El precio a pagar (Game Changers 3) Capítulo 10 #2
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Capítulo 10 #2

—¡Joder, mira esto, Pricey! —Wyatt tenía en la mano un cómic que parecía cogido al azar de una caja alargada repleta de libros de ese tipo.

Al ver que Ryan no respondía con el nivel de exaltación que obviamente Wyatt pensaba que requería semejante tesoro, le explicó—: Llevo años buscándolo.

Es el único cómic de Batman de Norm Breyfogle que no tengo.

—Ah, qué guay.

Wyatt dio un beso al envoltorio de plástico del cómic.

—¡Me encanta Columbus!

Ryan se rio y siguió a Wyatt hasta otra caja de cómics.

En realidad, habían pasado una tarde muy entretenida.

Wyatt había encontrado una cervecería muy chula en la que también podían comer y, después del almuerzo (y de un par de cervezas), se habían ido a dar una vuelta por el centro de Columbus, que resultó estar bastante bien.

Luego Wyatt lo había llevado a esa tienda de cómics, cosa que Ryan sospechaba que tenía pensado hacer desde el principio.

La tarde le había servido para distraerse.

Si Wyatt no le hubiera propuesto quedar, probablemente Ryan se habría pasado el día metido en la habitación, soñando despierto con Fabian.

Necesitaba parar de desear cosas imposibles relacionadas con Fabian, como besar su sexy boca.

Estaba seguro de que Fabian no quería besarlo ahora, igual que tampoco habría querido cuando eran adolescentes.

Seguro que tenía novio. O una fila de hombres guapos que querían liarse con él. O, aún más probable, las dos cosas.

Y Ryan seguía siendo un jugador de hockey imbécil. Seguía siendo un gigante, más raro que un perro verde y demasiado aburrido para el listo, fantástico y carismático Fabian.

—Te has enterado de lo de la fiesta, ¿verdad? —le preguntó Wyatt mientras analizaba otro cómic protegido por una funda.

—¿Qué fiesta?

—La del cumpleaños de Kent.

Uf.

—Ah. Creo que oí a un par de tíos hablando de eso. ¿Vas a ir?

—Claro. Fiesta del equipo. Por supuesto que iré. ¿Tú no?

Estuvo a punto de decir que no, pero recordó la advertencia del entrenador, quien quería que Ryan formara parte del equipo tanto fuera como dentro de la pista de hielo.

—¿Cuándo es?

—El viernes que viene en casa de Kent. Mejor dicho, en la mansión de Kent.

El viernes siguiente. ¿Por qué tenía la sensación de que era un día importante?

Ryan le dio vueltas al tema mientras Wyatt continuaba examinando las estanterías de coloridos libros que ocupaban una pared de la tienda de cómics.

Ryan sacó de la estantería un libro con el lomo de un rosa brillante y lo ojeó.

La historia parecía muy rara y confusa, llena de personajes alienígenas de aspecto peculiar y de cabezas flotantes que gritaban cosas al espacio exterior. Lo devolvió a su sitio.

—A lo mejor hay algún tío mono para ti en la fiesta —dijo Wyatt con una sonrisa. Ryan puso los ojos en blanco—. ¿Qué? Nunca se sabe…

—No voy a conocer a nadie interesante en la puta fiesta de cumpleaños de Dallas Kent.

«Fiesta de cumpleaños». Claro. El viernes siguiente era cuando Fabian y sus amigos iban a ir a la discoteca esa a celebrar el cumpleaños de Tarek. Mierda. A ver, era poco probable que Ryan se hubiera sumado a la celebración. Pero sin duda sonaba más atractiva que una fiesta del puto Dallas Kent.

—Tienes que leer esto —dijo Wyatt. Le pasó a Ryan un libro gordo en el que ponía Daredevil —. Es sobre un pringao que sacrifica su cuerpo por las noches para salvar a otras personas. Te gustaría.

Ryan intentó poner una mirada amenazadora.

—No soy un pringao —mintió.

—¿Sabes qué? Ahora que lo pienso, la mayor parte de los cómics de superhéroes van de pringaos que se sacrifican.

—¿Estás diciendo que soy un superhéroe?

—Sin duda. —Wyatt cogió otro libro de la estantería y lo añadió a la pequeña pila que había formado en el suelo—. Por cierto, ¿has vuelto a pensar en lo de ir al centro cívico conmigo?

Ryan no había pensado ni un segundo sobre el tema.

—¿Aún quieres que vaya?

—Por supuesto. Ya te dije que les encantarás a esos críos. Te aviso la próxima vez que vaya, ¿vale?

—Claro. Supongo… Si de verdad crees que les apetecerá que vaya.

—Hazme caso, será genial. Y te encantarán.

Wyatt recogió la pila de libros del suelo y se la entregó a Ryan con una sonrisa divertida.

Ryan puso los ojos en blanco y aceptó el pesado montón de cómics.

—¿Cómo vas a meter todo esto en la maleta?

—Fácil. Tiraré algo de ropa a la basura.

Ryan resopló y negó con la cabeza. Llevó los libros al mostrador para que Wyatt pudiera pagarlos.

—Bueno —dijo Wyatt al cabo de unos minutos, una vez fuera de la tienda—. Podríamos volver al hotel y ya. O… podríamos ir a ver ¡el mazo más grande del mundo!

—¿Qué?

Wyatt consultó el móvil.

—Está junto al edificio del Tribunal Supremo. —Frunció el ceño—. Vaya. Ahora es el segundo mazo más grande del mundo. Acaban de fabricar uno más grande en Illinois.

—Menuda decepción.

—Pues sí. A la mierda. No pienso cargar con todos estos cómics por Columbus solo para contemplar el segundo mazo más grande del mundo. O es el más grande o nada. Volvamos al hotel.

Parecía que al final a Ryan le quedaría tiempo para soñar despierto con que besaba a Fabian.