Capítulo 15
Fabian no tenía ganas de bailar.
Había estado semanas esperando con ilusión esa noche y, ahora que estaba en medio de una discoteca ruidosa y vibrante, repleta de gente guapa, se aburría.
Llevaba con sus amigos más de dos horas en el Force.
Marcus y Tarek llevaban un rato perdidos entre la multitud que abarrotaba la pista de baile.
Vanessa había estado con Fabian en la mesa alta que él había conseguido, pero se había ido al baño hacía rato y no había vuelto.
No estaba preocupado por ella, era el típico comportamiento de Vanessa.
Lo más seguro era que se hubiera encontrado con alguien que conocía.
O quizá con quince personas. Vanessa conocía a todo el mundo.
Fabian usaba la pajita para hurgar entre los cubitos de hielo casi derretidos que quedaban en su vaso de gin-tonic .
Ya había rechazado con educación a tres hombres distintos que se le habían acercado.
No le sorprendía: estaba solo y tenía un aspecto fantástico, joder.
Llevaba una camiseta sin mangas de encaje blanco, que se había metido holgada por dentro de los vaqueros negros, de modo que se hinchaba un poco sobre su esbelto torso.
Se había gastado una fortuna en el kit de maquillaje «Moonchild Gold» de Anastasia Beverly Hills y ahora su cara era una obra maestra resplandeciente de lavanda metalizada, rosa y plata.
Pero ¿para quién era todo eso? ¿Podría admitir ante sí mismo que en realidad solo había una persona con la que quería bailar? Una persona que lo admirara. Que lo tocara.
«Ay, Fabian… ¿Qué has hecho contigo?».
Pensó en tomarse otra copa, pero en realidad no le apetecía. Quería irse. ¿Sería de mala educación si lo hacía? Por supuesto, les mandaría un mensaje a sus amigos. Podría decirles que le dolía la cabeza o algo así. No es que fuera temprano, ya era casi la una.
Por el rabillo del ojo, Fabian vio que alguien se acercaba a la mesa. Se volvió, con la boca ya formando el comienzo de su disculpa para marcharse, cuando vio quién era.
—Ryan.
—Hola. Qué bien. Estás aquí.
Fabian parpadeó, atónito.
—Tú también. —Dios, estaba increíble—. Te has cortado el pelo.
—Sí. —Ryan se pasó una mano por el pelo con nerviosismo—. Me he arreglado un poco.
—Ah.
Fabian sabía que debía decir algo más, pero su cerebro se había bloqueado.
Su mirada trazó un circuito desde el nuevo y elegante corte de pelo de Ryan y su barba recortada, bajando hasta el cuello de su camisa, y luego hasta la tela que se tensaba sobre su pecho y sus brazos.
Por debajo, los vaqueros luchaban por contener los enormes muslos de Ryan.
Fabian nunca le había visto unos pantalones tan ajustados, y estaba como hipnotizado por el bulto de su entrepierna.
Cuando su mirada volvió al rostro de Ryan, pudo ver lo mucho que a este también le gustaba el atuendo de Fabian.
—No pensaba que fueras a venir —dijo Fabian, por fin.
—¿Qué?
Se inclinó hacia él y Ryan se agachó hasta que su oído quedó a la altura de los labios de Fabian.
—No pensaba que fueras a venir.
—Ah. —Se puso recto—. He cambiado de opinión.
Fabian sonrió, incapaz de ocultar su alegría. Quería saber qué era exactamente lo que había hecho cambiar de opinión a Ryan, pero había demasiado ruido en la discoteca para mantener esa conversación. Y, además, había cosas mejores que podían estar haciendo en ese momento.
—¿Te apetece bailar?
Ryan le devolvió la sonrisa y asintió.
—Sí. Vamos.
Fabian cogió a Ryan de la mano, se dio la vuelta y lo llevó a la pista de baile. No recordaba haberse sentido tan emocionado en toda su vida.
La pista estaba hasta arriba de gente, y Ryan era bastante corpulento, así que se quedaron cerca de un lateral en lugar de intentar abrirse paso hasta el centro.
Fabian tampoco estaba seguro de hasta qué punto Ryan se sentía cómodo con la gente apretujándose contra él.
Cuando encontró un lugar con más o menos espacio, se volvió y le dedicó a Ryan una sonrisa tranquilizadora.
Ryan se la devolvió, pero seguía sin parecer seguro de qué hacer a continuación.
Fabian supuso que sería él quien llevaría la iniciativa en el baile, así que dejó que su cuerpo encontrara el ritmo del remix de Robyn, que sonaba a todo volumen.
Ryan intentó moverse con él, y se notaba mucho que estaba incómodo.
Los ojos se movían de un lado a otro, como si buscara a gente que lo estuviera juzgando.
Fabian levantó la mano y se la puso en un lado de la cara, dirigiendo su mirada hacia abajo. Había demasiado ruido como para hablar, así que se limitó a señalar su propia cara. «Concéntrate en mí».
Ryan asintió un poco y Fabian deslizó la mano por su mejilla, bajó por el lado del cuello y llegó al pecho.
Al final, se posó en la cadera de Ryan, y Fabian se acercó hasta que la hebilla del cinturón de Ryan chocó con sus costillas.
Cuando estuvo seguro de que tenía la atención de Ryan, Fabian cerró los ojos y se dejó llevar.
