Capítulo 15 #2
Fabian y Ryan se quedaron en la pista de baile un par de canciones más, y luego Fabian lo llevó hacia la mesa de Vanessa y Marcus. En cuanto Vanessa vio a Ryan, se tapó la boca con las manos.
—¿Te acuerdas de Ryan? —dijo Fabian con naturalidad cuando se sentaron en los dos asientos que quedaban libres.
—¡Dios mío! ¡Qué guapo estás! ¡Y has venido! Pensaba que estabas en otra fiesta.
—Me he ido —dijo Ryan.
—Pues bien hecho.
—¿Se me está corriendo el maquillaje por el sudor? —preguntó Fabian—. Está hecho un cuadro, ¿no?
Marcus negó con la cabeza.
—Estás impecable, como siempre. Deja de ser la protagonista.
—Estás muy guapo —confirmó Ryan.
Tenía esa sonrisa adorable y tímida que tanto le gustaba a Fabian. Fabian se alegró de llevar maquillaje, porque estaba seguro de que se estaba poniendo rojo.
—Sois tan puto monos… —dijo Vanessa—. ¡Ay! ¡Ahí está el cumpleañero!
Tarek se acercó, y, aunque estaba lejos, Fabian se dio cuenta de que iba bastante contento.
La camiseta ajustada se le había arrugado bajo las costillas, dejándole al descubierto la barriga; parecía como si alguien lo hubiera despeinado a conciencia y Fabian intentó recordar si antes Tarek llevaba las gafas puestas.
Esperaba que no, porque ahora ya no las llevaba.
—Hooolaaa —dijo Tarek con voz arrastrada cuando llegó hasta ellos. Se dejó caer sobre el respaldo de la silla de Marcus, dejando que sus brazos cayeran sobre sus hombros—. Cumplir treinta es chulísimo.
—Diiilo —respondió Vanessa.
—Ay, hola, eres ese tío —dijo Tarek señalando con la cabeza a Ryan—. ¿Ya sois novios?
Fabian puso una cara que intentaba decir en silencio «Cállate la puta boca, borracho bocazas», pero no pareció funcionar, porque Tarek siguió hablando.
—Me alegro mucho por vosotros. Fabian está, tipo, obsesionado contigo. ¿Cómo te llamabas?
—Eeeh, Ryan…
—Ryan. Es verdad. Me alegro por ti, tío.
Ay, dios. Qué puto desastre. Fabian se inclinó hacia Ryan.
—Lo siento, si te ha…
Ryan hizo un gesto con la mano para restarle importancia.
—No pasa nada. Está borracho. —Se tapó la boca con el dorso de la mano y bostezó—. Debe de ser tarde… —dijo guiñando un ojo.
—Mmm.
—Podría, eeeh, acompañarte a casa si te vas pronto.
—Podrías —asintió Fabian—. O…
Ryan se inclinó más hacia él.
—¿O?
—Podría acompañarte a casa yo. Creo que la tuya está más cerca, ¿no?
No apartó la mirada de Ryan, asegurándose de que lo entendiera.
—Sí —dijo Ryan—. Lo está. Pues vamos.
Los dos se levantaron y, por supuesto, Vanessa tuvo algo que decir al respecto.
—¿Os vais? ¿Los dos? ¿Juntos?
Fabian la miró con los ojos entrecerrados.
—Sí. Muy bien.
Marcus se unió a la conversación.
—Espera, espera. ¿Os vais los dos juntos a la vez? Qué raro…
—Me cago en dios, Marcus…
Fabian esperaba que Tarek dijera algo, pero este se había acercado a un tipo sin camiseta que llevaba un tatuaje gigante en la espalda. El chico parecía haber captado toda su atención.
Fabian se despidió de sus horribles amigos con un abrazo y luego salió del club lo más rápido posible.
Después de recoger sus chaquetas del guardarropa, Ryan y Fabian se quedaron juntos en la acera.
Fabian no estaba seguro de qué pensaba Ryan, pero de repente se sintió abrumado por lo que, al parecer, habían planeado.
—¿Dónde era la fiesta a la que has ido? —preguntó queriendo aliviar un poco la tensión.
—En Kleinburg.
—Joder. Eso está lejos. Y es de ricos.
Ryan se rio.
—Sip. He vuelto aquí conduciendo lo más rápido que he podido, he aparcado en mi garaje y, bueno, he venido casi corriendo hasta la sala.
—Qué impaciente —bromeó Fabian.
—Pues sí —dijo Ryan, que no hablaba en broma. La sinceridad de su voz hizo que el corazón de Fabian se acelerara.
—Pues, mira —dijo sin aliento—, haremos que todo ese esfuerzo merezca la pena.
Una vez más, Fabian se debatía entre querer preguntarle qué había hecho que Ryan cambiara de opinión sobre divertirse de forma sexy y querer guardarse las preguntas para sí mismo para no destruir sin querer la posibilidad de que quisiera divertirse siendo sexy.
Caminaron en silencio durante un minuto y luego Ryan unió su boca a la de Fabian.
No se parecía en nada al tímido beso que se habían dado en la cama de Fabian el lunes por la noche.
Este era apasionado y posesivo. Ryan se lo estaba comiendo y Fabian intentó corresponderle, pero le temblaban las rodillas y no convenía aumentar la diferencia de altura entre ellos.
Tal y como estaban, Ryan tenía las rodillas tan flexionadas que parecía que estuviera arrodillado en la acera.
Dios, estaban en la acera. A lo lejos, Fabian oía a la gente silbándoles, pero no le importaba. No le importaba nada más que la cálida y maravillosa boca de Ryan sobre la suya.
—Lo siento —dijo Ryan cuando se separaron—. Llevaba queriendo hacer eso desde que te he visto esta noche.
Fabian estaba a punto de desmayarse. Le iba a dar algo. Las preguntas podían esperar. Sin duda, era hora de divertirse siendo sexy.
—No pasa nada —le contestó con voz ronca—. Yo también me moría de ganas de hacer muchas cosas desde que te vi por primera vez.
—¿Ah, sí?
Fabian se mordió un poco el labio inferior mientras saboreaba el regusto persistente del beso de Ryan.
—Mmm. Sí. Llévame a casa, Ryan Price.