El precio a pagar (Game Changers 3) Capítulo 5 #2
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Capítulo 5 #2

Era lo más bonito que Ryan había oído jamás, tan evocador que le hizo sentir un cosquilleo que le recorrió la espalda hasta llegar al abdomen.

La voz de Fabian era suave y aguda, pero también clara y segura.

Quizá fuera pop, pero esa música era tan compleja que Ryan no estaba seguro de si encajaba solo en una categoría.

No conseguía seguir del todo la historia de la canción, pero sin duda sentía cada palabra.

Contuvo la respiración, sin querer emitir ni el menor sonido que pudiera hacer sombra al perfecto regalo que Fabian estaba ofreciendo al público.

Ryan no podía creer que aquello estuviera sucediendo de verdad ante sus ojos y que hubiera gente en el mundo que no estuviera allí presenciando lo que sin duda era el logro más impresionante de la humanidad.

La canción terminó, el público estalló en vítores y Ryan, boquiabierto, casi se olvidó de aplaudir. Y entonces se dio cuenta de que esa había sido solo la primera canción.

—Gracias —dijo Fabian bajito, como si no acabara de hacer algo completamente increíble—. La siguiente canción es nueva. Todavía no tiene nombre, pero quería tocarla hoy, si os parece bien.

Se oyeron algunos aplausos dispersos y gritos de admiración.

Mientras se dirigía al club, Ryan había pensado en quedarse solo para escuchar una o dos canciones, pero ahora ya no pensaba irse bajo ningún concepto.

Se quedó allí de pie, casi sin moverse, todo el tiempo que Fabian tardó en terminar su actuación.

¿Treinta? ¿Cuarenta minutos? Ryan no tenía ni idea de cuánto tiempo había pasado porque estaba hipnotizado.

Cuando terminó la última canción, Fabian hizo una especie de media reverencia y lanzó besos al público.

El espectáculo había terminado y Ryan debería irse, pero ahora tenía muchas ganas de hablar con Fabian.

Solo para decirle lo mucho que había disfrutado del espectáculo.

Fabian saltó del escenario y Ryan lo perdió de vista por un momento.

Pensó en ir a por una cerveza, o quizá en buscar una mesa donde sentarse ahora que parte del público empezaba a marcharse.

En lugar de eso, se recostó contra la pared y se quedó mirando el suelo durante unos minutos, solo para evitar pasarse el rato buscando entre el público a Fabian de forma compulsiva.

Pasaron unos veinte minutos hasta que Ryan localizó a Fabian de pie, solo, junto a una mesa vacía, bebiendo de una botella de agua. Ryan decidió que era su oportunidad y avanzó hacia él. Se pasó rápido la mano por la barba, esperando tener buen aspecto.

Se quedó clavado en el sitio al ver a un hombre abrazar a Fabian.

Fabian le sonrió con efusividad y le dio un beso rápido en la boca.

El hombre era fornido, con la piel ligeramente más oscura que la de Fabian, y llevaba un atuendo elegante que completaba con unas gafas de montura oscura.

Era mono. Y, cómo no, Fabian tenía un novio adorable.

La mano del hombre se mantuvo en el brazo de Fabian mientras hablaban. «Posesivo», pensó Ryan. No lo culpaba. Pero sí lo odiaba un poco.

Dios. ¿Qué cojones le daba derecho a pensar mal del novio de Fabian?

Ryan no conocía al tipo. Ryan no conocía a Fabian.

Ryan tenía que irse de ese pub. No pintaba nada ahí.

Por eso nunca salía a ningún sitio. Y por eso se sentía tan puto solo, joder.

Estaba a punto de darse la vuelta cuando, de golpe, Fabian lo miró fijamente a los ojos.

«Mierda».

Fabian sonrió y le dio un suave golpecito en el brazo al otro tipo antes de dirigirse hacia Ryan.

—Pensé que podías ser tú —dijo Fabian.

Seguía sonriendo, con una amplia y encantada sonrisa que dejaba entrever sus dientes. Ryan se dio cuenta de que tenía la boca medio abierta, como un pez muerto.

—Hey. Yo, es que, pues…, como mencionaste que ibas a tocar aquí. Esta noche. Cuando hablamos la semana pasada. Pues, esto…

Fabian se acercó.

—Lo recuerdo. La verdad es que no esperaba que vinieras.

—Lo siento. Quizá no debería haber…

—¡No! No, me alegro de que estés aquí. Es… muy bonito. La verdad.

—Ah.

—Quizá debería haber sido más claro con respecto al código de vestimenta.

La mirada de Fabian recorrió el traje gris claro de Ryan y sus labios se curvaron hasta dibujar una sonrisa burlona.

—He venido directamente del estadio. No he tenido tiempo de cambiarme. Sé que estoy haciendo el ridículo.

—Qué va.

Durante unos segundos permanecieron en silencio, y Ryan sentía ganas tanto de salir corriendo como de alargar la mano y rozar con los dedos la preciosa cara de Fabian.

Al estar tan cerca, ahora Ryan podía ver con claridad el arte de su maquillaje: los párpados de Fabian estaban pintados con capas difuminadas de negro y plata, y en su cara había unos polvos iridiscentes y brillantes que resaltaban sus marcados pómulos.

—¿Te ha gustado el espectáculo? —preguntó Fabian.

«Joder, Ryan. ¿Cómo eres tan maleducado?».

—Hostia puta. Claro, ha sido increíble. Eres… muy bueno.

Fabian apretó los labios y luego dijo:

—Gracias.

