Capítulo 3 #2
—Bien —respondió Ryan, tenso. «No hay nada de lo que preocuparse cuando estás a cuarenta mil pies de altura».
Wyatt negó con la cabeza.
—No me puedo creer que te sometas a esto. ¿Siempre es así de malo?
«A veces es peor».
—Sí. Siempre.
—¿Y no hay alguna pastilla o algo que puedas tomar?
—Ya tomo algo. Más o menos. —A Ryan no le apetecía entrar en detalles sobre sus ansiolíticos o cosas de terapia. No tenía sentido poner nervioso al único miembro del equipo que parecía disfrutar hablando con él. Decidió cambiar de tema—. ¿Qué estás leyendo?
Wyatt sacó su colorido libro del asiento.
—Es una recopilación de los cómics de Mr. Milagro , de Jack Kirby. Era una serie que surgió de sus cómics de El Cuarto Mundo para DC. Son una pasada.
Ryan jamás había oído hablar de Jack Kirby, de Mr. Milagro ni de El Cuarto Mundo , así que se limitó a asentir.
—Si alguna vez quieres que te preste algún cómic, dímelo. Llegados a este punto, mi colección es una auténtica locura. Básicamente, el sótano ahora mismo es mi salón de cómics. Deberías venir a verlo algún día.
—Claro, sí. Estaría bien.
Lo más probable era que eso jamás acabara ocurriendo, pero Ryan no dijo nada.
—¿Te has mudado ya a tu nueva casa?
—Sí. Todavía tengo que comprar muebles para la mayoría de las habitaciones, pero ya me he instalado.
—Genial. Es un apartamento, ¿verdad? ¿En el centro?
—Sip.
Ryan sabía que podría haber llevado más allá el hilo de la conversación, pero no quería decirle a Wyatt dónde estaba el edificio.
No es que vivir en un rascacielos en el corazón del Gay Village de Toronto significara necesariamente nada, puesto que era un barrio del centro con propiedades caras donde vivía mucha gente diferente, pero Ryan sabía con certeza que ninguno de sus compañeros de equipo vivía allí, así que su ubicación podría suscitar preguntas.
Y a Ryan no le gustaba responder preguntas.
El avión dio una sacudida y él se agarró a los reposabrazos. «Normal. Eso es normal. Como un bache en la carretera. Como las olas bajo el barco de tu tío. Estás a salvo».
Intentó imaginarse durante un rato que estaba en un barco en lugar de en un avión.
Había crecido entre barcos en Ross Harbour, Nueva Escocia.
El padre y los hermanos de su madre eran todos pescadores de langosta y casi todo el mundo en el pueblo tenía algún tipo de barco.
A Ryan le reconfortaban los barcos, aunque por estadística seguro que eran más peligrosos que los aviones.
Pensar en barcos hizo que a Ryan le viniera a la mente uno de sus recuerdos favoritos: una fría noche de abril, de pie tan cerca de Fabian que sus brazos se rozaban mientras ambos se apoyaban en la barandilla del ferry de Halifax a Dartmouth y veían pasar ante ellos un gigantesco buque portacontenedores.
Su enorme casco había ocultado las luces de la ciudad al otro lado del puerto y Ryan había dicho algo vergonzoso sobre sentirse pequeño.
Fabian le había respondido algo, pero Ryan solo recordaba la forma en que le había sonreído.
Esa sonrisa.
Había sido tan tierna y tímida… Ryan no sabía, ni lo sabría jamás, si se había imaginado la invitación en la mirada de Fabian. Si realmente se habían acercado el uno al otro. Si Fabian había inclinado un poco la cabeza y entreabierto los labios…
Cuando Ryan abrió los ojos, vio que Kent y Barrett se reían mientras lo miraban. Se dieron la vuelta en cuanto cruzó la mirada con ellos, porque los dos eran unos putos cobardes.
Ryan sacó el libro del bolsillo del asiento, decidido a ignorar a sus compañeros idiotas y a dejar de soñar despierto con Fabian.
Y con el maquillaje de Fabian.
Ryan no estaba en absoluto preparado para ver a Fabian con los ojos pintados así: sombra verde jade y delineado de gato que hacían que los ojos marrones oscuros y las largas pestañas que habían encantado a Ryan cuando era adolescente resultaran aún más llamativos.
Era una imagen que no iba a olvidar en mucho tiempo.
Dios, qué bien se veía…
No era mucho más alto de lo que había sido de adolescente, pero su mandíbula era ahora más marcada y su pecho y hombros, más anchos.
Seguía siendo muy delgado, pero tenía el cuerpo de un hombre.
Cuando Fabian cruzó los brazos sobre el pecho, Ryan pudo distinguir el ligero bulto de sus músculos delgados.
«Nop. Deja de pensar en Fabian».
Fabian, el primer chico al que casi había besado.
El primer chico al que había querido besar desesperadamente.
Fabian había mencionado un concierto que iba a dar. ¿En un sitio que se llamaba Lighthouse? Ryan estaba bastante seguro de que había dicho que sería el sábado siguiente. Ryan tenía un partido en Toronto esa noche, pero quizá acabara pronto y pudiera ir al concierto de Fabian.
Pero Ryan no podía ir a eso, ¿verdad? Tipo, Fabian no lo había invitado y eso. Sería raro que Ryan se presentara sin más. ¿Qué le iba a decir? «Hola, soy yo. El chico con el que lo más seguro es que solo estuvieras siendo educado en la tienda la otra noche. Ahora te acoso».
Nop. Ni de broma.
Pero sí que dijo que era una gala benéfica. Quizá Ryan debería ir. Como buen ciudadano solidario. Eso no sería raro. ¿No?
Dios mío. Ryan se estaba volviendo loco. Y eso, desde luego, era algo que no se podía permitir. Otra vez.