la lengua de Fabian la que se deslizaba sobre la suya y los dulces suspiros de Fabian los que Ryan se tragaba.
Sin siquiera darse cuenta de lo que hacía, Ryan empujó a Fabian hacia los cojines del sofá y se tumbó sobre él. Fabian le sonrió desde su nueva posición debajo de él y Ryan volvió a besarlo.
Ryan sabía que aquello era egoísta. Quizá era lo más egoísta que había hecho nunca, y sabía que luego se sentiría mal por ello. Pero eso sería más tarde. En ese momento, por fin estaba besando a Fabian Salah.
Besándolo de verdad. Por fin estaba haciendo que Fabian se retorciera debajo de él al besar la piel sensible bajo su mandíbula lisa y marcada. Dios, su cuello… Ryan quería conocer cada centímetro de su cuello, de sus hombros y de su clavícula.
Fabian se arqueó para que su erección se presionara contra el muslo de Ryan.
—¿Qué quieres? ¿Qué te gusta? Estoy dispuesto a casi cualquier cosa.
Ryan se quedó paralizado con el rostro suspendido sobre el de Fabian. De golpe, recordó lo mal que se le daba el sexo. Besarse estaba bien, pero cualquier cosa más allá de eso sin duda dejaría a Fabian decepcionado.
—Eeeh, ¿podríamos… besarnos y ya?
Fabian parecía confundido.
—Podemos, claro. ¿Es eso todo lo que quieres hacer?
—De momento. ¿Quizá?
Fabian acarició suavemente con los dedos la barba de Ryan.
—Por mí está bien. Pero ¿pasa algo?
—No. No, es solo que… —Ryan suspiró y se incorporó. Su mente había aparecido para boicotear todo, como siempre—. Necesito que sepas, antes de que hagamos nada, que no soy… normal en estas cosas.
—¿Normal? ¿Quién quiere lo normal? —bromeó Fabian.
Ryan se pasó una mano por el pelo. No tenía ni idea de cómo explicar nada de eso, así que se limitó a hablar.
—Lo digo en serio. Tengo ansiedad. Tipo, diagnosticada.
—Mucha gente tiene.
—Sí, vale. Pero es que yo también soy malísimo hablando con la gente.
Me gano la vista pegando a la gente y… cuando estoy en plena acción, cuando me peleo, me refiero, es el único momento en el que tengo la mente despejada.
Es como si… fuera fácil. Es una locura que esté relajado cuando le estoy dando puñetazos a alguien, pero que sea un manojo de nervios cuando pido en un restaurante cualquier cosa.
—Ryan estaba divagando, pero necesitaba que Fabian lo entendiera—.
No estoy bien. Voy a terapia, tomo medicación.
Y soy un paquete en la cama. Así que si al final vamos a…
Fabian se colocó entre las piernas de Ryan. Le puso las manos en los hombros, tratando de llamar su atención.
—¿Te cuesta hablar conmigo?
Ryan respondió con sinceridad.
—No.
—¿Quieres saber qué pienso de ti? —Ryan no estaba seguro.
Al ver que no contestaba, Fabian continuó—.
Creo que eres la hostia de sexy. Y que eres muy tierno.
Y no creo que te ganes la vida pegando a la gente.
Creo que te ganas la vida protegiéndola.
Porque eres así, Ryan. Tienes un corazón enorme en ese pecho enorme y…
—Se inclinó, rozando los labios contra la oreja de Ryan—. No. Te. Tengo. Miedo.
La fuerza de las palabras de Fabian hizo que Ryan se quedara sin aliento y, antes de que pudiera contenerse, agarró la parte delantera de la camisa de Fabian y lo atrajo hacia él hasta que este volvió a sentarse en su regazo.
Se besaron con pasión, y, esta vez, fue Ryan quien acabó tumbado con Fabian encima de él.
Fabian se sentó a horcajadas sobre la cintura de Ryan y este rodeó con las manos sus bíceps delgados y fuertes.