Ryan quería decir algo más, pero no encontraba las palabras adecuadas para describir lo fantástica que había sido la música de Fabian. Así que, en lugar de eso, dijo:

—Bueno, debería dejarte volver con…

—Ven a sentarte con nosotros —dijo Fabian—. Así conoces a mis amigos. Tengo vales para consumiciones. ¿Qué te traigo?

—Ay. No tienes que…

—Venga, va. Así puedes decirme alguna cosa más sobre lo bien que lo he hecho.

Ryan se rio al oír eso.

—Vale.

Fabian lo llevó de vuelta junto al tipo al que había estado abrazando, besando y tocando hacía unos minutos.

—Este es mi amigo Tarek. Vive con mis otros amigos, Vanessa, que está aquí… rondando por algún sitio…, y Marcus, que no está aquí porque esta noche trabaja.

«Amigo».

—Encantado de conocerte, Tarek. —Ryan le tendió la mano—. Soy Ryan.

La cara de Tarek sin duda dejaba claro que no tenía ni idea de quién era Ryan, pero no de forma grosera.

—Ryan —repitió mientras le estrechaba la mano.

—Ryan vivía con mi familia —explicó Fabian—. Cuando los dos teníamos diecisiete.

—¡Anda! —La cara de Tarek mostró que empezaba a entenderlo—. ¡Eres jugador de hockey!

—Sí.

Ryan jugueteó con el botón de la chaqueta de su traje y se arrepintió, por enésima vez, de no haber tenido tiempo de poder cambiarse.

—¿Sigues jugando? —le preguntó Tarek con educación.

Ryan no era lo que se conocía exactamente como famoso, pero era poco habitual para él hablar con alguien que no supiera quién era. Poco habitual, y en cierto modo agradable, conocer a gente que no tuviera expectativas sobre él.

—Juego con los Guardians. Al menos por ahora. Me traspasan bastante.

«Dios. Cállate, Ryan».

—Debe de ser duro —dijo Tarek, y sonaba comprensivo de verdad—. De niño me mudé muchas veces. Es una mierda.

Ryan asintió.

—Pues sí.

Intentó pensar con desespero en algo que preguntarle a Tarek, pero se libró cuando una mujer se abalanzó sobre Fabian con el tipo de abrazo que normalmente se daba solo en un gol de victoria.

—¡Fabian! ¡Ha sido la puta hostia!

Ryan no pudo ver la reacción de Fabian, porque su cara estaba tapada por la voluminosa melena rubia y rizada de la chica. Ella volvió la cabeza para mirar directamente a Ryan, sin soltar a Fabian.

—¿No os ha parecido increíble?

—Sí —respondió Ryan—. Una pasada.

Ella soltó a Fabian y se volvió por completo para mirar a Ryan.

—¿Tú quién eres?

La pregunta fue tan directa que le arrancó una risa.

—Eh, Ryan. Solo soy… Fuimos, eeeh…

—¡Hola, Ryan! ¿Eres fan de Fabian?

—Pues eeeh…

Fabian acudió en su ayuda.

—Por cierto, esta es Vanessa. Es un poco… intensa.

—Tiene toda la razón —asintió ella—. Me gusta tu traje.

—Oh. Gracias.

—¿Qué te traigo, Ryan? —preguntó Fabian inclinando la cabeza hacia la barra.

—No hace falta…

—¿Una cerveza? Apuesto por una cerveza.

Ryan supo que Fabian estaba de broma al ver que estaba haciéndole una mueca con los labios. Ryan respondió del mismo modo.

—No deberías dar cosas por supuesto sobre la gente.

Vanessa le dio un puñetazo en el brazo a Fabian.

—Exacto. Debería saberlo mejor que nadie. Ryan, resulta que sé que la camarera de esta noche prepara unos martinis lemon drop increíbles. Dame los vales para las consumiciones, Fabe. Quédate y hazle compañía a tu amigo.

Fabian se quedó mirando la cara de Vanessa, que seguro que le decía cosas que Ryan no podía entender, y le entregó una tira de vales.

—Yo quiero uno de esos martinis.

Vanessa señaló a Tarek y luego a Ryan.

—¿Martini? ¿Martini?

—Obvio —dijo Tarek.

—Pues la verdad es que con una cerveza estoy bien —dijo Ryan con timidez.

—¡Ja! —exclamó Vanessa encantada—. Pues cerveza. Tarek, acompáñame.

—Qué sutil —murmuró Tarek mientras se daba la vuelta para seguirla.

Fabian observó a sus ridículos amigos abrirse paso entre la multitud hacia la barra antes de volver a centrar su atención en Ryan.

—Puede que tarden un rato —dijo—. Vanessa se ha fijado en la camarera.

Ryan llevaba el pelo recogido con un pequeño moño esa noche, lo que no hacía más que acentuar el volumen de su barba.

—No sé cómo escribes canciones así. O cómo tocas en el escenario delante de la gente.

—¿Pues tú no juegas al hockey delante de, digamos, un millón de personas todo el rato?

—No es lo mismo.

—¿Ah, no? —Fabian no entendía de verdad por qué no era lo mismo.

Ryan negó con la cabeza.

—Puedo jugar al hockey delante de un público, pero nunca podría, por ejemplo, cantar el himno nacional, ¿me explico?

Fabian intentó imaginárselo y sonrió para sus adentros.

—Eso es porque eres bueno en el hockey. Yo soy bueno en esto. —Señaló hacia el escenario—. Y mi público no suele abuchearme cuando cometo un error. He oído que los fans de los deportes son menos indulgentes.

A Ryan se le curvaron un poco los labios al oír eso.

—Desde luego, pueden llegar a ser muy duros. Y no estoy tan seguro de ser bueno en el hockey.

Vale. Bueno, eso era una gilipollez.