El precio a pagar (Game Changers 3) Capítulo 12 #3
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Capítulo 12 #3

—Los hombres guapos, con confianza. Los hombres que contradicen todo lo que nos enseñaron a creer sobre la masculinidad en los vestuarios deportivos.

Los hombres que no temen ser ellos mismos.

—Tragó saliva y lamentó no ser capaz de callarse—.

Los hombres que no tienen miedo de apartarse del trabajo de sus sueños si les hace infelices.

Al parecer, esa era la invitación que Fabian necesitaba.

Se inclinó hacia delante y rozó los labios de Ryan con la boca, un beso dulce y sutil al que Ryan no pudo responder porque estaba demasiado aturdido.

Por lo menos, durante el primer segundo, luego sí besó también a Fabian.

Tenía los labios suaves y preciosos, y Ryan se permitió saborearlos un momento antes de obligarse a parar.

Cuando se apartó, siguió con los ojos cerrados y dijo:

—No, por favor.

—¿No quieres?

La voz de Fabian rebosaba escepticismo.

—Sí quiero. Ya sabes… que sí. Pero no es lo que tú quieres. Créeme.

Abrió los ojos y vio la expresión enfadada de Fabian.

—Si no quisiera hacerlo, no lo haría.

Ryan negó con la cabeza.

—No me…

—Salvo que el resto de la frase sea «interesas nada», no quiero oírla. Quiero besarte, Ryan Price. Quería besarte entonces y quiero besarte ahora. ¿Puedo?

Ryan se quedó boquiabierto.

—¿Querías besarme entonces? Tipo ¿cuando éramos adolescentes?

—Parece que te sorprenda.

—Sí, me sorprende.

Fabian se dejó caer de espaldas sobre los cojines y se tapó los ojos con un brazo.

—Ryan, estaba pilladísimo de ti, ¿vale? Prefiero no ahondar mucho en eso porque me da vergüenza, pero sí. A los diecisiete, ya quería besar tu adorable boca. Si hubiera pensado que había alguna posibilidad de que te gustaran los tíos, lo habría hecho.

Ryan se sentó erguido.

—¡¿Qué?!

—No pensaba que fueras gay, Ryan. Por supuesto que no.

—Yo también te habría besado.

—Bueno, sí. Ahora me doy cuenta.

—Deseaba besarte. ¿Te acuerdas de…?

Fabian levantó el brazo lo suficiente para mirar de reojo por debajo.

—El ferry. Sí. He revivido ese momento unas cuantas veces durante estos años. Entonces, ocurrió de verdad, ¿sí?

Ryan asintió.

—Ocurrió de verdad.

Fabian volvió a taparse los ojos.

—Maldita sea. Habría sido un primer beso de puta madre.

A Ryan le entraron ganas de meterse en el lago Ontario. Podría haberlo besado… Habría sido la primera vez que Ryan besaba a un chico. En lugar de eso, se había besado con un tío que había conocido por internet cuando su equipo júnior había viajado a Victoriaville la temporada siguiente.

—Bueno, no sirve de nada llorar por eso ahora —dijo Fabian. Rodó para salir de la cama, se puso de pie y agarró la botella de vino—. Pero sigo sin entender por qué no podemos compensar el tiempo perdido ahora mismo.

Echó más vino en la copa de Ryan, aunque este apenas había bebido, y se la pasó. Ryan dio un buen sorbo.

—Puede que no se note —dijo Ryan después de tragar—, pero soy un puto desastre.

Fabian puso los ojos en blanco.

—Joder, ¿y quién no?

Ryan negó con la cabeza. Se debatía entre soltarle a Fabian toda la retahíla de fallos que tenía o cerrar el pico y besarlo como si no hubiera un mañana.

O largarse. Que era justo lo que iba a hacer. Pero ya.

Se levantó y dejó la copa en el escritorio.

—Voy a ir tirando.

—Aún llueve.

¿Fabian estaba haciendo pucheros?

—Soy impermeable.

Fabian entró en su espacio personal y lo acorraló contra el escritorio.

—No lo entiendo.

Ryan cerró los ojos, porque no podía decir lo que necesitaba decir si todos sus sentidos estaban dominados por Fabian.

—No te conviene estar conmigo. Te agradezco que…

—Para. No estoy contigo por puta pena, Ryan. Te deseo. ¿Se te ha olvidado ya la parte en la que te he dicho que tengo ganas de besarte desde los diecisiete?

—Eso eran las hormonas juveniles. No es… No puedo. No puedo hacerte esto. Lo siento.

No podía. Si seguía avanzando con Fabian, nunca se lo perdonaría.

Y, lo que era peor, Ryan nunca se recuperaría.

Le emocionaba ser amigo de Fabian, pero estaba dispuesto a dejarlo pasar a cambio de no correr el riesgo de destrozarlo.

Deseaba demasiado a Fabian para limitarse a ser un rollo esporádico.

Bueno, en realidad nunca le atraía demasiado el sexo esporádico, pero desde luego no iba a tener un rollo de una noche con Fabian Salah.

Ryan sabía que había un montón de gente que estaría encantada de tontear con un amigo atractivo mientras esperaba a que pasara una tormenta, pero él no era de esas personas.

Follar con Fabian —incluso volver a besarse— significaría demasiado para Ryan.

Mucho más de lo que significaría para Fabian.

—¿Me das mi abrigo?

—Por supuesto —respondió Fabian. Sonaba irritado y confundido. Se apartó de Ryan y cogió el abrigo de la percha que había junto a la puerta. Se lo tiró—. Toma.

—Lo siento —repitió Ryan.

No sabía qué más decir.

Fabian levantó una mano.

—Ya lo pillo. Me siento imbécil, pero lo pillo.

—No eres…

Ay, no, ¿Fabian tenía lágrimas en los ojos?

—Adiós, Ryan.

A Ryan le entraron ganas de abrazarlo fuerte. Quería besarle el pelo y decirle que le encantaría poder hacer esas cosas como una persona normal. Quería contárselo todo con pelos y señales y abrazarlo hasta que dejase de llover.

Toda esa velada no debería haber sucedido. Lo más considerado que podía hacer era marcharse.

Así que se fue.