Bailar siempre le había resultado algo natural.
La música le llegaba con tanta claridad que su cuerpo sabía justo cómo responder.
Movió las caderas de forma seductora y levantó el brazo libre por encima de la cabeza, dejando que sus dedos jugaran con la música.
Ryan estaba rígido contra él, así que Fabian dio un pequeño paso atrás para que pudiera ver mejor.
Cuando volvió a abrir los ojos, Ryan tenía una amplia sonrisa de deleite en la cara. No estaba bailando en sí, pero su cuerpo se movía un poco. Fabian le puso una mano en el cuello y lo atrajo hacia él para poder hablarle al oído.
—¿Te estás riendo de mí?
Ryan negó con la cabeza y luego la ladeó para poder responder.
—No. Es solo que me encanta verte bailar.
El aliento le hizo cosquillas en la oreja a Fabian cuando habló y entonces un hormigueo le recorrió todo el cuerpo. Pasó un brazo sin mucha energía por encima del hombro de Ryan y volvió a colocar la otra mano en su cadera. Ryan iba a bailar con él, joder.
A mitad de la siguiente canción, Ryan por fin se había relajado lo suficiente para seguir el movimiento de las caderas de Fabian mientras se contoneaban y se frotaban.
Fabian intentaba no restregarse contra él de forma descarada, pero le resultaba algo complicado porque sus muslos, gruesos como troncos, estaban justo ahí y parecía que los botones de la camisa iban a saltar en cualquier momento.
Con esa idea en mente, Fabian deslizó un dedo hasta el botón superior y lo desabrochó con destreza.
Echó un vistazo a la cara de Ryan para ver su reacción.
Tenía los labios entreabiertos, quizá por la sorpresa, pero en los ojos se le veía puro deseo.
Asintió con mucho disimulo y Fabian desabrochó el siguiente botón. Y, luego, el siguiente.
Llevaba una camiseta de tirantes negra debajo de la camisa, lo cual no sorprendió a Fabian, pero sí le decepcionó un poco.
La camiseta interior no ocultaba en absoluto el hecho de que Ryan tenía un físico imponente.
Sus pectorales eran enormes y marcados e incluso a través de la tela Fabian podía ver que estaban cubiertos por una buena cantidad de vello.
Las enormes manos de Ryan rodearon a Fabian por la cintura, sujetándolo en su sitio hasta que le desabrochó todos los botones.
Cuando terminó, Fabian rodeó con los brazos los hombros de Ryan y tiró de la camisa abierta hacia abajo, hasta que las mangas se deslizaron por los hombros y le inmovilizaron los brazos a los lados.
Fabian se inclinó y presionó su boca, abierta, húmeda y hambrienta, contra el pectoral izquierdo de Ryan. Se dio cuenta, después de haber dejado una mancha húmeda en la camiseta de Ryan, de que quizá se había pasado de atrevido.
A Ryan no parecía importarle. Miraba a Fabian con una intensidad que hacía que Fabian quisiera arrodillarse en medio de aquella multitud. El bulto en los vaqueros de Ryan había crecido bastante y rozaba el estómago de Fabian cada vez que movía las caderas en su dirección.
Fabian lo miró a los ojos, tratando de igualar la intensidad de Ryan. Luego se inclinó de nuevo y le dio otro beso con la boca abierta en la amplia punta del pezón.
Ryan echó la cabeza hacia atrás mientras rozaba con el pulgar el piercing del pezón de Fabian. Fabian contuvo el aliento y mordió con suavidad el pecho de Ryan. Apenas pudo pellizcar.
Fabian quería ver mucho más de ese cuerpo de locos, pero, por ahora, tan solo podían divertirse un rato.
Como si le leyera el pensamiento, el DJ pasó a un remix de «Get Me Bodied», de Beyoncé.
Fabian saltó de alegría, lo que provocó que Ryan se riera.
Se quitó la camisa del todo, la arrugó en un puño y, por fin, se dejó llevar y empezó a bailar de verdad.
Se le daba bien. A Fabian no debería haberle sorprendido —al fin y al cabo, Ryan era deportista—, pero era una fantasía verlo. Sus ojos brillaban de alegría desvergonzada mientras veía a Fabian hacer piruetas y giros con movimientos ridículos y exagerados, pensados para divertirlo.
Cuando Ryan hizo playback con las primeras líneas del estribillo, acompañándolas con un gesto exagerado de secarse el sudor de la frente con la camisa que se había quitado al llegar a la frase «A little sweat ain’t never hurt nobody», Fabian se partió de risa.
Ryan le devolvió una amplia sonrisa y Fabian lo deseó con todas sus fuerzas en ese momento.
Un brazo se posó sobre Fabian por detrás, y una voz familiar dijo:
—Hacéis muy buena pareja.
Fabian volvió la cabeza y se encontró con la cara de Marcus justo al lado de la suya. Sonrió y besó a Marcus en la mejilla.
—¿Dónde está Tarek?
—Unos encantadores caballeros le están invitando a chupitos de cumpleaños.
—Ups.
—Mmm. Vanessa y yo hemos encontrado una mesa por ahí. —Marcus señaló una mesa con sillas de verdad cerca de la mesa alta en la que Fabian había estado de pie—. Ven a buscarnos si no estás demasiado ocupado.
Se fue lanzándole una mirada lasciva a Ryan.