Capítulo 9
Las LUNA y la chica rescatada se precipitaron al vacío
Caían por un tubo de espejo, viendo su reflejo desplomarse con ellas una y otra vez.
Lena distinguió los pisos, uno tras otro, mientras caía. ¿Por cuál estarían ya? ¿Cuántos les faltarían para estrellarse contra el suelo?
Ni siquiera había sentido miedo.
Quizá porque… ¿no estaban cayendo… muy muy despacio?
No es fácil girarse en el aire, pero torciendo el cuello logró ver a Naia con el pelo flotando a su alrededor, los dientes apretados y las manos tensas, manteniendo bajo ellas un remolino, que impedía que cayeran a plomo.
—¡Cuidado con el aterrizaje! —las avisó su amiga.
—¡Déjamelo a mí! —Uma pidió el relevo. Al fondo del patio había un pequeño estanque con una fuente y, a un gesto suyo, el agua se elevó y las recogió para depositarlas con cuidado en el suelo. Aunque nadie podía verlas con aquellas paredes de espejo, las LUNA recuperaron su forma, por si acaso.
—¡Chicas! ¡Qué pasada! —exclamó Assia saltando encima de Naia y Uma—. ¡Vuestros poderes están superfuertes!
—Es el anillo —respondió Naia mirándose la mano. Una amplia sonrisa se le extendió en la cara.
—Pero Celia dijo que hasta que no los tuviéramos todas, no se activarían —señaló Lena.
—Pues creo que Naia tiene razón —respondió Uma—. Yo también me siento capaz de hacer cosas que antes no podría haber hecho.
Ante esta respuesta, Lena guardó silencio.
¿Quién era ella para decir lo contrario?
No había podido recuperar la joya que le correspondía.
Ni siquiera había peleado con decisión, como Assia.
Su amiga la habría recuperado si Mercurio no se hubiera deshecho de ellas con tanta facilidad.
Ella, sin embargo…, se había dejado distraer, había perdido de vista su objetivo…
—¡Por aquí está la salida! —Uma empujó una puerta de emergencia.
—Desconecto la cámara de seguridad y nos largamos lo más rápido posible —asintió Assia.
Lena fue la última en salir. Antes de hacerlo, miró hacia arriba, donde se veía un agujero en el perfecto tubo plateado, el ventanal por el que habían caído.