La polla de Ryan, que había estado medio dura desde que habían salido de la discoteca, estaba ahora dura como una roca, y podía sentir la excitación de Fabian presionándole la pierna.
—Podemos besarnos y ya —dijo Fabian sin aliento—, pero, si eso es lo que quieres, entonces tengo que cambiar de posición. Porque, si seguimos así, seguro que voy a acabar restregándome con el muslo y te voy a dejar hecho un cristo.
«Dios mío».
—No me parece mal. Si te apetece. A mí no me importa.
Fabian parecía contento.
—Bueno, la verdad es que con la gente que me acuesto intento apuntar un poco más alto que a que no les parezca mal y ya.
Ryan ya estaba echándolo todo a perder.
—Lo siento. Es por mi culpa. Ya te lo he dicho, no se me da bien follar.
Cerró los ojos y esperó a que Fabian se despidiera con educación al irse.
—No tengo ni idea de lo que eso significa —dijo Fabian. Se apartó de Ryan y se arrodilló entre sus piernas sobre los cojines del sofá—. ¿Te aseguras de tener el consentimiento de tu pareja?
—Sí.
—¿Te proteges? ¿Usas protección?
—Siempre.
—¿Te preocupas por el placer de tu pareja?
—Claro.
—Pues ya está. —Fabian apoyó una mano en el estómago de Ryan y le sonrió—. Es que yo no veo ningún problema.
Ryan negó con la cabeza.
Fabian suspiró.
—Vale. Dime cuál es entonces. Cuéntamelo.
Como el ambiente ya se había estropeado, Ryan decidió jugársela a todo o nada.
—Necesito… instrucciones.
Fabian abrió mucho los ojos.
—Tipo… ¿dominación?
—¡No! No. No me refiero a eso. Solo necesito tener… —Le llevó un momento, pero Ryan al final encontró la palabra—. Seguridad. Saber que lo que estoy haciendo está bien. Porque, si no, me paso todo el rato preocupándome por si lo que estoy haciendo está todo mal.
Fabian pareció entenderlo.
—Bueno, eso sin duda se puede hacer. ¿Y ya está?
—No. También… tengo ciertos complejos con mi cuerpo. No me gusta que la gente me mire demasiado de cerca.
—¿Te refieres a desnudo?
—Tipo sexual, creo. O sea, en el vestuario y en esos sitios estoy desnudo todo el rato. Se trata más bien de… que me juzguen. De que me comparen con los demás.
Fabian frunció el ceño.
—No tienes muy buena opinión de ti mismo, ¿verdad?
Ryan apartó la mirada, con vergüenza.
—La verdad es que no. No.
—Bueno, y si dejamos las luces apagadas y te doy mucho refuerzo positivo. ¿Eso lo haría más fácil?
Ryan agradecía de verdad lo comprensivo que estaba siendo Fabian y deseaba poder decir que sí y ya. Que con eso ya bastaba. Pero…
—No puedo… O sea, la verdad es que, casi nunca, eh, me corro.
Aunque me guste lo que esté haciendo. En parte es un efecto secundario de la medicación que estoy tomando, pero también es por…
mí. A veces me quedo atrapado en mi cabeza.
—Exhaló un suspiro—. Así que sí. Quizá no merezca la pena follar conmigo.
Reunió todo su valor y volvió a mirar a Fabian y se sorprendió al ver que le sonreía con cariño.
—No tenemos que hacer nada si no quieres. Pero me gustaría hacerte sentir bien. No tiene por qué haber orgasmos. Incluso podemos quedarnos vestidos. —Le cogió la mano a Ryan y se la llevó a los labios. Le besó los nudillos y dijo—: Me gusta cómo me miras. Y cómo me tocas y cómo me besas.
—Me gusta tocarte. Y besarte.
—Entonces quizá podríamos empezar por ahí y ver qué pasa. Sin presiones. —Le dio la vuelta a la mano de Ryan y empezó a hacerle un suave masaje—. Pero debo advertirte… Tengo más bien el problema contrario. En la cama, me refiero.
Ryan frunció el ceño.