Capítulo 13 #2
Ryan parpadeó. Se había quedado mirando a Anders… Y ahora Anders lo miraba con irritación y seguro que algo de asco.
—Perdón. Pensaba en otra cosa —murmuró Ryan.
Fue a su taquilla a toda prisa y empezó a vestirse. Se preguntó a qué peluquería iba Nilsson. ¿Y si se lo preguntaba? Ryan tenía el pelo y la barba fatal, era imposible domarlos; ni se acordaba de la última vez que había hecho algo más que recortarse la barba en casa con pocas ganas.
No era el tipo ideal para Fabian, pero, joder, por lo menos podría ser el tipo ideal para alguien. No era capaz de indicar en qué momento se había dejado por completo, pero echaba de menos pensar que merecía que hablaran con él. Incluso que lo tocaran.
Ryan tomó una decisión: buscaría barberías en su barrio. Puede que consiguiera cita para el día siguiente. Estaba seguro de que tenía que ver con que Fabian lo hubiera analizado tan de cerca la noche anterior, pero de repente le dio tanta vergüenza su aspecto que necesitaba hacer algo de inmediato.
Cuando se puso el abrigo, sacó el móvil del bolsillo. Lo había tenido apagado todo el día, porque no quería hablar con nadie, y tampoco quería sentirse tentado de escribir a Fabian. Pero ahora quería buscar barberías por internet. Sin embargo, al encenderlo vio el aviso de un mensaje. De Fabian.
Fabian: Hola.
—Hola, Pricey. —Wyatt se acomodó en el asiento de al lado—. ¿Qué vas a hacer el jueves?
—¿Jugar al hockey?
—Ya lo sé… Me refiero a antes.
—Ah. —Ryan volvió a mirar el móvil. «Hola»—. Aún no lo sé.
—Ven al centro cívico conmigo. Vamos a jugar al hockey sobre patines. Serán un par de horas por la tarde, tipo, después del colegio. Acabaremos mucho antes de tener que salir a la pista de hielo.
Ryan oyó a Colleen gritándole por dentro: «¡Di que sí!». Se imaginó la sonrisa de aprobación de su psicóloga.
—Claro. Vamos.
—¡Genial! Te recogeré alrededor de la una. Esos críos te van a encantar.
En realidad, a Ryan le encantaban las criaturas. No tenía muy claro por qué iban a querer unos niños pasar un rato con él, pero, desde luego, estaba dispuesto a ayudar a una buena causa de la forma que fuera.
Wyatt le dio un golpecito amistoso en el brazo y se fue. Ryan volvió a concentrarse en el móvil. Se fijó en que Fabian le había mandado el mensaje hacía horas. Ay, dios, seguro que pensaba que Ryan lo estaba evitando.
Por fin, respondió:
Ryan: Hola.
Esperó un minuto. Al ver que no había respuesta, Ryan volvió al plan original de buscar barbería en el Village. Si iba a pasar la tarde con unos chavales, lo mínimo que podía hacer era no dar tanto miedo.
Hablar con Vanessa y escribir el mensaje a Ryan había servido para despejarle la mente a Fabian lo suficiente para lograr dedicarse a la música el resto del día y hasta bien entrada la tarde.
Le daba rabia que sus amigos lo acusaran de entrar en modo ermitaño cuando a veces se ponía a trabajar en sus canciones, pero era cierto que a menudo perdía la noción del tiempo cuando se concentraba en eso.
Esta vez, al salir por fin de aquel estado, notó que el estómago le rugía de hambre. Cogió el móvil y se sorprendió al ver que eran las nueve de la noche.
Ryan no le había contestado.
Cocinó unos tortellini con salsa marinera de bote para cenar. No paraba de mirar el móvil, esperando una respuesta. Nada.
Ya pasada la medianoche, cuando Fabian se metió en la cama con intención de mirar un rato Instagram, vio la respuesta de Ryan.
Ryan: Hola.
La había mandado más de una hora antes. Ups.
Fabian: ¡Hola!
Vale, no estaba avanzando en la trama que digamos, pero quería entrar en contacto de verdad. Por fin lo consiguió al cabo de un momento, cuando Ryan escribió:
Ryan: Lo siento. He tenido el móvil apagado todo el día. Y luego partido por la noche.
Partido. Claro. Eso era algo que Fabian podría haber buscado.
Fabian: ¿Habéis ganado?
Ryan: No.
Fabian: Otra vez será…
Ryan: Sí.
Fabian esperó a que salieran los tres puntitos, pero parecía que Ryan había terminado de hablar. Así pues, Fabian escribió:
Fabian: No paro de pensar en anoche.
Se estremeció. ¿Había sido demasiado sincero?
Pero Ryan contestó:
Ryan: Yo tampoco.
Fabian sonrió.
Fabian: ¿Por qué no quedamos un día de estos? Mañana trabajo.
Ryan: Yo tengo partido pasado mañana. Y bastante lío los dos días.
Fabian: Y la fiesta es el viernes, ¿verdad?
Ryan: Sí. ¿La tuya también?
En realidad, Fabian no confiaba en que Ryan saliera a bailar con sus colegas el viernes por la noche, pero saber que definitivamente no iba a ir fue como una bofetada. Le encantaría ver cómo era Ryan cuando se soltaba un poco.
Fabian: Sí. ¿Y el sábado?
Ryan: Vale.
Fabian: Pero TARDE. Tendré resaca.
Ryan: Jaja. OK.
Fabian: ¿Has marcado algún gol esta noche?
Ryan: No. Eso solo pasa si tú ves el partido.
Añadió el emoticono de la cara que guiña un ojo, cosa que a Fabian le pareció tiernísima. Le encantaba Ryan cuando se ponía coqueto y quería ver mucho más esa faceta.
Fabian: Lo dices porque quieres que empiece a ver el hockey. No va a funcionar.
Ryan: Ya lo sé.
Fabian: Buenas noches, Ryan Price.
Ryan: Buenas noches.